← Volver
clarin.com · hace 5 horas · Clarin.com - Home

Una nueva era internacional

Una nueva 
era internacional

La relación entre los Estados Unidos y Europa ha entrado en una nueva era. Un conjunto de valores compartidos desde la segunda guerra se están desvaneciendo; intereses y cosmovisiones divergen y el Occidente atlántico cruje. Pudo haber otros momentos de crisis, pero la magnitud de las diferencias convergen en un escenario de fractura.

La gama de los desacuerdos está a la vista e incluyen el significado de la democracia y de la libertad, la interpretación de la historia, las cuestiones climáticas y la caracterización del momento tecnológico.

Dos ex- ministros europeos han conceptualizado esa crisis: el ex-ministro alemán de Defensa, J. Fisher, y el ex-ministro de Relaciones exteriores francés H. Védrine. El germano parte de un diagnóstico: Trump quiere desmantelar la OTAN y la disolución habría comenzado en el momento que sus socios no lo acompañaron en la guerra contra Irán.

Suma también un dato no menor: con la derrota de Viktor Orbán en Hungría es imposible que el mundo MAGA apueste a Europa. Ese conglomerado ahora considera que los europeos deben asumir sus propias responsabilidades.

Védrine sostiene que los europeos y los canadienses tienen poco que ver con un trumpismo que conduciría a América (los Estados Unidos) a lo que era en el siglo XIX, violenta, mercantilista, unilateralista y hegemónica. Conclusión obvia: la OTAN habría dejado de existir. Prueba de ello han sido dos recientes anuncios: la retirada de tropas estadounidenses de Alemania y la suspensión del despliegue de soldados en Polonia.

En paralelo, en la comunidad académica de la seguridad europea existe un consenso sobre los diagnósticos consolidados al desatarse la campaña aérea contra Irán. Europa tuvo razón: no implosionó el régimen iraní, la “vasallización a la venezolana” es inexportable y sus capacidades nucleares no fueron destruídas. El fracaso fue total: comenzó la guerra en el estrecho de Ormuz, donde Irán impone sus criterios, mientras la economía internacional se desestabiliza bajo el impulso del aumento del petróleo.

Tampoco se asoma una luz en el panorama legal basado en el “paso en tránsito”: los EE.UU, Israel e Irán no son partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Un argumento en favor de los que opinan que no ha sido el uso de la fuerza la herramienta para terminar con la guerra.Al contrario, se le abrió una oportunidad para Irán que, día a día, la aprovecha.

Asimismo los “daños colaterales” también favorecen a Irán y perjudican a los Estados Unidos y a sus aliados. El impacto de la guerra no sólo desestabiliza a Medio Oriente, sino que además divide al mundo de las petro-monarquías, aliadas históricas de Washington: los Emiratos Árabes abruptamente abandonaron la OPEP, la Organización de Países Productores de Petróleo.

Junto a Arabia Saudita, ambas monarquías no sólo eran socios petroleros, también fueron aliadas contra la “Primavera Árabe” que impulsaba una democratización bajo la influencia del Islam político impulsado desde Teherán. Ahora todo cambió, los Emiratos se han sentido desprotegidos y por albergar bases americanas sufrieron los ataques misilísticos iranies.

La relación China/EE.UU también mutó en esta nueva era, como pudo advertirse en la reciente visita de Trump a Pekín. El presidente norteamericano pudo haber pensado que al llegar a Pekín ya habría “resuelto” el tema Irán, que se sumaba también al “éxito americano” en Venezuela.

La prioridad económica quedó reflejada en la conformación de la Delegación americana: abrir China a los gigantes tecnológicos estadounidenses, las “brigadas del neo-imperio”. La declaración del Secretario de Estado Marco Rubio, un ex -anti chino declarado persona non grata por Pekín en el 2020, puso en contexto la visita: “China es a la vez nuestro principal desafío geopolítico y la relación mas importante que debemos gestionar”.

El interés comercial americano sin embargo quedó relegado, el presidente Xi presentó la cuestión Taiwán como “la más importante en las relaciones sino-estadounidenses” que se irradia a todo lo demás. Desde febrero, el presidente chino presentó a la Isla como la centralidad de las relaciones sino-americanas. Este adelanto condicionó la visita y limitó el juego diplomático gestual que acostumbra encarar Trump.

En diciembre pasado la Casa Blanca anunció una venta de armas a Taiwán, por una cifra que giraba en torno a los U$S 10.000 millones, y desde entonces quedó anunciado un segundo paquete aún mayor. La advertencia de Pekín explica la menor venta de aviones Boeing y de productos agrícolas, particularmente de soja americana. Esa segunda operación comercial pendiente es un test para Pekín.

En ese contexto se explica el llamado del presidente Xi: “ambos países deberían evitar caer en la “trampa de Tucídides”. La alusión a este libro de G. Allison es todo un hallazgo. El texto alude al estudio de los casos históricos donde rivalizaron potencias dominantes vs. emergentes. De los casos estudiados por el autor, 12 de ellos terminaron en guerra.

La guerra entre Atenas y Esparta terminó en el año 404 a.c, con la victoria de la oligarquía de Esparta sobre la democracia ateniense. Lo interesante de esta presentación china es la introducción de una narrativa donde se establece que, en un mundo bipolar, China busca evitar, como potencia ascendente, la tentación de transformarse en potencia dominante.

Carlos Pérez Llana

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín