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lanacion.com.ar · hace 17 horas · Sergio Berensztein

¿Pueden las internas libertarias generar problemas de gobernabilidad?

LA NACION

¿Cuán graves son las diferencias internas del oficialismo? A esta altura, son imposibles de negar, al punto de que el propio Presidente siente la necesidad de laudar en público, con la aparente intención de evitar que los conflictos escalen y de contener a las facciones que conforman su aún gelatinosa e inestable maquinaria de poder. ¿Se trata de las típicas peleas que existen en todos los gobiernos, independientes de ideologías, modelos de liderazgo o contextos socioeconómicos y geográficos, o algún factor idiosincrásico las vuelve más relevantes desde el punto de vista político-institucional? A juzgar por el interés que despiertan en la conversación pública y por el tiempo que sus protagonistas les dedican en los pasillos del poder, estamos en presencia de cuestiones potencialmente significativas para el desarrollo de los asuntos públicos en el país. Sin embargo, considerando la naturaleza del “experimento Milei”, la relativa inexperiencia de casi todos sus integrantes y el esperable desgaste que siempre genera la gestión, puede argumentarse que son fenómenos tan inevitables como inherentes a cualquier ámbito donde hay pujas de poder, es decir, competencia por recursos económicos, simbólicos e institucionales. Hasta cierto punto, los conflictos se convierten en oportunidades para que los líderes impongan su voluntad, demuestren su autoridad y ratifiquen la asimetría que existe entre ellos y sus subordinados. De ser así, lejos de constituir situaciones que podrían entorpecer la agenda gubernamental o atentar contra la estabilidad del gobierno, la continuidad de su líder y la paz social, su trascendencia sería acotada.

Al Presidente se le puede complicar mucho un eventual balotaje. Pasó en 2003, 2015 y 2023. Si no mejora su imagen negativa, que supera el 60%, su suerte parecería echada

Javier Milei y Martín Menem

En ese caso, convendría desdramatizar las formas con que se juzgan e interpretan estas cuestiones. Se advierte cierta obsesión, sobre todo en el “círculo rojo” (los segmentos más informados y algunos de los más influyentes de la sociedad, dentro y fuera del mundillo de la política), por informarse y especular sobre rumores, chismes y evidentes fake news, como si determinaran el destino del Gobierno. ¿Pero si el riesgo fuera cercano a cero? ¿Si se tratara de temas conflictivos normales de cualquier ámbito? Si sus principales protagonistas (entre ellos, Milei) no hacen nada serio para evitarlos es porque sufren una compulsión a las pujas intestinas o porque consideran que algo ganan (o al menos, no pierden demasiado) con ellas. ¿Desviar la atención de la opinión pública de problemas más importantes? ¿Controlar la agenda a fuerza de exponer escándalos y supuestos secretos, como aquellos magazines de la farándula que entretenían a los televidentes? Las interpretaciones sobre las conductas incorporan un porcentaje relevante de “emocionalidad”, resquebrajando las hipótesis previas sobre la “racionalidad” de la acción humana. Enfrentamos así la tentación de suponer que determinados comportamientos no responden a un cálculo estratégico frío, sino al mundo de las pasiones y los sentimientos. Conviene no exagerar al respecto: la persistencia puede revelar o esconder una cuota no menor de conveniencia.

Considerando la naturaleza del “experimento Milei”, la relativa inexperiencia de casi todos sus integrantes y el esperable desgaste que siempre genera la gestión, puede argumentarse que son fenómenos tan inevitables como inherentes a cualquier ámbito donde hay pujas de poder

Repasemos internas palaciegas que escalaron hasta convertirse en escándalos de proporciones, produciendo incluso serias crisis de gobernabilidad, en gobiernos autoritarios y democráticos, en la Argentina y en otros países. Una muy recordada fue entre dos facciones militares a comienzos de los años 60: azules y colorados. Las diferencias fueron tan profundas, casi irreconciliables, que generaron una buena parte de la inestabilidad política de esa etapa. Hace pocos meses advertimos cómo el régimen autoritario de Venezuela se quebró y entregó sin pudor a Nicolás Maduro, su líder durante 13 años. ¿Pasará en breve algo parecido en la decadente Cuba, que vive una crisis terminal? Sería una triste y paradójica mueca del destino que luego de décadas de empobrecer a su población y arrebatarle las libertades fundamentales, la monopólica familia Castro prefiera reinstalar la dependencia cuasicolonial con los Estados Unidos con tal de seguir aferrada al poder. Curiosamente, los conflictos del y en el poder pueden transformarse en factores de cambio.

Restos un avión alcanzado por el bombardeo en la base de Punta Indio y la hilera de bombas que no llegaron a cargar efectivos de la Marina, el 4 de abril de 1963

En contextos democráticos, imposible olvidar los enfrentamientos armados entre distintas facciones peronistas, incluida la Triple A, con episodios tan dramáticos como el asesinato de José Ignacio Rucci (25/9/1973) o la masacre de Ezeiza (20 de junio del mismo año, nunca investigada por la Justicia). Esta violencia alimentó el vacío de poder precipitado por la muerte del general Juan Perón y, Rodrigazo mediante, crearon las condiciones para que el golpe del 24 de marzo de 1976, del que se acaban de cumplir 50 años, contara con un importante apoyo de la ciudadanía. Otro episodio trágico se vivió durante el menemismo en torno a la figura de Alfredo Yabrán, que derivó en la renuncia de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía (27/7/1996) y en el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas (25/1/1997), el suicidio del empresario y la crisis final del proyecto más vigoroso de modernización capitalista e integración al mundo que viviera el país en el último siglo (incluido el actual).

En términos relativos, observamos en la actualidad conflictos menores, que podrían considerarse de “entrecasa”. ¿Celos? ¿Envidias? ¿Chicanas? ¿Competencia por controlar áreas del Estado? ¿Pujas por influir en candidaturas y en designaciones en puestos claves? Nada tan humano como político, aquí (en los niveles nacional, provincial y municipal), en las empresas y organizaciones de la sociedad civil, en los simples consorcios de vecinos… y en todas partes de este planeta.

Observamos en la actualidad conflictos menores, que podrían considerarse de “entrecasa”. ¿Celos? ¿Envidias? ¿Chicanas? ¿Competencia por controlar áreas del Estado? ¿Pujas por influir en candidaturas y en designaciones en puestos claves? Nada tan humano como político

A pesar de la mejora en la calificación crediticia, el riesgo país sigue alto (y la tasa que paga el Tesoro de los EE.UU. está en niveles récord en las últimas décadas), lo que demora el regreso a los mercados voluntarios, que no dudan de la vocación de este gobierno, pero sí de la continuidad de sus políticas más allá de 2027

El problema, por lo tanto, no serían estas disputas en sí mismas, sino los ingredientes que las rodean. Por un lado, la irascibilidad y el lenguaje violento del Presidente se volvieron permanentes. En simultáneo, emergen problemas económicos en todos los planos, que vuelven obsoleta aquella expresión de “la macro está bien pero la micro está mal”. Ajustes recientes por otros casi US$2000 millones en todas las áreas sensibles de la administración menos la Justicia (pero sí los ámbitos educativo y social) son un semáforo amarillo y a la vez una medida necesaria para seguir exhibiendo superávit financiero aun con la economía planchada y la recaudación en baja. Por otra parte, a pesar de la mejora en la calificación crediticia, el riesgo país sigue alto (y la tasa que paga el Tesoro de los EE.UU. está en niveles récord en las últimas décadas), lo que demora el regreso a los mercados voluntarios, que no dudan de la vocación de este gobierno, pero sí de la continuidad de sus políticas más allá de 2027. El presidente del Banco Central, mientras tanto, ratificó que el cepo seguirá por temor a que el año que viene, como advierten muchos economistas, haya una nueva corrida cambiaria. Todos estos elementos demuestran que no todo en la macro está bien. También hay evidencias de que no todo en la micro está mal: si bien el consumo masivo está estancado y sufre la mayoría de los sectores industriales, algunos como el agro, la energía y la minería se consolidan como motores de desarrollo.

Las internas generan zozobra: se especula con que podrían complicar el camino a la reelección de Milei, algo que no pasó en los comicios del año pasado. Tal vez la única con capacidad efectiva de daño sea una protagonista no central de esta trama: Victoria Villarruel podría fragmentar el voto de centroderecha y evitar un triunfo en primera vuelta. Dentro de la incertidumbre casi infinita respecto de 2027, hay consenso sobre un escenario: al Presidente se le puede complicar mucho un eventual balotaje. Pasó en 2003, 2015 y 2023. Si no mejora su imagen negativa, que supera el 60%, su suerte parecería echada. La economía, su métier y su obsesión, será su condena o su tabla de salvación.

Sergio Berensztein

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