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clarin.com · hace 15 horas · Clarin.com - Home

¿Qué es la "civilización occidental"?

¿Qué es la "civilización occidental"?

En mayo 8 fue el primer aniversario de la elección de León XIV, el primer Papa estadounidense (yo había apostado que Robert Prevost, dado el contexto global, era el más probable). Y en un artículo en estas páginas, pocos días después de su elección, usé la idea de Huntington y las “civilizaciones,” especialmente el papel central de la fe y las creencias, para discutir el papel crucial del nuevo Papa, tanto a nivel mundial, como dentro de EEUU (dada la importancia del voto católico, que es más del 20% de los votantes y que ha venido oscilando entre ambos partidos principales).

Desde entonces, son conocidas las diferencies entre autoridades de EEUU y el Vaticano en algunos temas como el tratamiento de inmigrantes y, ahora, la guerra en Medio Oriente. El viaje del Secretario de Estado de EEUU al Vaticano en mayo 7 es parte de los esfuerzos para estabilizar esa relación.

Acá trato de analizar estos temas en el marco más general de Huntington y sus “civilizaciones,” aplicado a dos aspectos. Uno es la idea de la “desaparición de la civilización occidental,” mencionada por la US National Security Strategy y por altas autoridades de EEUU en la Conferencia de Seguridad de Munich; y el segundo, es la guerra en Medio Oriente.

Respecto de lo primero, la discusión es si la fe “cristiana” es (o no) la base de esa “civilización occidental” y sobre la separación Estado/Iglesia. Por un lado, Francis Fukuyama y otros, han argumentado que, si bien la civilización occidental tiene conceptos morales de la tradición cristiana, lo fundamental ha sido “El Iluminismo” del siglo 17 y 18, que ha eliminado lo religioso y creado un humanismo secular.

Pero, por otra parte, como ya argumentó Nietzsche, la “muerte de Dios” deja a ese humanismo sin una base trascendente, y entonces se necesita “un supra hombre” (o “superhombre”) que le dé fundamento. Pero ese super/supra hombre puede dar lugar al “hombre fuerte,” o al nihilismo donde cada uno decide qué es moral, o quizás a otras posibilidades.

Hay ejemplos a nivel internacional de “hombres fuertes” que parecen decidir, en base a su propia interpretación de la moralidad, cómo y para qué se aplica el poder del Estado. Por otro lado, un ejemplo puntual de individualismo puede ser el caso judicial actualmente entre el Estado de Nueva York y las Hermanas Dominicanas que operan un sanatorio para pacientes terminales de cáncer y que fueron amonestadas administrativamente por no seguir el género elegido del paciente -no el biológico- en el uso del baño, pronombres y otros aspectos.

Y frente a diversas manifestaciones de esta “religión secular,” se han estado haciendo cada vez más vocales grupos de católicos y protestantes que quieren un gobierno dirigido por la moralidad de su religión, y, en algunos casos, aplicada coercitivamente (lo que, en un extremo, es el enfoque de los ayatolas de Irán).

La naturaleza de la separación Estado/Iglesia es parte obvia de esos debates. ¿Se seguirán ejemplos como el del rey David reconociendo que pecó contra Dios cuando el profeta Natán le reclama haber propiciado la muerte del esposo de la mujer que él deseaba?; ¿o la admonición de Jesucristo diciendo “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”?

O, en otro nivel y mucho más reciente en los EEUU, ¿se seguirá lo que se llamó el “balance de Tocqueville”, quien notó que dentro de la separación Estado/Iglesia, la religión daba el horizonte moral, pero con libertad de conciencia, que evitaba que la democracia colapsara?

Los intercambios entre la Casa Blanca y el Papa estadounidense han vuelto a resaltar estos debates, cuyas implicaciones hay que seguir analizando.

Paso al segundo punto: su aplicación a la guerra del Medio Oriente, en dos aspectos. Primero, hay un fuerte debate entre protestantes en EEUU acerca de si la civilización occidental es “judeo-cristiana” (que entre otras cosas implicaría la promesa de Dios a Abraham a tener su tierra); o si el “pueblo de Dios” de la Biblia no es el actual, y las promesas bíblicas ya no corresponden (como argumentan Tucker Carlson y otros “influencers” distanciados ahora del gobierno de Trump por la guerra en Irán).

Esta discusión está dividiendo el voto protestante, clave para el Partido Republicano (pero no afecta directamente al voto católico, dadas las definiciones del Concilio Vaticano II sobre la continuidad bíblica del actual pueblo judío).

El otro aspecto, es el concepto de la “guerra justa” que se originó en San Agustín, lo elaboró Santo Tomás de Aquino, y, después de un largo camino, terminó incorporado sustancialmente en la Carta de las Naciones Unidas.

Diferentes grupos católicos y protestantes están discutiendo sobre si la guerra de Irán es o no “justa,” incluyendo la noción de “amenaza inminente” y el tratamiento de la población civil.

Los debates mencionados, junto con el impacto económico de la guerra sobre los votantes de EEUU, van a afectar las elecciones legislativas de noviembre y también la resolución de la guerra en Medio Oriente.

Obviamente para esto último hay otros factores cruciales, como la velocidad del deterioro militar, económico y social en Irán; la reacción de Israel y los países árabes; la evolución de la guerra Ucrania y Rusia; y lo que haya dejado la reunión entre los mandatarios de EEUU y China de días atrás en Beijing. Pero siempre ayuda pensar en las “civilizaciones” de Huntington para tener un panorama más completo.

Eugenio Díaz Bonilla

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