Víctor Basterra, el perseguidor
A Silvia Labayru, cuando salió de la Esma después de pasar un año y medio secuestrada, tras las torturas, las violaciones y el nacimiento de su hija en cautiverio, la acusaron de complicidad con los militares. A Ana María Massochi no hizo falta que la señalaran tras sobrevivir al cautiverio y a esos mismos vejámenes: ella misma se exilió en Brasil y no volvió a hablar de lo sucedido hasta hace pocos años. A Víctor Basterra, trabajador gráfico y militante político, también lo señalaron como cómplice. Y sin embargo, su memoria fue la perdición de los genocidas.
A medio siglo del golpe de Estado de 1976, el libro El ojo en la tormenta (Marea), de Pablo Corso, reconstruye la vida, militancia, secuestro y liberación de un hombre que se volvió el perseguidor de quienes lo habían sometido.
"Fui secuestrado, torturado, maltratado, obligado a prestar servicios a cambio de la vida y la libertad de mi mujer y mi hija. Fui humillado durante cuatro años y medio, sistemáticamente", anotó en el Testimonio sobre el Centro Clandestino de Detención de la Escuela de Mecánica de la Armada Argentina, más tarde conocido como Informe Basterra.
No solo había palabras en esa carpeta de cartulina verde esmeralda. Además había fotografías. Basterra había sido obligado a trabajar para posibilitar todo un repertorio de delitos comunes que desplegaban los militares que lo retenían en la Esma. Pasaportes falsos, licencias de conducir truchas, títulos de automotores robados a los desaparecidos... Las habilidades del detenido para reproducir la documentación irregular eran saludadas por los genocidas.
Pero en un momento, cuando Basterra accedió a salidas ocasionales para visitar a su familia, imaginó la posibilidad de retirar del predio de la avenida del Libertador fotografías de sus captores y de detenidos que habían pasado por la Esma.
Hizo unas copias y las escondió entre sus genitales. De habérselas encontrado en la requisa, lo habrían asesinado sin dudas. Pero no sucedió.
En 32 páginas, Basterra anotó nombres, fechas, lugares y acciones. Ahí aparece una lista de 63 detenidos que conoció en la ESMA y qué fue de ellos. Una L para los liberados. Una T para los trasladados (es decir, arrojados con vida al Río de la Plata). También aparecen 89 fotografías de 70 de los captores con sus apodos.
Fueron esas fotos y sus epígrafes los que permitieron una y muchas veces que la Justicia identificara a los responsables de secuestros, torturas, violaciones, robos, secuestro de bebés y asesinato. Basterra fue un perseguidor implacable hasta el último día de su vida. Pese a que muchos lo consideraran sospechoso por haber sobrevivido.
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