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clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

¿La política, afuera de la cabeza?

¿La política, afuera de la cabeza?

Durante décadas, el periodismo gráfico y en consecuencia el sistema político, operaron bajo la regla del "arte del segundo pensamiento": una pausa para ordenar las ideas y reflexionar antes de responder. Hoy se exigen otras destrezas.

Para ser parte del debate en la era de la hiperconexión se precisa de velocidad en la intervención, donde la creación de contenidos se sincroniza en la ebullición de una construcción colectiva de sentidos.

En este entramado, quien emite un mensaje entrega su idea a un mar de interpretaciones más amplio. Anárquico, en lo general; y algorítmico, en lo individual, a pesar de los intentos de operadores que aseguran dominar los océanos.

Como observó Eliseo Verón, el sentido cobra vida y se define en la circulación. Un enunciado supera la fijeza inicial, se expande a medida que los usuarios y las pantallas lo interpretan, fragmentan y proyectan hacia nuevos contextos. La pretensión de control sobre el mensaje, cede el paso a una dinámica que convierte a los textos en materia mutante.

Si bien nadie puede ser Poseidón en estos mares de anarquía algorítmica, sí se puede navegar con algo de dirección, pero debemos prepararnos para saltar, cambiar y modificar embarcaciones, y ni hablar de las crisis y tormentas.

Aunque estemos flotando en un tronco (digamos mi cuenta de IG) o en un trasatlántico (FOX News), es oportuno tener en cuenta lo que pasa en los mares de la opinión pública. Por ejemplo, los procesos de: “remediación”, cuando un medio subsume a otro; de “transmedia”, el contenido se expande a través de diversas plataformas; y de convergencia, los contenidos y tecnologías se fusionan entre soportes.

Dichos procesos implican una simbiosis tecnológica con consecuencias en personas y sociedades. Marshall McLuhan había anticipado esta metamorfosis, con la premisa que damos forma a nuestras herramientas para que ellas nos den forma a nosotros.

Por eso, separar a los medios tradicionales de las plataformas digitales resulta anacrónico, ya que habitamos un sistema mediático híbrido, como define el cientista político Andrew Chadwick. La información se modifica al pasar de dispositivos porque las redes sociales y los medios tradicionales se retroalimentan. En esta interdependencia los medios se alimentan de la velocidad de las redes, mientras que los influencers del alcance y la validez del sistema periodístico precedente.

Para navegar estas corrientes con éxito es preciso dominar ambos reinos de esa interdependencia. Un ejemplo, basta y sobra; Donald Trump, hijo dilecto del show de la TV y autopercibido como el “Hemingway de los 140 caracteres”, cuando X era Twitter.

Pero atención en aquella interdependencia es donde se revela la singularidad de este artículo.

Lambros Malafouris va más allá de la idea de McLuhan, de que los medios son una extensión de las facultades humanas, y aporta en sus estudios, la llave para decodificar esta época. A través de su Teoría del Compromiso Material afirma que hoy, en nuestras sociedades, pensamos más que en ninguna otra época, por fuera de la cabeza.

Este antropólogo de Oxford es de la escuela que desacredita al dualismo, que separa la mente de sus instrumentos, por lo que infiere, que la cognición actual es un proceso físico y extendido.

En este contexto, cada pantalla asume el rol de la arcilla con la que se moldea el pensamiento; la interfaz trasciende la transmisión para convertirse en el taller donde finalmente se forja la idea. Los límites de caracteres, el diseño de la redes, las plataformas de IA y los algoritmos operan como compañeros cognitivos que piensan con nosotros.

Pensamiento y acción avanzan entrelazados: pensamos a través de la interfaz. Al teclear en medio del torrente de información, los sujetos formulan una idea, alteran la conversación global y reconfiguran su propia posición pública en una misma fracción de segundo.

Las consecuencias para la agenda pública son enormes. El pensamiento y la acción se despliegan materialmente en el ecosistema de comunicación, donde la fusión de las personas con la tecnología organiza el sentido al instante.

Así el discurso político se reconfigura en el ecosistema de medios en un test de estrés permanente. Es por eso que los políticos más exitosos le dedican tiempo a las redes y medios, ya que en la interfaz se define el pensamiento público, cada vez más lejos de la pausa de la privacidad mental individual y claro, por afuera de nuestras cabezas.

Guillermo García

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