El gobernador turista y el costo de la ausencia
Hay una idea profundamente equivocada que se instaló en parte de la política mexicana: creer que gobernar es proyectarse. Que un mandatario es exitoso mientras más fotos acumula en aeropuertos, foros internacionales o cenas diplomáticas. Como si la promoción sustituyera a la ejecución.
Pero la evidencia seria sobre desarrollo económico apunta exactamente en sentido contrario. La inversión no llega por likes, algoritmos o selfies en París. Llega a los territorios que ofrecen condiciones reales para producir y crecer: infraestructura funcional, seguridad, energía, agua, movilidad, capital humano y gobiernos capaces de cumplir su palabra.
Douglass North, premio Nobel de Economía, explicó que el desarrollo depende de instituciones capaces de reducir incertidumbre. Cuando un gobierno transmite improvisación, desorden o desconexión territorial, aumentan los costos de transacción y cae la confianza. Y ahí aparece el problema del gobernador ausente que padecemos en Nuevo León.
Porque una cosa es realizar una gira estratégica vinculada a proyectos concretos, y otra convertir el viaje permanente en estilo de gobierno. Cuando la gira intenta suplir la falta de resultados locales, se vuelve contraproducente. La literatura sobre promoción de inversión es clara: la promoción solo funciona cuando amplifica fortalezas reales; cuando intenta reemplazarlas, genera desgaste reputacional.
Dicho de forma sencilla: ningún inversionista serio instala miles de millones de dólares porque un gobernador fue de visita y mostró un traje caro en Europa. Lo hace porque detecta gobernabilidad, infraestructura y reglas claras. Y eso obliga a decir algo incómodo pero evidente: el principal problema de Nuevo León hoy no es de promoción internacional. Es de gobernabilidad.
La propia S&P Global advirtió recientemente un deterioro en la capacidad de gestión financiera y presupuestaria del estado, señalando tensiones políticas, dependencia creciente de deuda de corto plazo e incertidumbre institucional. Eso sí manda señales negativas que ninguna gira tapa. Porque el capital global puede tolerar muchas cosas, menos incertidumbre operativa.
Los polos exitosos del mundo —Singapur, Texas, Baviera o Shenzhen— no crecieron por giras políticas permanentes. Crecieron porque construyeron ecosistemas sólidos: logística, universidades, seguridad jurídica, infraestructura y coordinación público-privada. Primero existió capacidad estatal, la promoción vino después y no siempre fue necesaria.
Por eso organismos como la OCDE y el Banco Mundial insisten siempre en lo mismo: simplificación administrativa, digitalización, infraestructura, gobernanza metropolitana y capacidad institucional. No casualmente, el propio Plan Nacional de Desarrollo de la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, pone el énfasis en coordinación, innovación pública, infraestructura y gobiernos cercanos al territorio. Porque gobernar no es aparecer. Gobernar es coordinar. Particularmente en Nuevo León, donde la economía depende de cadenas industriales extremadamente sensibles al tráfico, la logística, la movilidad y la certidumbre regulatoria.
En Nuevo León la ciudadanía observa obras tiradas, conflictos políticos permanentes, crisis ambientales, drenajes colapsados y una creciente sensación de desconexión. Y mientras todo eso ocurre, el gobernador vuelve a andar en Europa o en sabrá Dios que lugar que le parece interesante o trendy visitar.
Nathan Jensen y otros especialistas en inversión extranjera han demostrado que los inversionistas valoran mucho más la estabilidad institucional y la capacidad administrativa que las campañas de promoción. La confianza no se produce en una gira.
En Nuevo León siempre se admiró más al empresario que estaba en la planta que al que solo salía en revistas. Don Eugenio Garza Sada entendía eso perfectamente: el prestigio no se construía desde la apariencia, sino desde la seriedad y el cumplimiento. Y ahí está la discusión de fondo. Cuando la gira acompaña resultados, tal vez ayude. Cuando intenta sustituirlos, estorba.
Porque el inversionista serio no apuesta por el gobernador más fotografiado. Apuesta por el territorio que funciona. Y hoy el verdadero riesgo para Nuevo León no es quedarse sin promoción internacional. Es seguir teniendo un gobierno que viaja más, mucho más, de lo que gobierna.
*El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.