El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad es siempre una tentación a la hora de intentar escribir sobre la adicción al paroxismo que cada tanto y desde siempre somete a la humanidad, perturbando sus sentidos y la relación con la vida, en una especie de doble hélice (como las del ADN) que mientras desplaza a Dios en la lucha por la supremacía eterna hacia arriba, se hunde en el infierno de la autodestrucción hasta volverse olvido, el más cruel de los castigos. Pero solo le voy a robar el título y el alma a esa colosal novela que inspiró Apocalipsis Now de Coppola (y los Hombres Huecos de TS Elliot).
El corazón de las tinieblas, en estos tiempos donde las caídas del alma parecen no detenerse, poco tiene que ver con la voluntad de esos descartables líderes mesiánicos, autócratas y grotescos que aparecieron sin preaviso, provenientes de esa tierra desolada que fue la herencia que dejaron al planeta, una miríada de políticos corruptos, desconectados y sordos por elección, a las necesidades de la gente, que junto a sus secuaces (ciertas corporaciones financieras, de las armas, del crimen organizado, y varias más que aún se pasean disimuladas entre la población ) se apropiaron de las instituciones y los principios del sistema democrático liberal, buscando vaciarlo de contenido y prostituirlo hasta volverlo irreconocible.
Hoy,el corazón de las tinieblas es el reino, ya no oculto, por el contrario, explícito y obsceno de los dueños del deseo de la humanidad: los magnates de las nuevas tecnologías de la información, que llevaron el poder de la manipulación a niveles para los que no estamos preparados como sociedad, y para los que aún no existen antídotos.
Todo es explícito, como el nuevo Manifiesto Tecnológico escrito por Alexander Karp (en su libro La República Tecnológica ). A lo largo de la historia los manifiestos se han comportado como la cristalización de un dogma. Nacen atravesados por una pulsión de muerte y se despliegan en el tiempo como una profecía auto cumplida hasta terminar devorándose a si mismos. Los manifiestos futuristas, principalmente el de Marinetti (fuente de inspiración para el fascismo) y el manifiesto comunista (base teórica para la creación de la URSS) son, con sus matices, un ejemplo.
Algo así es este manifiesto pensado y creado por los supremacistas tecnológicos, destinado al adoctrinamiento de discípulos fanáticos. Pero la Historia insinúa, aunque se la denigre como soft power, que todo manifiesto nace con una cuenta regresiva, y en nuestra realidad que se acelera exponencialmente, el crepúsculo no debería estar muy lejos y en su caída todo indicio de humanidad intentará ser arrasado.
Una vez destruidos los vínculos de la vida cotidiana queda el campo abierto a la violencia y los extremismos. Y de extremismo supremacista va este manifiesto. Quizás sea oportuno recordar lo que decía Theodor Adorno sobre la música moderna:la naturaleza de esta música se halla impresa exclusivamente en los extremos, y solo en ellos podremos reconocer el contenido de verdad. Unilaterales como son, las situaciones límites (extremas) poseen una claridad muy particular, que pone en evidencia tanto la lógica interna del fenómeno cuanto las fuerzas culturales y políticas que las presionan (Franco Moretti).
Como sostenía Walter Benjamin, los monumentos de la civilización son también cada vez los documentos de la barbarie. Los monumentos de hoy no los construye la posteridad para honrar a sus héroes , sino que son creados por los propios magnates tecnológicos para aliviar sus egos dañados. Todo está a la vista en los extremos.w
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín