El Senado de los EEUU quiere limitar el uso de la herramienta que ayudó a Milei a calmar al dólar durante las elecciones
Senadores estadounidenses buscan restringir el alcance del Fondo de Estabilización de Cambios (ESF) en el Departamento del Tesoro, tras el uso de esta herramienta para asistir económicamente a gobiernos considerados aliados de la administración de Donald Trump. La iniciativa bipartidista, impulsada por Jeanne Shaheen (demócrata por New Hampshire) y Chuck Grassley (republicano por Iowa), propone fortalecer los controles sobre cómo y cuándo la Tesorería puede recurrir a los 219.000 millones de dólares que gestiona el fondo. Se trata del mecanismo con el que la administración republicana intervino en el mercado cambiario argentino en octubre pasado.
Según informó Financial Times, la propuesta surge en un contexto de malestar creciente entre legisladores republicanos en el Capitolio. Las críticas apuntan tanto al accionar de la Tesorería bajo el mando de Scott Bessent, como a otras áreas del Ejecutivo, tras una serie de decisiones de alto impacto financiero y geopolítico que involucraron fondos federales y operaciones internacionales.
El proyecto de ley, denominado Bipartisan Exchange Stabilization Fund Transparency Act, establece requisitos para que el Tesoro notifique previamente al Congreso cada vez que planee utilizar el ESF. Además, exige la publicación de informes públicos detallados sobre la justificación y los resultados de estas operaciones, incluyendo un reporte específico sobre el apoyo financiero realizado a la Argentina el año pasado.
De acuerdo con lo reportado por Financial Times, la administración de Donald Trump promovió el uso del ESF para brindar apoyo a economías extranjeras cuyos líderes mantienen vínculos con la Casa Blanca. El caso más reciente y visible se centró en Argentina, donde la Tesorería anunció en octubre la disponibilidad de hasta 20.000 millones de dólares para respaldar al país sudamericano antes de las elecciones de medio término, en las que el presidente Javier Milei buscaba consolidar su posición.
Argentina sólo solicitó 2.500 millones de dólares mediante un mecanismo de swap con el Banco Central, con un plazo de dos meses para apuntalar la estabilidad del peso. El propio Bessent confirmó en enero que el país sudamericano devolvió la totalidad del préstamo en tiempo y forma, aunque algunos miembros del Congreso cuestionaron la falta de transparencia sobre el destino y la administración de los fondos.
“Merecemos transparencia real sobre el uso de los recursos de los contribuyentes para rescatar a países extranjeros”, afirmó Shaheen en declaraciones recogidas por Financial Times. “El Congreso debe garantizar que nuestros dólares estén protegidos y no se utilicen para intervenir en política interna en favor de aliados políticos”, agregó la senadora demócrata.
El ESF, una herramienta tradicionalmente reservada para situaciones excepcionales de crisis financiera global, ganó visibilidad en los últimos meses por su aplicación directa a escenarios políticos específicos. Más allá del caso argentino, el propio Bessent planteó en abril la posibilidad de utilizar el fondo para establecer líneas de swap con los Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo y Asia, cuyas economías resultaron afectadas por la guerra en Irán.
Durante una comparecencia en el Congreso, el secretario del Tesoro detalló que la administración recibió solicitudes de apoyo por parte de Emiratos Árabes Unidos y “numerosos” países aliados, todos preocupados por la liquidez en dólares ante turbulencias regionales. Las líneas de swap habilitan a bancos centrales extranjeros a acceder a dólares a cambio de moneda local en momentos de tensión en los mercados.
Históricamente, la Reserva Federal gestionó acuerdos de swap tras la crisis financiera global de 2008, permitiendo a bancos centrales de la Eurozona, Canadá, Reino Unido y Japón acceder a liquidez en dólares para estabilizar sus mercados. Sin embargo, en los casos recientes reportados por Financial Times, altos funcionarios de la Fed no participaron en las negociaciones ni en el diseño de los mecanismos de asistencia para Argentina o Emiratos Árabes Unidos.
El malestar en el Congreso estadounidense se intensificó con otras decisiones administrativas, como el uso de fondos del Departamento de Justicia para compensar a aliados presidenciales afectados por litigios, y la solicitud de 1.000 millones de dólares para reforzar la seguridad en la Casa Blanca, incluyendo la emblemática sala de baile presidencial.
La legislación propuesta por los senadores Shaheen y Grassley apunta a corregir lo que consideran “zonas grises” en la administración del ESF. Si la norma se aprueba, el Tesoro deberá notificar al Congreso antes de activar el fondo y explicar públicamente la motivación y los detalles de cada operación. Entre las disposiciones figura la obligación de publicar un informe pormenorizado sobre el swap con Argentina, que se utilizó en una coyuntura electoral clave para el gobierno de Milei.
En la actualidad, el ESF permanece como una de las herramientas más flexibles para la intervención financiera internacional de Estados Unidos. Hasta ahora, su manejo dependió casi exclusivamente de la discrecionalidad del secretario del Tesoro, lo que motivó cuestionamientos sobre la supervisión y el uso de recursos públicos para fines que trascienden la política monetaria tradicional.
La iniciativa de los senadores se inscribe en una tendencia de mayor control legislativo sobre fondos estratégicos del Ejecutivo, en un contexto de polarización política y desconfianza entre poderes. La discusión del proyecto en el Congreso se perfila como un nuevo capítulo en la disputa sobre el alcance y los límites del poder financiero en Washington.