Electrones argentinos para el sistema circulatorio de la IA
¿Acabará la inteligencia artificial general (IAG) sobrepasando las habilidades cognitivas del ser humano, y, con autonomía propia, ejerciendo control social; o prevalecerá una IA acotada a desarrollos generativos que crean contenidos nuevos a partir de datos con la que fue entrenada (narrow IA)?
La duda la despejará, según los expertos, además de la evolución propia de los actuales modelos de IA, la abundancia de electrones disponibles para satisfacer la voracidad de consumo eléctrico de las redes neuronales asociadas a “granjas de servidores de datos” al servicio de la nueva tecnología. La IAG es mucho más electro-intensiva que la narrow IA y sus variantes de IA generativa.
El debate y las dudas no están zanjados todavía, pero China, asumiendo el desafío tecnológico que le presenta el conflicto hegemónico en curso, ha venido realizando grandes inversiones en generación y redes eléctricas para ofrecer tarifas eléctricas muy competitivas, y, consecuente con su objetivo, ha incluido en su último plan quinquenal un llamado a explorar los pasos para el desarrollo de la IAG. El uso la IA está poniendo a prueba la capacidad de los sistemas eléctricos existentes en todo el planeta.
El concepto de “sequía eléctrica” como diagnóstico de una restricción clave en el desarrollo de la IA fue acuñado por Elon Musk, y es él quien ha sostenido que China está muy adelantada respecto al resto del mundo en la carrera de la IA por las ventajas y facilidades que ofrece para el acceso a su red eléctrica.
La potencia asiática añadió unos 500 GW de capacidad de generación en el último año, alcanzando una capacidad total de 3.800 GW (la potencia total del mundo es de 10.000 GW), el doble de la que tiene EE. UU. Lo ha logrado con un combo de energía solar, eólica, nuclear, y nuevas plantas de carbón que aseguran electrones abundantes y baratos.
Jensen Huang, cabeza de Nvidia, productor de chips, destaca que los americanos todavía se imponen en la carrera del soft y del hard asociado a la IA, pero subraya que los semiconductores demandan vastas cantidades de electrones para procesar los trillones de cálculos que están detrás de los modelos de IA. Por eso, Sam Altman de OpenAI ha pronosticado que el costo de la IA “eventualmente va a converger al costo de la energía” que es la que mueve el sistema circulatorio de la IA. Para él, esta razón estratégica le da ventajas a China para imponerse en la carrera de la IA.
Según RAND, un think tank de especialistas de Estados Unidos, la demanda global para energizar los grandes centros de datos que hoy requiere la IA va a crecer de los 68 GW en el 2027 a los 327 GW en el 2030. En el 2025 la demanda eléctrica mundial creció un 3%, y la demanda para data centers un 17%. Los especialistas advierten que la demanda eléctrica de esta tecnología se multiplica por diez cada semestre; se triplicará respecto a los consumos actuales en el 2030, lo que pone en jaque la capacidad de las infraestructuras eléctricas a nivel mundial.
Para tener una idea aproximativa, una búsqueda en ChatGPT demanda 10 veces más electricidad que la búsqueda que hacíamos antes en Google. Los sistemas de transporte eléctrico son muy viejos en Europa y en Estados Unidos (50 y 40 años) y son vulnerables a estas nuevas demandas que crecen sin tregua y sin pausa.
En consecuencia, la IA deberá abordar la “sequía eléctrica” en buena parte con fuentes propias de generación independientes de las redes de transmisión existentes. Oferta de generación eléctrica dedicada a la demanda de los centros de datos asociados a la IA. Es el camino emprendido por los otros grandes actores de este mercado tecnológico para acotar la ventaja energética con que hoy cuenta China.
La voracidad por el consumo de electrones de la IA ha revalorizado el rol de la fuente nuclear en a nivel planetario, en especial el desarrollo de nuevos reactores modulares (SMR) que podrían generar energía dedicada a las demandas de un complejo tecnológico de IA con su granja de servidores.
La Argentina tiene reconocida experiencia internacional en la producción y comercialización de reactores nucleares de investigación. Además, el INVAP (empresa de tecnología argentina) ha patentado una licencia de fabricación de un reactor pequeño en los Estados Unidos.
El proyecto es relevante y compite con otros en el mundo porque los SMR también pueden ocupar otros nichos de demanda eléctrica en sectores como la alimentación de plantas de desalinización y el abastecimiento a centros urbanos aislados de las redes de transporte o con redes congestionadas.
La patente del INVAP atraviesa el tránsito entre el diseño de la ingeniería conceptual a la concreción de la ingeniería de base y la de detalle necesarias para llegar a un posible desarrollo comercial, con significativo valor agregado exportable. Pero todavía estamos a años vista de su posible concreción.
En el camino a ese desarrollo tenemos para ofrecer abundancia de electrones de energías renovables en combinación con la abundancia de electrones de nuevas plantas de gas natural para hacer atractiva la instalación de granjas de servidores en nuestra geografía, hoy privilegiada por la preminencia de la geopolítica en el reacomodo del orden mundial.
Por supuesto, el gran negocio de la economía de la IA no está en el cómputo que se hace en los centros de datos, sino en el desarrollo de modelos más potentes, nuevas plataformas de distribución y aplicaciones que resuelven problemas para empresas, gobiernos y personas.
Allí debe estar presente la industria del conocimiento argentina como otra plataforma de desarrollo con valor agregado exportable. ¿Convenceremos a Elon Musk y a otros empresarios tecnológicos extranjeros y locales que la oportunidad argentina es ahora?
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