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clarin.com · hace 13 horas · Clarin.com - Home

El socialismo democrático frente a su ocaso

Juan Luis Cebrián

La debilidad creciente de los partidos socialdemócratas europeos ha llegado también esta semana al mismísimo Labour Party del Reino Unido, y puede agravarse aún más en España, si se confirman los sondeos sobre las elecciones regionales autonómicas en Andalucía que se están celebrando hoy domingo.

En ambos casos parecen determinantes los resultados de unas elecciones locales: las que dieron la victoria al ultraderechista Farage hace apenas diez días en el Reino Unido, y los sondeos que anuncian que los comicios andaluces puede constituir la mayor derrota del PSOE desde que se celebran elecciones democráticas en España.

El triunfo del ultraconservador británico, acérrimo partidario del Brexit, augura más dificultades a la hora de intentar un retorno del país a la Unión Europea. Y la derrota previsible del socialismo andaluz debilitará aún más la expectativas a corto y medio plazo del partido de Pedro Sánchez.

Respecto a este último, una serie de escándalos y sospechas de corrupción que afectan a la propia familia del presidente, y a sus más cercanos colaboradores históricos, continúan debilitando la gestión y el futuro del gobierno, y comienzan a castigar también la figura del antiguo primer ministro Rodríguez Zapatero.

A ello se suman las consecuencias de un horrible accidente ferroviario que costó hace unos meses más de cuarenta vidas en Adamuz, provincia de Córdoba. Se sospecha que la catástrofe se debe a la negligencia de la gestión pública en el mantenimiento de las vías.

También es de lamentar la falta de empatía de las autoridades del gobierno con las víctimas, puesta igualmente de relieve esta semana en ocasión de la muerte en acto de servicio de dos guardias civiles durante la persecución a unos narcotraficantes.

Lo que resulta divergente, en cambio, en los procesos británico y español es la actitud de los representantes de los respectivos partidos. Mientras que un centenar de los comunes socialistas ingleses reclaman la dimisión de Starmer y la elección de un nuevo líder, los miembros del PSOE en el Congreso apoyan a ojos ciegos la continuidad de Sánchez que ha convertido su partido en una sociedad clientelista y de indiscutible obediencia al mando.

También le apoyan todavía los que facilitaron su investidura, como los independentistas vascos y catalanes, algunos herederos del terrorismo de Eta y miembros de pequeñas formaciones residuales de la izquierda. Aunque son críticos a veces con algunas decisiones y políticas del gobierno, hasta el punto de que este lleva toda la legislatura sin poder aprobar un solo presupuesto, continúan decididos a seguirle manteniendo.

Hace una semana terminó la vista oral del juicio contra el ex ministro Ábalos, hombre fuerte del sanchismo, y sus cómplices de la llamada banda del Peugeot. Uno de ellos declaró además ante el tribunal que el número uno y líder de la misma era ni más ni menos que el propio presidente.

Aunque el fiscal en su informe dijo no creer semejante afirmación, sobre la que el testigo no ofreció prueba concreta alguna, sugirió no obstante al tribunal que tuviera en cuenta su colaboración con la Justicia a la hora de decidir sobre la pena aplicable. De reducirla en atención a su colaboración con la Justicia, podría permanecer en libertad pese a tener pendiente otro juicio sobre el eventual fraude de doscientos millones de euros a la Hacienda pública en el comercio de Hidrocarburos.

Ahí aparece la figura de Delcy Rodríguez, antigua ministra de ese negociado en Venezuela y actual presidenta de la República, de la que Rodríguez Zapatero confiesa ser amigo íntimo. Las relaciones de este con la dictadura chavista y la sospecha de que pudiera estar relacionado con ayudas estatales a la compañía aérea Plus Ultra en una oscura operación, alimentan la posibilidad de que se abra una investigación estatal sobre él. Y aunque Sánchez asegura que no sabia nada de la corrupción de sus lugartenientes, la creencia extendida es que resulta imposible tanta ignorancia.

Los partidos socialdemócratas británico y español son en la práctica los únicos supervivientes de una formación históricamente protagonista de la recuperación europea tras la Segunda Guerra Mundial. Junto con los demócratas cristianos construyeron las bases y son responsable del desarrollo del llamado estado del bienestar que caracteriza a los miembros de la Unión Europea.

Pero esta se ve cada día más debilitada por su ampliación a 27 miembros, a veces precipitada tras la caída del muro de Berlín, el deterioro de las clases políticas, y el actual distanciamiento de la políticas de Trump. Europa se había convertido en un verdadero protectorado militar de los Estados Unidos y sus dirigentes se muestran ahora perplejos ante la necesidad de construir un ejército autónomo capaz de defender la autonomía del continente.

La guerra de Ucrania, cuya evolución amenaza la autonomía de las antiguas repúblicas colonizadas por Moscú, atemoriza a las poblaciones de los países que mantienen fronteras con lo que durante la Guerra Fria se denominaba el oso moscovita. Y las preguntas sobre como es posible que Europa se defienda en las nuevas circunstancias geopolíticas sin tener prácticamente un escudo nuclear nadie quiere responderlas

La debilidad de los partidos socialdemócratas en el Continente se debe sobre todo a su abandono de las clases medias durante los últimos años, y en no pocos casos a la corrupción de sus dirigentes. En España esta afecta de hecho a todo el sistema político, tanto a izquierda como a derecha. El malestar ciudadano ha crecido también debido a la ausencia de una política migratoria capaz de combinar las necesidades indudables de potenciar las necesidades productivas y compensar el envejecimiento de la población, con una política ordenada y reglamentada.

Europa y España necesitan la emigración, pero recientemente han fracasado en las políticas de atención y regulación de la misma. En España casi el dieciocho por ciento de la población actual ha nacido fuera del país y el número de habitantes ha crecido vertiginosamente en el último decenio hasta el punto de alcanzar cerca de los 50 millones.

Erróneas políticas, o simplemente la ausencia de cualquier tipo de ellas, ha provocado además una crisis habitacional que en la mayoría de los casos no permite a las nuevas generaciones independizarse de sus familias antes de cumplir lo treinta años. Los sueldos crecen por debajo de la inflación y en definitiva las clases medias han descendido en su nivel de vida.

Miles, millones, de votos de antiguos votantes socialistas y comunistas avalan ahora el crecimiento de la ultraderecha europea. Y aunque algunos sectores de la misma, singularmente en España, avalan las políticas de Trump, crecientemente impopulares, el aumento del apoyo ciudadano a la derecha extrema no ha cesado en los países centrales de la Unión como Alemania y Francia.

El Partido Popular español tiene ante sí un desafío considerable, heredero como es de la tradición demócrata cristiana del continente, básica para el mantenimiento del sistema. Es aspirante a expulsar del poder al debilitado partido socialista, al que ni siquiera Felipe González votará si Sánchez sigue en su cargo.

Pero el éxito de la democracia europea tras la recuperación del continente después de la segunda guerra mundial, se vincula al diálogo y en entendimiento de las derechas e izquierdas democráticas, hoy en crisis prácticamente en todo el mundo frente al crecimiento del populismo y el acoso del cambio civilizatorio.

Las elecciones andaluzas de este domingo serán un indicativo crucial sobre el futuro del PSOE y de sus actuales dirigentes, y sobre la capacidad de la extrema derecha de desafiar a los demócratas conservadores.

Juan Luis Cebrián

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