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clarin.com · hace 9 horas · Clarin.com - Home

Recuperar el debate, el gran desafío argentino

Recuperar el debate, el gran desafío argentino

En innumerables oportunidades se ha escuchado que en nuestro país se perdió el diálogo. Particularmente no comulgo con esas tesis. Por el contrario, los argentinos hablamos mucho y escuchamos mucho también, pero escuchamos sólo lo que nos conviene. Entonces, realmente no se perdió el diálogo, lo que se perdió es el debate.

El debate se ha clausurado en nuestro país y es necesario recuperarlo. No es exclusivamente por este gobierno, sino que proviene de períodos anteriores. Tendemos a atomizarnos y sólo intercambiar opiniones con los que piensan igual que nosotros. Cuando esto sucede, nos acostumbramos al individualismo, a pensar sólo en nosotros mismos.

La revolución tecnológica ha contribuido consecuentemente con esto. Algoritmos preparados para mostrarte la realidad que querés ver y las voces que querés escuchar. Todo perfectamente planeado para no interpelar, sino para reforzar los esquemas psicológicos, sociales y políticos que nos armamos mentalmente.

Esto es un círculo vicioso que termina ejerciendo una dominación sobre nuestra capacidad analítica y en este contexto es donde surgen los nuevos líderes. Los politólogos Abraham L. Newman de Georgetown y Stacie Goddard del Wellesley College, acuñaron un nuevo término denominado “neomonarquismo” que expone la falta de liderazgo consustanciado con identidad y compromiso, sino con nuevos “reyes” absolutistas con personalismos irracionales y superficiales. Lógicamente no es un problema endémico de nuestro país, sino que atraviesa a gran parte de occidente, donde el individualismo es lo que impera.

Esta nueva definición no es azarosa. Porque, como los monarcas feudales, los nuevos líderes vástagos de este clima de época piensan que el Estado le corresponde a su gobierno, pero lo cierto es que le pertenece a la comunidad. Hasta incluso muchos se arrogan la capacidad de decidir hacer cambios culturales a piacere. Otro error, porque en toda la historia de la humanidad, estos fenómenos surgen a partir de la ciudadanía, de abajo para arriba y no al revés.

Estas transformaciones nacen a partir de la “gente de a pie”, de sus realidades, su evolución, su intercambio y, principalmente, su interrelación. Todo lo contrario al individualismo narcisista de estos tiempos. Por eso el desafío es muy grande y justamente es recuperar el debate. Volver a intercambiar ideas, deliberar y crear nuevos esquemas a partir de las distintas opiniones que todos tenemos.

Eso es lo que garantiza que esa riqueza de pensamiento que cada uno encierra termine en organización colectiva, porque es lo que permite generar la síntesis de las acciones para poder cambiar las realidades que indudablemente nos afectan. Este es el gran desafío.

Ante este panorama hay que reaccionar, pero no de cualquier manera. Lo tenemos que hacer inteligentemente, por supuesto, no tirándonos por el precipicio. Pero la reacción tiene que ver con empezar a reconstruir el debate. Lo que significan los compromisos con las causas y lo que significa la identidad con una idea para volver a jerarquizar la política.

No podemos vivir de outsider en outsider que se turnen para denostar la “cosa pública” (Res Publica en latín). Y lo digo en esos términos, porque cada vez menos se piensa en la República, acá y en gran parte del occidente.

Las personas que lleguen a liderar un Estado tienen que honrar el cargo y tienen una gran responsabilidad. No pueden ni deben usufructuar de ese cargo, sea del ejecutivo, legislativo, judicial, sindical. Sea donde sea hay que tener una nobleza a la altura de lo que la historia demanda.

Si necesitamos un cambio de gobierno o no, eso lo dejo a discreción de la propia opinión de cada lector que transite estas líneas. Este escrito pretende ir más allá, aspira fundamentalmente a que el gobierno sea un instrumento para devolver el Estado a la comunidad con valores que nos han legado retomando el debate sin caer en un espiral de nostalgia.

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