Milei atraviesa una crisis de la conducción política
En uno de sus incontables escritos sobre la doctrina del poder Maquiavelo aseguró que la política no acepta vacíos. Ese fenómeno, si se produce, puede derivar en dos cosas. El desorden de cualquier gobierno que esté en ejercicio. O la posibilidad de que la vacancia termine de ser ocupada por la oposición.
El laboratorio libertario de la Argentina muestra en este tiempo la primera de aquel par de opciones. Porque la esterilidad opositora es todavía infinitamente superior a la conventillera arquitectura que va delineando la gestión de Javier Milei. Existe una evidencia difícil de ser negada en la coyuntura: la conducción política presidencial atraviesa una crisis. Porque a medida que transcurrió el tiempo desde 2023 se tendió a confundir el personalismo o la centralidad del líder libertario con la toma de decisiones para que el Gobierno construya un cauce y una lógica.
La única guía que posee Milei es la lucha contra la inflación. Se trata de la demanda social más consistente a raíz de la cual accedió al poder. Esa batalla está inconclusa. Distante aún de las metas prometidas. Acaba de anunciar que el índice que empiece con cero habrá que esperarlo recién para mediados del 2027. No para el agosto que viene. El alza de los precios sigue siendo su obsesión. Y no se repliega.
Por afuera de ese palenque su narrativa política se desarticula. Porque, sencillamente, no se trata de una materia que domine. Confunde griterío con autoridad y persuasión, elementos que deben combinarse con virtuosismo para consolidar una conducción eficiente. Cuando desembarca en territorios ajenos a la lucha contra la inflación parece flaquear de manera peligrosa.
En las cinco horas de streaming en un día que consumió la semana anterior –se añaden a las tres horas cotidianas en X/Twitter— pontificó que la fuerte caída de la natalidad en la Argentina registrada en una década, que orilló el 47% entre 2014 y 2024, responde a la aplicación de la ley del Aborto. La tasa de fecundidad ha alcanzado por mujer 1,23 hijos. El promedio histórico fue de 2,1.
El Presidente ni siquiera reparó que aquella reglamentación recién entró en vigencia en nuestro país en 2020. Una lectura sin demasiado detalle del asunto revela que se trata de un problema global que excede regiones e ideologías. Con multiplicidad de razones que a esta altura resulta aún muy difícil descifrar.
Veamos un caso que le puede resultar familiar a Milei. Antes de haber sido derrotado en las elecciones de abril tras 16 años de poder, Viktor Orbán implementó en Hungría una agresiva estrategia demográfica basada en incentivos económicos y exenciones fiscales masivas. El aborto en aquella nación fue legalizado abiertamente en 1992 pero Orbán impuso en su gestión infinidad de limitaciones para complicarlo. Solo en 2025 la natalidad cayó más del 7% respecto del 2024.
Resulta difícil pensar que, planteado de ese modo con gruesas falacias, la cuestión del aborto pueda formar parte con seriedad de la batalla cultural a la que acostumbra a referir el Presidente. No se trata de la única cuestión. En cada charla académica (esta semana lleva dos) esgrime la moral como bandera irrenunciable de las políticas del Estado. Detrás de esa prédica exalta la figura del excandidato a diputado José Luis Espert y mantiene arropado como jefe de Gabinete a Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Solo por citar un par de ejemplos entre muchos.
El problema no radica en su gesto defensivo de aquellas figuras sino en los argumentos fraudulentos que utiliza para llevarlo a cabo. Afirmó que Espert es inocente y que fue víctima de una operación “política y mediática infame”. Tomó como base un fallo judicial en Estados Unidos que retiró, luego de una negociación, los cargos de narcotráfico al empresario Fred Machado. Este se autoincriminó por lavado de activos y fraude electrónico. Así se formalizó la transa.
Machado fue financista en la campaña de Espert del 2019 y mantiene dos causas penales activas por presunto lavado de dinero y fraude. Posee sus bienes y cuentas bancarias congeladas. Espert podrá esclarecer su realidad, tal vez, cuando explique las razones del cobro de 200 mil dólares por una consultoría que nunca hizo a una empresa ligada a Machado. Ya no está en el universo libertario.
Adorni continúa como jefe de Gabinete y viene generando hacia adentro del Gobierno una crisis de profundidad, algunas de cuyas burbujas recién salen a la superficie. De nuevo la narrativa de Milei fracasó. Aseguró hace más de dos semanas que el contador presentaría de “manera inminente” su declaración patrimonial. No sucedió. La vicepresidenta Victoria Villarruel ironizó en las últimas horas: “Todavía la estamos esperando”.
Nadie supone que el Presidente pueda estar interesado en subsanar un vínculo con aquella dama que se rompió de manera prematura. Resulta complejo de entender, en cambio, el resguardo del jefe de Gabinete cuya onda expansiva resulta extremadamente dañina hacia afuera y adentro del Gobierno. El escándalo de Adorni ha detonado el sistema de poder libertario que signó la mitad del mandato.
La batalla recrudece entre Karina, El Jefe, y Santiago Caputo, el joven dedicado a las comunicaciones libertarias. Numen de las llamadas Fuerzas del Cielo y estímulo para los militantes digitales. Lo que alguna vez se conoció, con Milei de vértice, como el Triángulo de Hierro. Aquella confrontación entre las dos principales figuras que rodean al Presidente escala de tal manera que resulta imprudente anticipar cualquier epílogo.
En especial, porque los ejércitos que participan incorporan a la refriega a casi todos sus soldados. De un lado la familia Menem, con Martín, el titular de Diputados, y Eduardo “Lule”; y del otro los trolls caputistas que desde hace algún tiempo se habían llamado a un repliegue.
Milei nunca hará nada en contra de Karina, la hermanísima. De hecho, le ha permitido avanzar sobre el Ministerio de Justicia y la elección de jueces que Caputo junior consideraba como derechos de su órbita. Tampoco objetó la decisión de la secretaria General de ocupar con Sebastián Pareja la Comisión de Seguimiento de los Organismos de Inteligencia de Diputados. Una movida con víctimas dobles. El joven asesor, que regentea la SIDE, se siente fiscalizado. Cristian Ritondo, el jefe del bloque del PRO, decepcionado. Le habían prometido el lugar que acaba de ocupar el diputado bonaerense libertario.
Caputo junior sigue conservando el vínculo de la diplomacia paralela con Estados Unidos que el Presidente nunca objeta. Es, se sabe, primordial para su estrategia económica y las relaciones internacionales.
Milei aparece frente a este escenario interno hostil como un observador. Deja hacer y nunca lauda. Un estilo que se conjuga con el frecuente vaciamiento de su palabra pública. Forma de conducción que desconoce las reglas fácticas del poder. Y se expone a que en cualquier momento se le vuelvan en contra.
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