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ambito.com · hace 13 horas

Wall Street en máximos: cuatro riesgos que amenazan al rally tecnológico y las consecuencias de una corrección

ámbito.com

El avance del sector tecnológico tiene fundamentos reales, pero también concentración extrema y valuaciones infladas por la liquidez global. Analistas identifican factores clave que podrían desencadenar una corrección y advierten sobre sus posibles consecuencias para la economía global.

El boom de la inteligencia artificial disparó las valuaciones del sector tecnológico a niveles que no se veían desde la burbuja puntocom de 2000, reavivando el debate sobre si el mercado está pagando fundamentos reales o expectativas demasiado optimistas.

El boom de la inteligencia artificial disparó las valuaciones del sector tecnológico a niveles que no se veían desde la burbuja puntocom de 2000, reavivando el debate sobre si el mercado está pagando fundamentos reales o expectativas demasiado optimistas.

Los máximos históricos de Wall Street ya no pueden entenderse únicamente como una tendencia impulsada por el entusiasmo por los avances en inteligencia artificial. Detrás del progreso en el desarrollo de estas tecnologías, y en particular de la industria de semiconductores, hay un boom real de gasto de capital en data centers, chips, memoria, energía e infraestructura. Sin embargo, el crecimiento de los activos de las empresas relacionadas a la IA también revelan una fragilidad creciente en el mercado.

Las subas de precios están cada vez más concentradas en un grupo reducido de compañías, mientras el resto del mercado no acompaña con la misma fuerza, las valuaciones descuentan un escenario más que optimista para el sector y la liquidez que sostuvo el rally tiene fecha de vencimiento.

Gordon Gekko analiza la actualidad sobre mercados, inflación, bloqueo de Ormuz y tasas.

En ese cruce entre fundamentos sólidos y señales de alerta, el debate de fondo no es si la inteligencia artificial es un negocio real, sino cuánto de ese futuro ya está incorporado en los precios y qué ocurre si alguno de los pilares que sostienen el rally empieza a ceder.

El liderazgo de la tecnología frente al resto de los sectores es contundente, aunque no exento de dudas. Según emergió de una encuesta global de Janus Henderson Investors, 9 de cada 10 inversores admiten tener preocupaciones sobre las inversiones vinculadas a inteligencia artificial, y dos tercios creen que podría formarse una burbuja financiera o producirse una corrección del mercado en el corto plazo.

Entre las principales preocupaciones, aparecen el riesgo de que la IA no cumpla con las expectativas (28%), los posibles problemas de sesgo o falta de controles (24%) y la sobrevaluación de activos relacionados con esta temática (19%). Aun así, el 61% de los encuestados considera que la IA tendrá un impacto positivo en los mercados a futuro.

Esto revela una tensión que resume el momento actual del mercado. El entusiasmo estructural convive con un creciente escepticismo sobre si las valuaciones actuales se están adelantando demasiado a la realidad económica.

"La IA será probablemente la temática estructural más importante de nuestra vida", sostuvo Denny Fish, portfolio manager del equipo de Tecnología e Innovación Global de Janus Henderson Investors, aunque advirtió que el fenómeno también generará fuertes diferencias entre compañías ganadoras y perdedoras. "Los inversores necesitan paciencia y disciplina, porque no todas las empresas vinculadas a IA van a capturar el mismo valor", explicó.

Michael Burry, el inversor que anticipó la crisis de 2008, advirtió que el rally de la inteligencia artificial se parece peligrosamente a los últimos meses de la burbuja puntocom de 1999-2000.

Michael Burry, el inversor que anticipó la crisis de 2008, advirtió que el rally de la inteligencia artificial se parece peligrosamente a los últimos meses de la burbuja puntocom de 1999-2000.

En este contexto, las cotizaciones de los activos se vuelven una herramienta indispensable para evaluar la temperatura de la situación. En lo que va de 2026, el principal fondo tecnológico de Wall Street (Technology Select Sector SPDR) acumula una ganancia cercana al 23,7%, casi tres veces el 8,5% que rindió el fondo que replica al mercado en general, mientras el Nasdaq trepa un 16,3%, casi el doble que el S&P 500.

Dentro de ese liderazgo, los semiconductores son los que más se despegan, con el fondo que agrupa a las principales empresas del sector (PHLX Semiconductor Index) llegando a subir cerca de 173% interanual, su mayor avance desde la burbuja puntocom de 2000, una comparación que por sí sola empieza a encender algunas alarmas.

Detrás de esas subas hay, en parte, fundamentos reales, ya que con casi el 90% de las compañías del S&P 500 ya reportadas para el primer trimestre, el 84% superó las estimaciones de ganancias, con un crecimiento agregado de utilidades del 27,7% interanual, el mayor ritmo desde fines de 2021.

En este contexto, el sector tecnológico lidera ese avance con un alza del 50,7% en sus ganancias, aunque ese número cae al 28,5% si se excluyen Nvidia y Micron, lo que revela cuánto del resultado depende de apenas dos compañías. A eso se suma el gasto descomunal que los grandes hiperescaladores - empresas que operan infraestructura de centros de datos a escala masiva - como Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta, planean destinar este año a infraestructura de IA, que supera los u$s600.000 millones, y que Goldman Sachs proyecta podría alcanzar los u$s7,6 billones entre 2026 y 2031.

Las grandes tecnológicas aceleran la construcción de centros de datos para sostener la demanda de inteligencia artificial, en lo que representa uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura de la historia.

Las grandes tecnológicas aceleran la construcción de centros de datos para sostener la demanda de inteligencia artificial, en lo que representa uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura de la historia.

Más allá de los fundamentos, analistas de Wall Street identifican cuatro factores de riesgo que, individualmente o en combinación, podrían interrumpir el rally y generar consecuencias más amplias para la economía global.

El primer riesgo es estructural y está a la vista en las cotizaciones de los propios índices. El rally es real, pero descansa sobre una base frágil. Según datos de BTIG, el S&P 500 llegó a cerrar 7,7% por encima de su media móvil de 50 días, pero solo el 52% de sus componentes estaban por encima de sus propias medias de 50 días.

En los últimos 30 años, nunca había ocurrido que el índice estuviera más de 7% sobre su media de 50 ruedas con menos del 55% de sus acciones acompañando. Esto refleja la creciente concentración en empresas vinculadas a la tecnología, que continúan empujando los activos hacia nuevos récords, mientras que el resto del mercado va a contramano de esta tendencia y se ve agitado por la volatilidad geopolítica y su impacto en la economía global.

El sector tecnológico ya representa cerca del 37% del S&P 500, un máximo histórico. Si se incluyen gigantes no clasificados formalmente como tecnología, como Amazon, Alphabet y Meta, pero en la práctica vinculados estrechamente a la industria, el peso "tecnológico ampliado" se acerca a la mitad del índice. En este contexto, Nvidia llegó a superar en valor de mercado a todo el sector salud del S&P 500.

Esto tiene una implicancia directa para cualquier inversor, ya que quien compra "el mercado" hoy está tomando, en la práctica, una apuesta concentrada a IA y mega-tech. La diversificación que se supone ofrece el S&P 500 es, en buena medida, ilusoria, y cuando la concentración es extrema, una corrección en el núcleo arrastra a todo el índice.

"El mercado mundial está concentrado en dos tercios en EE.UU., el mercado estadounidense está concentrado en un 40% en sus diez principales acciones, y el rendimiento de esas acciones depende de una narrativa que asume que las ganancias de la IA generativa se acumularán casi exclusivamente en un puñado de empresas establecidas", advirtió el estratega jefe de BCA, Dhaval Joshi.

Nvidia llegó a superar en valor de mercado a todo el sector salud del S&P 500, símbolo de una concentración extrema que convierte al principal índice bursátil del mundo en una apuesta cada vez más dependiente de un puñado de empresas tecnológicas.

Nvidia llegó a superar en valor de mercado a todo el sector salud del S&P 500, símbolo de una concentración extrema que convierte al principal índice bursátil del mundo en una apuesta cada vez más dependiente de un puñado de empresas tecnológicas.

El segundo riesgo es la valuación de las propias compañías. Las ganancias son reales, pero los precios descuentan un futuro que debe cumplirse con precisión. Así, las 10 acciones de mejor desempeño del Nasdaq 100 en el último año subieron en promedio 784%, por encima del 622% que habían subido las 10 mayores ganadoras antes del pico de marzo de 2000.

En medio de esta coyuntura emerge naturalmente la comparación con la burbuja puntocom y las similitudes y diferencias con aquel período. Frente a esta cuestión, Alberto Bernal, estratega global jefe de XP Investments, rechaza el paralelo directo. "No me atrevería a hacer una comparación con el dotcom bubble del 2000 o 2001", afirmó a Ámbito. Su argumento es que aquel episodio estuvo dominado por compañías sin ingresos ni modelos probados, mientras que hoy "los hyperscalers ganan dinero, no lo pierden".

Sin embargo, el riesgo no requiere que las valuaciones sean absurdas para ser real. Basta con que el mercado esté pagando crecimiento que todavía no se confirmó. Si el capex de IA crece más rápido que los ingresos atribuibles a IA, como ocurrió con la fibra óptica en la era puntocom, el mercado pasará de premiar la inversión a castigarla.

Diego Ferro, presidente de M2M Capital Management, explicó ante una consulta de este medio que si bien "los argumentos de inversión masiva en IA son válidos, hay algo de burbuja". La diferencia con 2000, advierte, no sería necesariamente una caída violenta y generalizada, sino "una carrera con pocos ganadores y muchos perdedores" por dominar la inteligencia artificial.

Las 10 acciones de mejor desempeño del Nasdaq 100 en el último año subieron en promedio 784%, por encima del 622% que habían subido las 10 mayores ganadoras antes del pico de marzo de 2000, la comparación que reaviva el debate sobre si la historia está a punto de repetirse.

Las 10 acciones de mejor desempeño del Nasdaq 100 en el último año subieron en promedio 784%, por encima del 622% que habían subido las 10 mayores ganadoras antes del pico de marzo de 2000, la comparación que reaviva el debate sobre si la historia está a punto de repetirse.

El tercer factor es menos visible, pero más sistémico, ya que el rally tecnológico no se explica sólo por la IA, sino también por un exceso de liquidez global que nunca terminó de absorberse.

En este sentido, Ferro explica que "nunca se absorbió del todo el incremento masivo de balances de los bancos centrales. Esa liquidez hace rato está dando vueltas, y la suba de tasas sólo lo afectó marginalmente". El proceso, precisa, "empezó en 2008, nunca paró y se exacerbó en la pandemia", generando una "masiva inflación de activos".

Fernando Losada, director ejecutivo en Oppenheimer & Co., amplía el cuadro sobre esta cuestión. Según él, "la liquidez global es alta por inyecciones de fondos por parte de varios bancos centrales importantes, en particular China y la Fed. El aumento en el valor del colateral (bitcoin y oro) también contribuye. Además, muchos países desarrollados tienen déficits fiscales muy grandes y hay que financiarlos".

Los spreads de deuda emergente están en mínimos de varios años. De esta forma, el J.P. Morgan EMBI Global Diversified, el índice de referencia más usado para medir el rendimiento de la deuda soberana de los países emergentes, llegó en enero a 245 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2007, según Aberdeen Investments. Cuando esto sucede, significa que los inversores perciben menos riesgo en prestarle dinero a esos países, lo que refleja un apetito global por activos de mayor rendimiento.

Bajo este escenario, el riesgo aparece si esa liquidez empieza a encarecerse. Un giro más agresivo de la política monetaria, impulsado por presiones inflacionarias persistentes, podría forzar una recomposición de portafolios desde activos de riesgo hacia instrumentos de renta fija, con rendimientos reales positivos. Esto no requiere una crisis: basta con que el costo de oportunidad de mantener acciones de alto múltiplo aumente lo suficiente.

El exceso de liquidez que los bancos centrales inyectaron en la economía global tras la crisis de 2008 nunca terminó de absorberse del todo, y la pandemia lo agudizó aún más, alimentando una inflación de activos que hoy sostiene buena parte del rally tecnológico.

El exceso de liquidez que los bancos centrales inyectaron en la economía global tras la crisis de 2008 nunca terminó de absorberse del todo, y la pandemia lo agudizó aún más, alimentando una inflación de activos que hoy sostiene buena parte del rally tecnológico.

El cuarto riesgo es externo, pero con consecuencias directas sobre los otros tres. El principal detonante, en este caso, es el hecho de que la volatilidad en el precio del barril de petróleo, que volvió a superar los u$s100 por la guerra entre Estados Unidos e Irán, desencadenó un salto en la inflación de abril en EEUU, lo que reavivó dudas sobre la trayectoria de la política monetaria de la Fed.

"El riesgo actual es que continúe la guerra, los precios del crudo sigan en tres dígitos y los bancos centrales se vean forzados a adoptar una política monetaria más dura, en un momento en el que las valuaciones de activos de riesgo están por las nubes", remarcó Losada.

La dinámica en este contexto es clara: si una inflación persistente obliga a la Fed a mantener tasas altas por más tiempo, eso eleva el costo de capital para las empresas que más gastan - los hiperescaladores -, reduce el valor presente de sus ganancias futuras y pone en cuestión la rentabilidad del capex masivo en IA. Un shock de oferta energético no resuelto puede desencadenar esa cadena con rapidez.

El FMI advirtió, en este sentido, que un agravamiento considerable de las tensiones geopolíticas, sobre todo en Oriente Medio o Ucrania, "podría desencadenar importantes shocks negativos en la oferta". Una corrección moderada en las valoraciones de acciones de IA, como parte de un endurecimiento general de las condiciones financieras, implicaría que el crecimiento mundial disminuiría un 0,4% respecto al escenario base.

El cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre Estados Unidos e Irán empujó el precio del petróleo por encima de los u$s100 el barril, reavivando la inflación y poniendo en jaque la política monetaria de la Fed en el momento en que las valuaciones tecnológicas se encuentran en máximos históricos.

El cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto entre Estados Unidos e Irán empujó el precio del petróleo por encima de los u$s100 el barril, reavivando la inflación y poniendo en jaque la política monetaria de la Fed en el momento en que las valuaciones tecnológicas se encuentran en máximos históricos.

Dado el peso del sector tecnológico en los índices y su rol como motor del crecimiento económico en EE.UU., una corrección significativa tendría consecuencias que van más allá de las carteras de inversión.

Capital Economics analizó el escenario y concluyó que una corrección del S&P 500 del 12,5% tendría "consecuencias económicas muy limitadas". Incluso una caída del 20% al 30% "no causaría necesariamente una recesión por sí sola", siempre que el contexto económico subyacente sea estable.

La economista jefe de la firma, Jennifer McKeown, argumentó que la historia muestra que "la causalidad casi siempre va de la economía a los mercados y no al revés". Sin embargo, hay un vector de transmisión que cambia ese cálculo: el efecto riqueza sobre el consumo.

En esta línea, el estratega de BCA, Dhaval Joshi, advirtió que el mayor riesgo para la economía mundial en 2026-27 podría ser que "un colapso del mercado desencadene una recesión" y no al revés. Su argumento se apoya en los aproximadamente 2,5 millones de jubilados estadounidenses que salieron de la fuerza laboral después del COVID y sostienen su consumo utilizando su creciente riqueza en inversiones. Si los mercados caen, ese gasto marginal podría evaporarse.

Un escenario más severo involucra la cadena productiva directamente ligada a la IA. En este sentido, el FMI también advirtió que un shock de confianza en el potencial de la inteligencia artificial "podría dar lugar a un declive en la inversión y desencadenar una corrección brusca en el mercado financiero, que se extendería de las empresas del sector de la IA a otros segmentos y mermaría la riqueza de los hogares".

La conclusión que emerge de analistas, datos y organismos multilaterales no es que el rally esté condenado a colapsar ni que los fundamentos sean una ilusión. Las ganancias de las grandes tecnológicas son reales, la demanda de cómputo crece y los hiperescaladores invierten porque tienen razones concretas para hacerlo.

Pero el mercado tampoco está en una zona de comodidad y certidumbre respecto de su rumbo. En este caso, la concentración es históricamente alta, las valuaciones descuentan un futuro que debe cumplirse, la liquidez que infló los activos podría revertirse si la inflación no cede, y un shock geopolítico puede acelerar ese proceso.

Wall Street no parece estar frente a una réplica exacta de 2000, pero sí ante una versión distinta del mismo dilema: una tecnología transformadora, con pocos ganadores claros, y un mercado que puede pasar muy rápido de premiar el crecimiento a castigar cualquier decepción.

La pregunta no es si la IA es real. La pregunta es cuánto de ese futuro ya está en los precios y qué pasa cuando el mundo deja de ser perfecto.

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