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clarin.com · hace 19 horas · Clarin.com - Home

La fragmentación del peronismo, la ventaja más peligrosa para Milei

La fragmentación del peronismo, la ventaja más peligrosa para Milei

Con una facilidad que confirma una estrategia bien planificada, el oficialismo consiguió el miércoles tres victorias en la Cámara de Diputados: el bloqueo de la interpelación a Manuel Adorni y la media sanción de la Ley de Hojarasca y del recorte de los subsidios a la energía para calefaccionarse en varias zonas del país.

Ese día se confirmó que, aún cuando el Gobierno está envuelto en una crisis política que no tiene todavía el final a la vista, igual puede contar con el apoyo y la disposición al rescate de legisladores que responden a gobernadores peronistas.

Eso ocurre porque el peronismo, la fuerza de oposición más clara que enfrenta a Javier Milei, no consigue escapar del pantano en que quedó atrapado luego del fracaso del gobierno de Alberto Fernández.

Hoy, a pesar de que -según una encuesta que circuló esta misma semana entre dirigentes del peronismo bonaerense- el 58,1% de los argentinos tiene una mala opinión sobre el Presidente, la pulverización de la oposición le da al Gobierno una tranquilidad providencial.

Ese mismo estudio revela que si los argentinos tuvieran que votar hoy, Milei conseguiría una ventaja frente a Axel Kicillof. El Presidente obtendría 35,7% de los votos y el gobernador bonaerense un 32,1%.

La primera es que en un escenario frente a Milei, Kicillof obtendría algunos votos menos que Cristina Kirchner (33%), que tiene prohibido presentarse a una elección por su condena judicial. La segunda es que el único candidato peronista que recibiría un 37,7% de los votos -suficiente para quedar primero en una primera vuelta frente a Milei- sería “un candidato de unidad de todo el peronismo” y ese postulante no existe.

Esa fragmentación es la que permite que el Gobierno haya conseguido desde el verano una cadena de victorias legislativas, pero a la vez genera una situación que Milei no sabe cómo resolver.

Está claro que un peronismo torpe y debilitado ya no puede ser un demonio todopoderoso al que adjudicarle los problemas y tropezones de un Presidente que ya lleva dos años y medio en la Casa Rosada. En ese caso, la situación se vuelve difícil de explicar y puede confundir a ministros como Luis Caputo, que no logra acertar cuándo conviene excusarse en el riesgo kuka y cuándo descartar ese peligro.

Ese desvanecimiento del contrincante coincide con las dificultades crecientes del Presidente para lidiar con las peleas internas que se multiplicaron en su Gobierno en los últimos meses.

Milei no pudo situarse por encima de la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo y tampoco consiguió resolver la pelea entre su hermana y la senadora Patricia Bullrich ni la que esta semana enfrentó a su asesor preferido con Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados.

Esas enemistades generan una y otra vez situaciones ridículas, como la que atravesó Bullrich el jueves en la Bolsa de Comercio. La senadora se fue del lugar antes de que comenzara a hablar el Presidente aduciendo un problema personal. Con malicia, en la Casa Rosada aseguran que Bullrich salió disparada cuando se dio cuenta de que no había una silla reservada con su nombre en las primeras filas de la platea.

Esa clase de zancadillas protocolares -a esta altura, una característica tan definitoria del folklore libertario como la procacidad y los escándalos en las redes sociales- no alcanzan a esconder los problemas que tiene el Gobierno para que los argentinos noten en sus casas la mejora en la economía que quedó reflejada esta semana en el 5,5% de crecimiento de marzo.

La consultora Equilibra publicó el martes que, aunque hubo períodos en los que los salarios se recuperaron, en lo que va de la gestión Milei, el ingreso disponible de las familias -el que queda en los bolsillos cuando se descuentan los gastos fijos en alquiler, prepagas, educación, servicios y transporte- cayó un 12%.

¿Qué terminará pesando más? ¿Lo que la gente ve en sus celulares o lo que ve en sus heladeras?

Si lo que prima es lo que muestra el electrodoméstico más voluminoso, y si el Gobierno no consigue revertir esa imagen con un incremento perceptible del consumo en el año que viene, el peronismo tendrá una buena oportunidad en las elecciones de renovación presidencial.

Pero esa oportunidad tendrá que llegar acompañada de un candidato capaz de evitar las fugas de dirigentes que elijan presentar listas propias para asegurarse, por ejemplo, una cosecha de diputados nacionales chica pero propia.

Por supuesto, hoy, con Cristina presa, Kicillof es el que parece mejor parado para enfrentar la pelea contra Milei. Sin embargo, el gobernador bonaerense no está trabajando todavía para ordenar los fragmentos del peronismo detrás de su sueño presidencial.

Incluso su idea de encolumnar a los intendentes del peronismo bonaerense con la promesa de modificar la ley que les impide encadenar más de una reelección está tambaleando. Kicillof no consigue que los legisladores de Máximo Kirchner ni los que responden a Sergio Massa apoyen esa modificación. El PRO ya les avisó a sus propios intendentes que tampoco concederá el cambio que reclaman.

Por eso mismo ya son varios intendentes los que apuestan a que sea la Corte Suprema bonaerense la que defina a su favor la controversia y emita un fallo que les permita al menos un mandato más.

Los intendentes más entusiastas aseguran que tienen el voto favorable de al menos uno de los tres jueces que hoy tiene el tribunal, que deberá llamar a conjueces para suplir las vacantes de la Corte, que en realidad debiera estar integrada por siete magistrados. Pero en la cúpula de la justicia bonaerense prefieren correrse de esa controversia y dejar que sean los políticos los que definan los enredos de los propios políticos.

Sea como sea, si se impone la vía judicial, Kicillof no podrá mostrarse como el hombre que les dio a sus aliados lo que ellos más necesitaban.

Ignacio Miri

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