← Volver
clarin.com · hace 11 horas · Clarin.com - Home

La regla no escrita del balotaje y sugestiva cena de Macri a Mendoza

Ignacio Zuleta

Este es un gobierno con escaso liderazgo político, preso de los cuentapropistas que aprovechan la volatilidad del momento y la debilidad de los opositores para avanzar sobre cargos antes de que cambie la gestión. Es una cuestión de tiempo, un factor que los políticos no tienen en cuenta.

Napoleón decía: "Puede ser que en el futuro pierda algunas batallas, pero jamás perderé un minuto". Tampoco Patricia perdió un minuto para hacer un disparo hacia Olivos. En la sesión de Labor Parlamentaria del jueves, la que prepara las sesiones del Senado, José Mayans intimó a Victoria Villarruel para que cite a Manuel Adorni a que le ponga día y fecha a su informe ante la cámara, que le toca este mes al Senado.

Diligente, respondió Patricia: me ocupo yo, le voy a pedir que ponga día y fecha. A eso respondería Martín Menem, cuando dijo en el reportaje a Clarín del domingo que él prefiere que ciertas cosas de Manuel Adorni no se hablen en público: “Yo siempre voy a preferir que cualquier tipo de manifestación se hable puertas adentro”.

El Gobierno aplica con Adorni un plan de resistencia que describe bien Sir Basil Liddel Hart, el estratega más importante del siglo XX: “Cuando la debilidad de un punto es obvia, suele serlo porque se trata de una posición alejada de cualquier arteria o centro neurálgico vital, o bien porque se mantiene deliberadamente debilitada para atraer al agresor hacia una trampa”. Quien quiera oír que oiga.

Con un gobierno débil, una oposición camaleónica -cambia de color según la ocasión, como cantó el llorado Chico Novarro- y una colectividad que trata de sujetarse en el plano inclinado, se abre la temporada de cacería. A cada cual le va como puede. Algunos se van al pasto como Martín Menem. No tenía ninguna necesidad de subirlo a Mauricio Macri a la cancha.

El jefe de Diputados admitió en el reportaje del domingo en Clarín que una candidatura del jefe del PRO beneficiaría al peronismo. Con celeridad digna de mejor causa, este Menem puso en la agenda algo que pocos han advertido hasta ahora. El oficialismo llegó al gobierno y se ha mantenido en el primer tramo de la presidencia de Milei gracias al favor del electorado y la dirigencia de la demografía de lo que fue Cambiemos desde 2015.

Ahora, llegado el momento de dar de nuevo la baraja, la candidatura de Milei a un nuevo mandato depende de que esa dirigencia siga renovándole la capacidad de juntar al electorado que, sumada, puede vencer a un peronismo unido. Una ley no escrita dice que quien se divide pierde, en el país en el cual el 80% del electorado se reparte entre dos familias políticas. Son las que representaron en lo que va del siglo las coaliciones de Cambiemos y la del frente peronista.

Con la declinación de prestigio del oficialismo en las encuestas -un espejismo al que no hay que atribuirle capacidad profética-, los protagonistas toman posiciones para unas elecciones para las que faltan apenas un año y medio. Con PASO o sin ellas, en menos de un año los partidos deben tener resuelto el arbitraje de los candidatos que se tienen que anotar en junio de 2027 a unas primarias que se harán en agosto.

El reconocimiento de Martín, que es Menem, expresa la opinión sincera del comisariato político de la presidencia, que integra con su primo lejano "Lule". De esa etnia salen las directivas políticas del Gobierno, que se ratifican con la cobertura de la hermana presidencial para darles entidad política. El envión que le está dando Macri a su partido, con una gira nacional de reuniones partidarias, busca montar un tinglado que:

1) Negocie un eventual acuerdo con La Libertad Avanza que sea más airoso que el de 2025, que le permitió al oficialismo aumentar su número en el Congreso y que deterioró la representación del PRO.

2) Un reparto de jurisdicciones en que se le respete al PRO aquellas comarcas que gobierna, principalmente la CABA, santuario del partido en donde gobierna desde hace años sin oposición solvente. Ni la elección local del año pasado resistió ese dominio. Ganó LLA, pero en votos, el espacio de representación del voto de Cambiemos sacó la misma cantidad, repartida en por lo menos cuatro marcas que, en una emergencia para mantener el poder, se unirán sin lágrimas.

3) Alzar una candidatura del PRO, con Macri o sin él, que le quite votos a un Milei perdidoso en 2027.

Si Milei termina lo mal que presume Macri, será un mal socio para las dos primeras alternativas. Una construcción autónoma del PRO deberá representar a todo el arco del centro derecha moderado, esos 41 puntos de sus mejores elecciones. Sería frente a un peronismo que demostró el año pasado, en el peor momento de su historia, retener el 34% de los votos.

Con lo poco que obtenga, una candidatura del PRO solo o con un frente de partidos de centro dividiría el espacio mileísta, y como teme Martín, haría ganar al peronismo en primera vuelta. El juego quedaría librado a otra ley no escrita de la Argentina: el que sale segundo gana el balotaje, la segunda vuelta, porque en la Argentina de la Constitución reformada, el poder se lo queda el partido del balotaje, otro pergeño que hay que construir a medida de cada momento. Lo demás es literatura barata.

Macri tiene previsto estar en Mendoza este viernes 22 para reunirse con dirigentes del Gran Cuyo, es decir Mendoza, San Luis, San Juan y La Rioja. El anfitrión es la estrella del PRO de esa provincia, el intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino. Es la gran esperanza blanca del partido para el futuro. Atento a esa visita, Alfredo Cornejo se anotó para cenar a solas con Macri.

El gobernador tiene que despegarse de la foto forzada esta semana con Manuel Adorni que eligió, para varearse por esa plaza, inaugurar una granja solar innombrable para él: “El quemado”, le pusieron. Macri mortifica al gobierno y a sus socios, como Cornejo, con disparos de media distancia. Como el que precedió a su cumbre en Vicente López.

Fue una edición del boletín mensual de la Fundación Pensar, que este mes se trae un título alentador: Sobreviviendo. El contenido es el resultado de una encuesta de Poliarquía que explica Alejandro Catterberg. La síntesis de ese informe es un cañonazo contra el gobierno:

1) Un 55% de los argentinos creen que el debilitamiento de la situación económica es culpa de las políticas de Milei, mientras que un 38% sigue sosteniendo que es la herencia de Massa.

2) Solamente 1 de cada 10 argentinos creen que el Gobierno está resolviendo los problemas económicos.

3) El 58% de los argentinos creen que el país está yendo por el camino equivocado.

Esta volatilidad que afecta a oficialismo y oposición hace que todas las intenciones se disuelvan ante cualquier versión. El Senado dio la prueba el jueves. En una votación benefició al cristinista Wado de Pedro; el recinto le aprobó por 35 a 33 una moción de preferencia para tratar en la próxima sesión el rechazo de la privatización de AySA. No impedirá que el proyecto de privatizar AySA siga el rumbo que anunció el gobierno.

El mismo recinto aprobó por 58 votos contra 11 el pliego de Carlos Mahiques para ser 5 años más camarista de la Casación. Es un cambio profundo al cual tendrá que adaptarse la Argentina institucional. El voto de los legisladores elegidos por unos partidos fragmentados y balcanizados obliga a que el poder deba negociar de a uno el voto para cualquier decisión.

Ninguna formación tiene liderazgo claro, dejó de existir la disciplina partidaria. La cacería aprovecha la pulverización de los partidos y de los bloques legislativos para asegurarse un futuro más allá de lo que digan las elecciones de 2027, que dependerán también de un universo partidario fragmentado.

Con este Congreso se trata de presionar las botoneras adecuadas para sacarle el voto para algo que requiere mayoría especial, pero que tiene perpetuidad o ilusión de perpetuidad como la Suprema Corte, la Procuración General y las defensorías.

Todo se puede conversar, desde ya. Sobran los proyectos en el Congreso para cubrir vacantes pendientes desde el gobierno de Macri. Por algunos pasillos del Senado circula una concertación de fondo entre Jorge Capitanich y Patricia Bullrich para un proyecto de reforma de la Suprema Corte.

Algo reveló el chaqueño en el recinto el jueves, cuando dijo que "es una vergüenza y una afrenta que la República Argentina tenga tres miembros y no cinco. Por lo menos cinco, porque en realidad debería ser una corte ampliada de nueve miembros".

Capitanich tiene en carpeta también una reforma del plazo del mandato del Procurador General, jefe de los fiscales. Es para sacarle el carácter vitalicio y ponerle 5 años de límite. No es nueva esta idea, pero la rechazan algunos de los postulantes. Si es cierto que ese cargo lo pretenden el actual ministro Juan Mahiques y el juez Ariel Lijo, con tal de tenerlo harán avanzar la ley para ponerle esos 5 años de plazo. Es un límite que le acorta poder.

Si se generaliza el sistema acusatorio que les da a los fiscales la investigación de las causas, la procuración será un poderosísimo sistema. En algunos países como Estados Unidos y México, el Procurador General es directamente el ministro de Justicia. Es la idea que trajo en 2003 Esteban Righi cuando fue designado Procurador de Kirchner.

El “Bebe” había pasado su exilio en México y estaba convencido de los beneficios de unificar esos cargos. Nicolás Becerra, que ocupó el cargo con Carlos Menem, dijo: "Si yo no hubiera sido designado con acuerdo de los 2/3 del Senado y con cargo vitalicio, no hubiera tenido la libertad política para dictaminar en contra de la re-reelección".

Atenta a no romper con las bancas aliadas al Gobierno, Patricia es visitante frecuente de la oficina del grupo de asesores del bloque de la UCR, sede de una mesa de negociaciones que coordina el exsenador Víctor Zimmermann, donde se filtra y se evalúa la votabilidad de cada proyecto que presentan el oficialismo y la oposición.

En esa comisión es donde se acordó hacer caer el capítulo que terminaba en la liquidación de la Ley de Villas, una iniciativa que concertaron la Iglesia y el Estado nacional durante tres gobiernos -Macri, Alberto, Milei- para recuperar la urbanización de más de 6 mil barrios populares. Por allí pasó, fugaz, la idea de reflotar el demorado proyecto de extinción de dominio. No duró mucho.

El acuerdismo que alimenta Patricia lo habrá hecho a cambio de algún apoyo del peronismo a otras aristas de su campaña -que ya tiene novedades, como el proyecto de Despacho Abierto-. Una iniciativa de invitar a vecin@s de la Capital que han manifestado apoyo hacia ella para que hagan visitas acompañadas al palacio de las leyes.

Con rapidez pampa, Guillermo Francos puso ya en la cancha a un candidato a la Suprema Corte. No está en el gobierno, aunque es director de la empresa estatal más próspera, YPF. Propuso por Radio Mitre al presidente Federico Pinedo. Lo hizo al ponderar afirmativamente una nota del exsenador en la cual defiende la constitucionalidad del recorte de los presupuestos a las universidades.

Un artículo de fe de la feligresía cultural del oficialismo. Pinedo es un abogado de prestigio con experiencia en comunicaciones, tiene trayectoria política como hombre de entendimientos multipartidarios. Representó al PRO en todos los terrenos y fue presidente en la transición episódica de Cristina a Mauricio. Tiene un entendimiento por encima o por debajo de las pequeñeces con Cristina.

Cuando el PRO ganó las presidenciales en 2015, ella ordenó al bloque del peronismo que apoyase la candidatura de Pinedo a presidir el Senado, cuando ese cargo podía cubrirlo el peronismo por mayoría de votos. Lo había hecho con Ramón Puerta en 2001, cuando gobernaba Fernando de la Rúa.

Antes, Cristina lo había designado a Pinedo como presidente de la comisión que reformó el Código Penal junto a especialistas de todos los partidos. Recordó cómo Hipólito Yrigoyen había designado al conservador Rodolfo Moreno para reformar ese mismo código en 1921. Le sobran entendimientos para un cargo que, si se lo dieran, cubriría por 5 años.

Tiene 70 y la Constitución le pone un límite. No es difícil imaginar que podría tener los votos del peronismo para ser designado, aunque debería ganarse el voto de la bancada radical, que tiene 10 senadores. Es más difícil que esa bancada supere las diferencias históricas que tiene con los conservadores.

Ignacio Zuleta

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín