De Hernán Cortés a Díaz Ayuso
Hace pocas semanas –y no se comprenden bien los motivos- la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, realizó una gira por México y reivindicó la figura de Hernán Cortés. Una de las principales líderes del Partido Popular en su país, Díaz Ayuso ingresó en terreno pantanoso y sorpresivamente decidió abreviar su visita.
Acerca de sucesos ocurridos cinco siglos atrás, ya se reavivaron polémicas hace pocos años cuando el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pidió que España pidiera disculpas por las atrocidades de los conquistadores. Y hasta el rey Felipe VI, hace un par de meses, admitió que en la colonización “hubo mucho abuso y controversias éticas”. Fue durante una exposición de piezas arqueológicas, “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena”.
En lo que sus críticos aludieron como “un gesto de nostalgia imperial”, Díaz Ayuso participó en la capital mexicana del acto “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México”, presentado como una lectura de aspectos positivos de la conquista.
Para el escritor Sergio dal Molino –quien calificó a la presidenta madrileña como “la nueva Hernanda Cortés”- se trató solo de un acto populista: “Invocar el derecho de gentes, citar a fray Bartolomé de las Casas, enumerar las universidades que los españoles fundaron en las Indias (frente a las que no fundaron los ingleses) y exaltar el mestizaje son afrodisíacos en los oídos de muchos votantes potenciales”.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reaccionó frente a la visita de Ayuso y su reivindicación del conquistador. “Aquí les dejo el edicto de Carlos I de España en Valladolid, de 1548, en el que habla de las atrocidades de Hernán Cortés”, publicó en su cuenta de X.
Aquel edicto liberaba a todos los indígenas que Cortés había esclavizado. Y en el Juicio de Residencia, celebrado luego de la muerte del conquistador, detallaba duros episodios.
Por ejemplo, lo sucedido en Tepeaca donde, Cortés recibió a los indígenas que se habían rendido pacíficamente: “El conquistador separó a 400 hombres, a quienes ordenó asesinar, mientras que a mujeres y niños —unos tres mil— les marcó la piel con hierro candente para reducirlos a esclavitud”.
En Texcoco, Cortés esclavizó y marcó a indígenas que también se habían rendido en paz y saqueó sus tierras antes de la caída definitiva de Tenochtitlán en 1521. Además, en Cuernavaca y Oaxtepec, sometió y mandó asesinar a líderes locales que acudieron a recibirlo sin hostilidad; más de 500 personas fueron marcadas y esclavizadas. El mismo documento detalla que en la matanza de Cholula, los indígenas ofrecieron alimento y recibieron pacíficamente a los españoles. Cortés ordenó encerrar a más de 4 mil indígenas en un patio y luego mandó a los españoles a asesinarlos. Los sobrevivientes también fueron convertidos en esclavos.
La más actualizada –y una de las más exhaustivas- biografías de Hernán Cortés fue publicada recientemente en España por el historiador Esteban Mira, quien poco antes había ofrecido un trabajo similar sobre Cristóbal Colón.
El libro de Mira no se presenta como la novela “rosa” (la del conquistador que inutilizó sus naves y desafió todos los peligros) ni tampoco como la novela “negra” (el despiadado asesino), sino que sitúa al hombre en su tiempo. Y, perdidos tantos hechos en la leyenda o directamente en la mentira, ofrece las distintas versiones. Cortés provenía de Medellín (Badajoz), en Extremadura, se formó en lo que hoy sería un “contador” o “administrador” y no como un militar, antes de sumarse a los aventureros que buscaban títulos, riquezas y glorias en las tierras recién descubiertas.
Los defensores de Cortés hasta hoy lo presentan como “un héroe civilizador”, mientras que sus detractores no dudan en calificarlo como un genocida. El historiador toma distancia, no adjetiva. Describe. Desde su ruptura con los delegados del reino hasta sus amores, desde su decisión de no retroceder (no “quemó” las naves, pero sí las inutilizó) hasta cómo fue hábil –con fuerzas precarias- para aprovechar las divisiones entre los pueblos indígenas o las dudas de Moctezuma, y terminar por someterlos.
Para algunos sectores conservadores españoles y mexicanos, Cortés representa el origen del México mestizo y el vínculo histórico entre ambos países; para otros, simboliza el inicio de un proceso de violencia, sometimiento y destrucción de estructuras indígenas
Según Mira “Cortés fue una persona muy importante en la historia que, para bien o para mal, cambió el mundo, no podemos ocultarla ni esconderla”. No lo considera un genio militar, ni mucho menos. Pero “era consciente de que estaba protagonizando una etapa excepcional, de que estaba cambiando el mundo y fue de los pocos conquistadores que tuvo conciencia de eso y trató de trasmitirlo para las generaciones futuras” con las “Cartas de relación” que escribió al emperador Carlos V.
Tras la conquista, Cortés fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España, aunque su relación con la Corona española se deterioró.
Cortés murió en 1547 en Castilleja de la Cuesta, Sevilla. Su última voluntad era ser enterrado en territorio mexicano pero pasó largo tiempo hasta que sus restos fueron trasladados allí. “En España no lo querían y aquí tampoco. Al final, acabó abandonado” sentenció Sheinbaum. Lo cierto es que esos restos están en la Iglesia de la Purísima Concepción y Jesús Nazaret, que él mismo levantó, en la ciudad de México, junto a un hospital. Pasa casi inadvertido, apenas una plaqueta lo recuerda allí.
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