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clarin.com · hace 10 horas · Clarin.com - Home

Peter Thiel, Palantir y el ojo que vigila la Argentina

Peter Thiel, Palantir y el ojo que vigila la Argentina

Lo primero que llama la atención de quien explora la filosofía es que Peter Thiel y Alex Karp, los fundadores de Palantir, han logrado lo que nadie antes: mercantilizar la metafísica.

La filosofía, que durante siglos construyó la estructura profunda del pensamiento humano, nunca había generado tanto dinero. Ni tanto poder. Mercantilizar la metafísica es volver rentable —en el sentido más amplio— a la reflexión filosófica en tiempos de desierto reflexivo.

Para Palantir, la rentabilidad es poder. Y el poder es poder de confrontación. “La era atómica está llegando a su fin. Una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar”, sentencia el manifiesto reciente de la compañía.

La información, para ellos, es más poderosa que todas las bombas atómicas del mundo.Thiel y Karp no son místicos: son profetas hiperrealistas. Y Thiel está instalado en la Argentina. Compró una casa en Buenos Aires y, el 23 de abril de 2026, se reunió con Javier Milei en la Casa Rosada.

Algo percibió, vio, anticipó aquí. Un enigma que la mayoría aún no hemos detectado.La IA, según ellos, debe ser manejada por élites de poder. Allí se vuelve realmente eficiente. Es el “decisionismo” de Carl Schmitt: la historia no la hacen los pueblos, sino quienes deciden en la excepción.

Palantir Technologies no es solo una empresa de software de análisis de datos. Es una entidad construida sobre cimientos filosóficos que desafían el liberalismo clásico y se adentran en un realismo ontológico procesado por algoritmos.

La ontología es la estructura íntima del Ser. Para Palantir, el Ser es información y poder.El nombre mismo lo revela todo. Las palantiri de Tolkien eran piedras videntes que permitían observar lo lejano y lo pasado.

En la práctica, Palantir no recolecta datos por sí misma: interpreta signos en rotación, captura lenguaje público y procesa escenarios futuros. Su premisa es que el caos informativo solo se vence cuando la intuición humana colabora con el procesamiento masivo de datos.

A diferencia de otras IA que buscan reemplazar al analista, la arquitectura de Palantir es simbiótica: humanos e IA son gemelos. La máquina es copiloto. El piloto es el rey filósofo, el líder que ve hacia adelante.

¿Para ellos es Milei?Pretenden venderle al Estado sus servicios por cifras que van al infinito. Materialismo y capitalismo in extremis, sí. Pero también posiciones teóricas potentes.Filosóficamente, Thiel defiende la agencia humana frente al determinismo tecnológico. Se distancia así de competidores que apuestan por la automatización total y ciega.

Para entenderlo hay que volver a su mentor en Stanford: René Girard. Para Girard, el deseo es mimético. No deseamos solos: deseamos lo que otros desean. De allí surgen los choques inevitables entre tribus. Occidente mira el futuro de un modo; las satrapías y califatos, de otro.

La guerra, en esa lógica, trasciende a Trump o a la coyuntura. Palantir se posiciona como la herramienta que identifica patrones de conflicto antes de que estallen y actúa —dicen sus dueños— como freno a la violencia mimética global.

A esa matriz se suma Leo Strauss: la distinción entre enseñanza exotérica (para las masas) y esotérica (para las élites). Para la tribuna, una cosa; para quienes mandan, otra. Palantir opera en las sombras, gestionando información sensible que sostiene el Estado profundo.

Thiel no le teme al escándalo: pregona el fracaso de la democracia, ahogada en burocracia, y propone monarquías convivientes. Steve Jobs fue un monarca. Bill Gates, otro. Elon Musk también. Por eso sus empresas funcionan.Alex Karp, el CEO y socio de Thiel, aporta otra capa. Doctor en Filosofía Social por la Universidad de Frankfurt, se formó bajo Jürgen Habermas.

Esa escuela le da a Palantir su pátina de legitimidad ética. Karp sostiene que, en un mundo de amenazas asimétricas, la única forma de preservar las libertades civiles es con un control de datos extremadamente preciso que evite medidas autoritarias generalizadas.

Es Habermas invertido: donde el alemán conjuraba daños con diálogo y disidencia, Karp los previene con vigilancia quirúrgica. La instalación de Thiel en la Argentina no es arbitraria. Es una alineación ideológica con el giro anarcocapitalista y la desregulación extrema.

Para él, el país es un laboratorio único donde el “Estado mínimo” puede converger con la “eficiencia máxima” de la gestión privada de datos. El interés de Palantir en el Cono Sur se concentra en tres ejes: seguridad y narcotráfico (análisis predictivo en zonas críticas), eficiencia del gasto público (auditoría de asistencialismo y eliminación de intermediarios) y recursos naturales (monitoreo de litio y Vaca Muerta, donde la logística de datos es clave).

La llegada de estas tecnologías plantea un dilema epistemológico y político. Si la información es el nuevo lenguaje del poder, la soberanía ya no se mide solo en territorio, sino en quién posee las claves de interpretación de la realidad social.

La Argentina de hoy, en su retórica búsqueda de modernización disruptiva, abre las puertas al ojo de Thiel. Y al hacerlo acepta no solo un software: acepta toda una cosmovisión que cuesta muchísimo dinero y que, creen en el oficialismo, es la respuesta posible a la histórica decadencia institucional.

Miguel Wiñazki

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