Divorcio alpino y la metáfora del matrimonio
Un hombre y una mujer salen de excursión por los Alpes suizos. Van a subir a la cima de una montaña. Se preparan para una caminata exigente, salen del hotel a las nueve de la mañana, es verano, hace calor. Él conoce bien la región: es un deportista experimentado. Ella no. Caminan hasta llegar a un punto panorámico, una saliente que se abre a un precipicio. Todo parece idílico si no fuera porque desde el principio sabemos que la pareja no se lleva bien y que John ha planeado ese viaje con la secreta intención de deshacerse de su esposa empujándola al vacío.
El cuento se llama “Divorcio alpino” y fue escrito en 1893 por el escritor escosés-canadiense Robert Barr. Quizás hoy nadie lo recordaría si no fuera porque el hashtag #alpinedivorce se volvió tendencia unos meses atrás. La etiqueta acompaña posteos catárticos de mujeres que salieron a caminar por la montaña con sus novios o parejas y fueron abandonadas en el medio de la excursión, generalmente con pocas provisiones, equipamiento deficiente y un conocimiento nulo para sobrevivir a la experiencia.
La tendencia podría parecer graciosa —y si una lee los comentarios de trolls (y no tan trolls) que acompañan noticias sobre estas conductas, entre unas pocas expresiones de empatía, esa es la nota que predomina: chistes o reprimendas como “mejor separarse antes de viajar”, “hay que estar prevenida para salir de caminata con el compañero de tu vida”— si no fuera porque en febrero un montañista fue condenado a cinco meses de prisión en suspenso por “negligencia alevosa” al abandonar a su novia en la montaña más alta de Austria durante una tormenta. La chica se sintió mal y él bajó a pedir ayuda, pero mientras tanto, ella murió de hipotermia. Durante el juicio, él fue incapaz de explicar por qué no se le ocurrió envolverla en la manta de emergencia que llevaba en su mochila o por qué le dijo al policía que los contactó por celular que no necesitaban nada.
Lo que más me interesó de todo esto fue que la mayoría de los que usan el hashtag no saben que viene del cuento de Barr. El relato es más una reflexión irónica sobre el matrimonio que un cuento policial (o más, bien, a juzgar por la tendencia, literatura de anticipación). Cuando llega el momento en que John debe empujar a su esposa al abismo, ella se le adelanta y salta, no sin antes avisarle que se ocupó de compartir con todos sus conocidos sus sospechas de que su marido planeaba asesinarla y fingir un accidente.
¿Habrán leído y refinado secretamente a Barr los tipos que abandonan a sus novias en la montaña?
Como metáfora del matrimonio, el precipicio, un siglo después, todavía resuena. Antes Barr había dejado clara su postura: toda unión romántica es una transacción. Nada de almas gemelas, solo hace falta ver la estadística para saber que “nunca nadie en la historia de la humanidad conoció a la persona correcta”.
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