Son de la Patagonia y llegaron a Buenos Aires para competir con los números uno de Angus
Entre el ruido de los secadores, el ir y venir de los cabañeros y el olor a viruta fresca en los galpones de Palermo, dos productores patagónicos acomodaban con paciencia a sus animales antes de entrar a pista. Uno repasaba el lomo de una vaquillona con un cepillo, mientras el otro observaba en silencio el movimiento de las filas en la ExpoAngus de Otoño para la jura de hembras que desde temprano comenzó en la pista indoor. Habían recorrido más de 1000 kilómetros para llegar hasta allí y, aunque sabían que competían con cabañas de décadas de selección, los movilizaba otra meta: comprobar si la genética que desarrollan en el sur del país está a la altura de lo que hoy exige la raza Angus.
Por primera vez, las cabañas de Federico Gilardi, de Viedma, y de Julián Lavayén, de General Conesa, ambas en Río Negro, desembarcaron en la ExpoAngus de Otoño con animales propios.
Más allá de la competencia, los productores coincidieron en que el verdadero desafío es posicionar el Angus patagónico y demostrar que, aun en ambientes más duros y alejados de los grandes centros ganaderos, es posible desarrollar genética de calidad.
“Es nuestra primera vez en Otoño. Venimos a ver si lo que estamos haciendo está en línea con los requisitos de la raza y con lo que necesita nuestro sistema productivo”, señaló Gilardi, mientras seguía de cerca los movimientos de la vaquillona que llevó a exposición.
La historia de su cabaña Don Juan comenzó a tomar forma en 2018, aunque el trabajo genético venía gestándose desde mucho antes. Según contó, el proceso arrancó en 2003, cuando empezó a profundizar la selección dentro de los rodeos y a incorporar asesoramiento de personas con experiencia para detectar los animales con mayor potencial.
La cabaña está ubicada en la zona del Idevi y el Valle Inferior del río Negro, cerca de Viedma. Allí, Gilardi transformó una estructura originalmente más agrícola y con una ganadería menos intensiva en un planteo mixto, donde combina producción en secano y bajo riego.
Ese esquema le permite generar parte del alimento para la cabaña, la recría y algunos encierres puntuales. Pero detrás del planteo productivo hay una búsqueda genética concreta: desarrollar un Angus funcional, adaptado a las condiciones patagónicas y capaz de responder en campos más exigentes.
“No venimos con la idea de ganar de entrada. Sabemos que hay criadores con muchos años y mucha selección encima. Para nosotros, lo importante es empezar a medirnos”, explicó.
La cabaña trabaja actualmente con unos 300 vientres entre puro de pedigree y puro controlado. La producción de reproductores es reducida y la selección se realiza con criterios estrictos para sostener la calidad genética.
Gilardi cree que una de las fortalezas del Angus criado en la Patagonia es su capacidad de adaptación. En zonas de monte y con menor disponibilidad forrajera, la eficiencia y la rusticidad pasan a ser atributos centrales.
“El Angus patagónico tiene una versatilidad muy importante. Necesitamos animales que se adapten rápido, que caminen y que puedan buscar comida en distancias grandes”, sostuvo.
A pocos metros de allí, en otro de los corrales de la exposición, Julián Lavayén también ultimaba detalles antes de la jura. Con la mirada puesta en la pista, repasaba la preparación de los animales de cabaña La Laguna, ubicada en General Conesa.
Su historia dentro de la ganadería tuvo un recorrido poco habitual. Antes de instalarse en la Patagonia para desarrollar su proyecto ganadero, Lavayén vivió en Italia, donde jugó al básquet profesional. Después decidió regresar al país y apostar por una cabaña Angus propia en el sur argentino.
La Laguna nació en el año 2000 y hoy produce Angus puro controlado y puro de pedigree. Los campos son en secano, aunque las pasturas, la alfalfa y el maíz se desarrollan bajo riego. Esa combinación permite sostener el planteo productivo en una región donde el clima y la disponibilidad de agua condicionan buena parte de las decisiones ganaderas.
La relación de la familia Lavayén con la raza Angus viene desde hace décadas. “Entre 1960 y 1970, mi abuelo y mi papá llevaron las primeras vacas negras a la zona en una época en la que todo eran ovejas”, recordó.
Este año, la familia decidió dar un paso más y participar por primera vez en la ExpoAngus de Otoño. Para Lavayén, el desafío excede la competencia individual y tiene que ver con darle visibilidad al trabajo ganadero que se desarrolla en la Patagonia. “Venir a participar es la manera de seguir haciendo crecer Angus en la Patagonia, una raza que para nuestra familia viene en el ADN”, afirmó.
El productor sostuvo que llegar a Palermo representa una oportunidad para mostrar años de selección y trabajo silencioso lejos de los grandes centros productivos. “El objetivo principal es mostrar lo que se produce desde hace tantos años y Palermo siempre es la mejor vidriera que cuentan los ganaderos de la Argentina”, señaló.
Aunque aclaró que esta muestra no tiene la dimensión histórica de la Exposición Rural del mes de julio, destacó el nivel de animales que participan. “Esta exposición no es la de Palermo en julio, pero el nivel que tiene es casi igual porque la mayoría de los animales vuelve en la Ganadera”, indicó.
Mientras se prepara para concretar el 10° remate de su cabaña, Lavayén consideró que la presencia patagónica en la exposición también funciona como un respaldo al crecimiento institucional de la raza. “Es sumar un granito de arena con nuestra participación, en este caso patagónica, para la asociación que tan bien viene haciendo las cosas”, cerró.
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