Fernando Milei, Javier de la Rúa
Ahora el sol se fue al infierno/Y la luna cabalga alta/Déjame despedirme Todo hombre tiene que morir.
Pero está escrito en la luz de las estrellas/Y en cada línea de tu palma/ Somos necios al hacerle la guerra/A nuestros hermanos en armas
1. La endogamia como política de Estado. La endogamia como moral de Estado. La enunciación de Javier Milei, “Santiago Caputo es como mi hermano”, describe a La Libertad Avanza. El partido de Giorgia Meloni se llama Fratelli de Italia, también es una declaración de principios: patria, matria, fratria, como antecedentes de un gobierno neoautoritario. Aquí, la “hermandad del triángulo de hierro” describe una manera fallida de ejercer el poder. La familiaridad de los Milei, sus lealtades, su manera de ejercer el mando, los secretos que salen a la luz pública revelan también una estructura. Una estructura que es más fuerte que ellos. Así, lo que participa de la intimidad –por ejemplo, afirmar que a tal persona “le mienten”– se transforma en política: la hermandad en el poder actúa como tal. Son hermanos sin padre. Y cuando se diluye la ley, no hay anarquía: predomina el caos.
2. En estos días y más aún después de conocidos los audios de las supuestas conversaciones de Javier Milei con Rosemary Maturana, mucho se habló de la “albertización” del Presidente. Sin embargo, en un contexto de relativas buenas noticias en lo económico y de éxitos en la gestión parlamentaria, el recuerdo que sobreviene es el de Fernando de la Rúa: un presidente atrapado en una lógica propia. Más que la soledad del poder, estamos frente a un solipsismo del poder. Y el efecto, a diferencia de lo que pasó con Alberto Fernández y su gestión, podría producir risa, de no tratarse de la vida de 45 millones de personas. La intimidad presidencial como un insumo del espectáculo: su debilidad como sistema.
3. El recuerdo de la presencia de De la Rúa en VideoMatch, el programa de Marcelo Tinelli, tuvo un efecto similar al de la foto de la cena de Olivos, el día del cumpleaños de Fabiola Yáñez, la expareja del entonces primer mandatario. Si bien el episodio quedó en la memoria colectiva, cabe recordar que el presidente fue increpado por un militante de H.I.J.O.S al llegar al estudio. De ahí en más, la secuencia siguió con un saludo a Laura (como la entonces pareja del presentador, que se llama Paula Robles) y un elogio a Telenoche, en vez de VideoMatch, que terminó con una salida del estudio también rarísima, equivocándose y apareciendo perdido en cámara. El “a Javier le mienten” de nuevo, ordenando la agenda.
4. Karina, Javier y Santiago: los “hermanos desunidos”: la interna que responde al caos. Es curioso que la revelación de los secretos del vínculo, de los vínculos –de Milei, de los primos Menem, del gabinete– sea definida por algo que se llama “inteligencia”. Quizás la palabra más precisa para definir el vaivén sea “contrainteligencia”.
5. Rómulo y Remo. Caín y Abel. Hay una historia mítica que explica lo conflictivo de los pactos de hermanos que se destruyen y fundan una cultura. Uno de los pensadores que funcionan como insumo habitual de los neoautoritarismos es el antropólogo René Girard, que trabajó intensamente el tema.
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6. En La violencia y lo sagrado, Girard argumenta que la violencia surge no entre diferentes sino entre semejantes. El hermano es el caso paradigmático: cuanto más iguales son dos seres, más intensa es la rivalidad, porque desean los mismos objetos y ocupan el mismo lugar. Caín y Abel, Rómulo y Remo son para él estructuras, no anécdotas. Dice Girard: “En el Antiguo Testamento y en los mitos griegos, los hermanos son casi siempre unos hermanos enemigos. La violencia que parecen fatalmente llamados a ejercer el uno contra el otro no tiene otra manera de disiparse que sobre unas víctimas terceras, unas víctimas sacrificiales. Los ‘celos’ que Caín siente respecto a su hermano van acompañados de la privación de solución sacrificial que define al personaje”.
7. Parecería ser que la política argentina –la gestión de gobierno– optó por reemplazar el triángulo edípico por la figura del triángulo de hierro. El Gobierno debe tener mucho cuidado en que su caos no lo termine por convertir en un Triángulo de las Bermudas, aquella mitología de un poder de atracción oscuro e inevitable, que hacía que los barcos naufragaran en el Caribe. Ante el Triángulo de las Bermudas, lo peor que podría hacer un buen capitán era atarse al mástil, pese a todo. Obstinación es una palabra culturalmente asociada a sacrificio.
8. Fraternidad es una palabra desde siempre cercana al poder. Jacques Derrida, en Políticas de la amistad, deconstruye la tradición occidental que piensa la amistad y la fraternidad como base de lo político (desde Aristóteles hasta las revoluciones modernas con su lema liberté, égalité, fraternité), y señala que esa fraternidad es siempre masculina, excluyente, y lleva en su interior la lógica del enemigo.
Hermanos en armas es parte del arsenal populista: pactos de sangre, sellos sagrados. Los argonautas griegos respondían a esa lógica. También los griegos que fueron a Troya, según el mito, eran familia. Lo mismo, sus enemigos. Si se lee con cuidado los discursos de JD Vance, el vicepresidente de los Estados Unidos, hay una apelación a la familiaridad como forma de establecerse. Una versión moderna y tecnológica del “Dios, Patria, Familia”, que utilizara Benito Mussolini y que volvieron a traer a la discusión política precisamente los Fratelli de Italia.
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9. En el trabajo “El parricidio como fundamento de la ley: una lectura de Tótem y tabú desde la perspectiva de León Rozitchner”, Eduardo Assalone se pregunta lo siguiente: “Quizás una de las preguntas fundamentales de la psicología política sea la de por qué obedecemos”. Señala un elemento clave: “La introducción de la exogamia es pensada como medida preventiva frente a la posibilidad de que cada uno de los hermanos, siguiendo el ejemplo del padre, a quien envidiaban, reclamasen la posesión de todas las mujeres para sí, instalando un nuevo estado de rivalidad permanente que amenazara la continuidad del nuevo sistema. Es posible que este convenio morigerase los remordimientos por el parricidio –al fin y al cabo también amaban a su padre– y así se estableciese, al mismo tiempo, una suerte de ‘contrato’ (Vertrag) con el padre, en el cual este último prometía todo cuanto la fantasía infantil tiene derecho a esperar de él: amparo, providencia e indulgencia, a cambio de lo cual uno se obligaba a honrar su vida, esto es, no repetir en él aquella hazaña en virtud de la cual había perecido el padre verdadero”.
10. La pérdida de la autoridad es más que un síntoma: la distancia que va del oso Arturo al periodista Rufus es más corta de lo que parece. Mientras tanto, Manuel Adorni festeja que se hable más de estas cosas que de su declaración jurada.