El secreto de los Menem y un operador de los Milei entre los socialistas de Pedro Sánchez
Para decirlo sin vueltas: ¿Qué tienen en común el Manzano libertario operador estrella de Karina Milei y el Manzano progre socio de los socialistas españoles de Pedro Sánchez? Una sola cosa: los negocios. El ex asesor jefe de Sergio Massa, que le vendió a la YPF de Milei por US$ 25,2 millones una refinería con pérdidas, un poliducto y estaciones de servicio que le había comprado unos años antes por US$ 10 millones a la YPF de Alberto Fernández, ahora tiene casi en el buche a la red Raizen, unas 700 gasolineras que con la marca Shell representan el 18% de las ventas de nafta y gasoil en la Argentina.
Se ha dicho: Manzano es un tipo que fuma debajo del agua y con una dosis de oportunismo político que nunca ha abandonado. Llegó a Karina por Bettina Bulgheroni, mendocina como él, y por Santiago Viola, que ahora es el secretario de Justicia que negocia con el kirchnerismo los pliegos de jueces y fiscales en la Magistratura. Viola es también el apoderado de La Libertad Avanza, y su madre abogada, Claudia Balbín, la operadora judicial de siempre de Manzano, que la nombró directora de Edenor, la distribuidora de energía que Manzano también compró durante el gobierno de Fernández. Los funcionarios pasan, los negocios quedan.
Mediante los oficios de Karina, Manzano cayó en noviembre pasado por el hotel Marriot Marquis de Miami para llevarle a Milei a Mercuria Energy Group, uno de los mayores traders del mundo. Experto en hacer negocios con el Estado y de inventar negocios con el Estado, Manzano se asoció con ellos para quedarse con Raizen Argentina. La casa central de Mercuria está en Ginebra, Suiza, donde vive ahora y paga sus impuestos Manzano.
El ex ministro de Menem defiende acá a los libertarios pero en España a los socialistas de Pedro Sánchez, enemigos acérrimos de Milei, al que Sánchez mismo acaba de cruzar otra vez por la crisis del hantavirus y por seguir a Trump abandonando la Organización Mundial de la Salud. Manzano compró Telefónica de Perú y armó con socialistas de Sánchez el consorcio SIETE (Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo) para concursar por la Séptima, como llaman a la futura frecuencia de televisión digital terrestre, otra más que licita Sánchez (ya lo llaman Tele Pedro) y que imaginan como un motor más para impulsar su reelección.
SIETE compite con Mediaset, que es dueña de Telecinco y del canal Cuatro, pero todos saben cuál de las dos corre con el caballo del comisario. Una curiosidad: junto a su desembarco en la izquierda del socialismo, Manzano montó en la calle Surbano, del barrio Chamberí de Madrid, una sucursal de su restorán Gurisa, de Punta del Este. Aquí tiene Roldán, en una concesión del gobierno porteño. Diferentes ciudades, la misma fórmula: restoranes para hacer lobby, mostrarse y juntar por la noche a gente del poder: empresarios, políticos, jueces y funcionarios.
¿Y qué otras novedades hubo esta semana en el Gobierno? Muchas del culebrón de la interna, como viene siendo habitual desde hace tiempo. Es lo primero en el orden del día del mileísmo. Karina colocó finalmente a Sebastián Pareja como jefe de la estratégica Comisión Bicameral de Inteligencia desde la que quiere contarle las costillas a Cristian Auguadra, el jefe de la SIDE puesto por Santiago Caputo. Es un cargo que Martín Menem le había prometido a otro Cristian, Ritondo, el aliado de voz ronca que hace como puede equilibrio entre su jefe Macri y los Milei, y pagó el precio de acercarse más de lo permitido a Caputo. Los libertarios aplican la consigna kirchnerista de si no estás conmigo estás contra mi. Deberían recordar cómo les fue con el sectarismo. Por de pronto, Ritondo se borró de la reunión de la Comisión.
Es una guerra cargo a cargo. Caputo, que se fue en la semana a Washington, sigue manejando áreas clave pero perdió el control de Justicia y el rol de interlocutor que ejercía hacia afuera y hacia adentro. Ahora sólo Karina toma las decisiones. En realidad, muchas veces son los Menem quienes las toman: convencen a Karina simulando que la consultan. Ese es su secreto. Dicen: ella es la jefa que resuelve pero los que resuelven son ellos. Caputo reclamó estos días por la salida de otro de los suyos: la responsable de la Dirección Nacional Electoral María Luz Landívar, a la que corrió el ministro del Interior Santilli, cuidando de poner en su lugar a uno propio, Juan Pablo Limodio para que no ardiera Troya.
Como siempre, la que armó escándalo fue Patricia Bullrich que salió a reclamarle a Adorni que muestre su declaración jurada. Bullrich no le escapa al bulto pero aquí sabe perfectamente que es algo que Adorni no puede mostrar. Lo pide para ponerlo en evidencia y porque Karina vetó el ingreso de Gerardo Millman, que trabajó con Bullrich en Seguridad y fue denunciado en su momento por el kirchnerismo. Para ser francos: hubo operaciones que Millman se hizo a sí mismo.
Adorni sí, Millman no, se queja la Bullrich senadora que no es la Bullrich ministra. Está incómoda cumpliendo órdenes de Karina para votar proyectos sin negociar con los aliados y mide cuánto pega el escándalo en su base política. Adorni está atascado y buscando cómo salir. Va de acto en acto y matoneó a los ministros: a los que no les gusta ya saben qué hacer, les dijo. Karina reconoce que le está “haciendo daño a mi hermano” pero Adorni es como esas cosas que uno guarda en casa y no tienen ya utilidad pero no las podés tirar. Estaban convencidos de que la denuncia duraría poco y que pronto no se hablaría más y decidieron sostenerlo. Lo único que pueden lograr es demorar el final y terminar pagando un precio aún más caro.
La protección judicial imaginada con Mahiques en Justicia no funciona. Tampoco la de Toviggino y Tapia, que durante años se movieron con la idea de que podían hacer cualquier cosa en la AFA. Casación volteó el fallo que había legalizado una causa armada en el juzgado de Campana para frenar la investigación sobre la quinta faraónica de Toviggino en Pilar, y que sumó algo más importante: las cuentas fantasma del recaudador Faroni. No está claro lo que viene pero hay que festejar lo que está claro: que es un fallo contra la impunidad. Cuesta imaginar un final mejor.
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