Libertarios atrapados
Es de las construcciones más perfectas del reino animal. Una herramienta de alta precisión y eficiencia. Una trampa mortal para las presas, que quedan atrapadas mientras la eximia cazadora espera con paciencia después de un arduo trabajo de fabricación. Una conexión de puntos exactos para mantener la tensión y la fuerza. Son las telarañas. Redes casi invisibles de hilos incapaces de ser percibidos por la presa. Conectores que, una vez atrapada la víctima, emiten vibraciones y alertan a la expectante araña para que se disponga a engullírsela. Comunicación instantánea. Y letal. Cualquier parecido con las redes sociales no es mera coincidencia. Sino fuente de inspiración. Millones disfrutan. Y millones quedan atrapados. Victimarios que, cuando menos lo esperan, se convierten en víctimas. Redes que se rompen. Vínculos que se destruyen.
Nada más parecido a la disputa interna libertaria. Un universo de expertos en redes, que hicieron del mundo virtual su hábitat, su punto de comunicación, de conexión y fuente de poder. Ahí sumaron seguidores y cazaron incautos. Pero un día todo estalló. Fue, precisamente, por y en la trampa virtual, donde santicaputistas y karimenemistas terminaron de exponer sus conflictos de intereses, sus diferencias de proyectos y los odios construidos. Victimarios y víctimas de su telaraña.
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