Catadora de baños públicos, del 1 al 10
Si hay una experiencia que nos une a todos los ciudadanos del mundo, es la de ir al baño. En una época fui cronista de un noticiero, trabajaba en la calle y conocí todo tipo de baños: confiterías, casa de gobierno, hospitales, cárceles, ¿arbolito? Alguna vez, tal vez…
Hubo un tiempo en el que me llegué a autopercibir “catadora de baños”. En realidad todos lo somos, pero yo los evaluaba, les ponía puntaje, del uno al diez. Con la vara baja, ¿eh? por ejemplo que haya papel ya sumaba un montón de puntos, el gancho para colgar mis cositas también sumaba, y si funcionaba la cadena, aplaudía directamente. Si hay jabón, secamanos y un tachito de basura en condiciones, ya era un diez.
Pero no es sencillo encontrar todo esto y sobre todo nosotras lo sabemos muy bien. Pero a veces nos encontramos con situaciones extremas.
Por ejemplo el otro día entré a un cubículo mal diagramado, no se si les pasó alguna vez. O sea, el que lo hizo no pensó en dejar un espacio para las piernas, entonces si pishabas en ese inodoro, no podías cerrar la puerta. Así que sí, no pude cerrar la puerta. Si alguien entraba en ese instante yo le hubiera dicho: “Hola, te voy a generar un recuerdo que no creo que puedas borrar”. Por suerte no entró nadie, pero insisto con el planteo de que tener una buena experiencia en un baño público no es fácil.
Encima las mujeres tenemos muchas más actividades para hacer. A saber: papel, necesitamos papel. Si se termina, reponeme el papel. Porque parece que ellos terminan y se sacuden un poco, pero nosotras usamos papel, y como todas sabemos, no siempre hay papel. Y así como están las precavidas que andan con los pañuelitos en la cartera, también estamos las que no, y encontrarnos con ese cartoncito vacío nos llena de desolación.
Y después, las actividades que solo nos tocan a nosotras como, por ejemplo, cambiarnos toallitas, tampones y copitas menstruales. Y por más que lo practiquemos durante años y años, no es tan fácil como parece. Por ejemplo colocar la toallita en el lugar exacto en el que va en la bombacha, o hacer malabares para levantar la pata e introducirnos el tampón o la copita, son actividades que ellos nunca deberán hacer.
¿Qué hacen ustedes en el baño? ¿por qué se acompañan? Es la pregunta que tantos hombres se hacen.
Yo particularmente prefiero ir sola por diferentes motivos. Me gusta respetar mis tiempos y además porque hay cosas que forman parte de mi intimidad.
Y acá otra diferencia: la mayoría de los hombres en el baño se desgracian sin problema y está muy bien porque es el lugar adecuado para hacerlo.
Muchas de nosotras en cambio (sobre todo las de mi generación para arriba), si se nos llegara a escapar un gas sonoro, seríamos capaces de quedarnos ahí encerradas el tiempo que sea necesario hasta asegurarnos de que nadie en un futuro asociará nuestra cara con ese ruido.
Y otro clásico de la experiencia baño público que me vuelve loca: los que se quieren hacer los creativos para señalar a qué género pertenece cada puerta. En esto no innovemos, chicos. O hacé un baño mixto como se empezó a usar ahora, o andá a lo clásico: una puerta que diga “Damas” y otra que diga “Caballeros”. No nos hagamos los modernos con ésto, porque estar meándote y no entender bien cómo decodificar el dibujito es hacernos sufrir al pedo ya que estamos en tema.
Igual, a quién no le pasó la de entrar al baño equivocado y querer morir al ver a un señor de espaldas al mingitorio. Y acá otro punto. Chicas: nosotras no estamos habituadas a ver pishar gente en vivo. Nosotras en los baños públicos no hacemos pis al lado de gente que no conocemos, como hacen ellos. Imaginate estar ahí, en esa posición tan poco armoniosa en la que solemos ponernos para no apoyarnos en la tabla, y que entre alguien que no conocés y se ponga a hacer lo suyo al lado tuyo. Bueno, para ellos eso es normal.
Lo que a nosotras sí nos puede pasar, y seguramente alguna vez te pasó, es querer entrar en alguno de esos cubículos en los que funciona mal la traba, y ver a la mina meando y no poder mirarla nunca más a los ojos por haber invadido así su intimidad.
Algo que sí me copa en los baños públicos, además de que haya papel, gancho y una cadena que funcione, es la puerta escrita con frases motivacionales. Es un gran momento para reflexionar. El baño público no es como el privado que te llevás el celu y scrolleás, o como otrora leías las instrucciones de los productos dermocosméticos en la casa de alguien. Ahí es la oportunidad de leer un mensaje que el universo te quiere dar como por ejemplo “Que la fuerza te acompañe”. Me fascinan las frases motivacionales en los baños públicos.
En fin. Valoro mucho los baños públicos que están bien. Incluso si conozco alguno, lo recomiendo: “andá a conocer el baño”. Esto hacemos nosotras porque sabemos lo difícil que es encontrar uno que valga la pena.
Y ya que estamos, contame, vos que también debés haber visitado infinidad de baños públicos a lo largo de tu vida ¿tenés alguno para recomendar?
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