El BCRA busca copiar el modelo de Perú de los 90' para acumular reservas: los pro y los contras detrás
El BCRA destacó el plan peruano de 1990 basado en privatizaciones, inversión y repatriación de capitales para acumular reservas, señalando la desdolarización como el desafío final y más complejo para Argentina.
El informe de política monetaria del BCRA de marzo destacó como ejemplo a seguir el caso de Perú y cómo logró recomponer sus reservas internacionales durante su programa de estabilización, iniciado en agosto de 1990. El modelo se basó en la repatriación de capitales extranjeros, las privatizaciones, la inversión extranjera directa y la desdolarización financiera, a raíz de la recomposición de la demanda de soles. Este último punto es central para el caso argentino, ya que la búsqueda de fortalecer al peso como reserva de valor es un desafío mayúsculo.
Al respecto, en charla con Ámbito, Federico Glustein, opinó que el caso de Perú es bastante paradigmático. Al respecto, recordó que, después de la hiperinflación de fines de los 80, Perú combinó una serie de elementos de política monetaria y fiscal: ajuste fiscal, liberalización de precios, flotación cambiaria administrada, autonomía del banco central y control monetario. "La acumulación de reservas se logró de manera inicial por repatriación de capitales y privatizaciones. Acabado ese proceso, por términos de intercambio favorables de fines de los 90 y los 2000, traccionó la minería, la inversión extranjera directa y la desdolarización", completó.
El experto también destacó que el BCRA subrayó en su informe que la acumulación de divisas no dependió de sostener un tipo de cambio real deliberadamente depreciado, sino de permitir flexibilidad cambiaria y suavizar la volatilidad. "Para este fin se recurrió a la discrecionalidad en las compras y ventas de dólares, en mercados spot y futuros", remarcó también la máxima autoridad monetaria local.
Pero quizás el punto central del informe del BCRA respecto del caso de Perú es que recién en su etapa 4 aceleró visiblemente la acumulación de las Reservas Internacionales Brutas (RIB), acompañada por un fuerte crecimiento de de las reservas netas. "Las RIB pasaron de representar 17,3% del PBI (fin de la Etapa 3) a 29,6% del PBI en 2010", remarcaron. Esto sucedió por dos eventos simultáneos: la suba en los precios internacionales de los metales que benefició los términos de intercambio (+90%) y que los depósitos en dólares pasaron de 70% del total de depósitos a menos de 40% en 2010.
"La parte más exitosa no dependió solo de la decisión del banco central, sino también de factores externos favorables. A su vez, el BCRP evitó defender un tipo de cambio prefijado -valor del dólar- sino que actuaba por sorpresa, para desalentar maniobras especulativas. Perú usó encajes más altos para obligaciones en moneda extranjera, lo que ayudó a reducir riesgos de dolarización, pero encareció la intermediación financiera en dólares y afectó el crédito", amplió Glustein.
Por su parte, el director de CEPEC, Leonardo Anzalone, opinó en charla con este medio: "El caso peruano es un ejemplo interesante porque muestra que la recomposición de reservas no fue el resultado de una política explícita de acumulación, sino de una estrategia más amplia: un banco central autónomo, creíble, con régimen de flotación administrada y disciplina fiscal. Eso generó las condiciones para que las reservas crecieran como subproducto de la estabilidad, no al revés".
Para Glustein, el modelo peruano es sensiblemente diferente al argentino. "La demanda de soles en el proceso fue creciente mientras que en Argentina la desconfianza en el peso es moneda corriente. A su vez, Perú tuvo la ventaja del boom minero que fue más consistente que el boom sojero. En argentina el dólar es una cuestión cultural y social, mientras que en Perú es meramente económica", opinó.
A su vez, reconoció que Argentina necesita resultados rápidos por acumulación para deudas mientras que Perú lo hizo a largo plazo. "Argentina tiene una clase media activa y pujante, muy ligada a sectores profesionales mientras que en Perú es más chica y más frágil con informalidad laboral, menor cobertura de protección social y mayor riesgo de volver a la pobreza ante shocks de precios o crisis política", diferenció.
Anzalone también midió los pro y los contras. Para él, los beneficios son claros: menor volatilidad cambiaria, mejor acceso al crédito externo y mayor capacidad de respuesta ante shocks. "Pero el proceso también tuvo costos reales. Mantener una acumulación sostenida implicó muchas veces aceptar condiciones monetarias más contractivas, tasas más altas o esterilización persistente, lo que en algunos períodos enfrió el crédito y la actividad. En ciertos momentos también implicó tolerar cierta apreciación cambiaria, con el consiguiente costo sobre la competitividad externa", aseguró.
"Para Argentina, la lección no es solo 'acumular reservas', sino entender que las reservas son una consecuencia de la credibilidad institucional, no un sustituto de ella", completó.
Otro punto a abordar más allá del proceso de estabilización financiera, es que este modelo en Perú dejó dos caras: estabilidad financiera y fiscal pero con una fuerte deuda en materia social. En la cara A, se puede apreciar que las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Perú superaron por primera vez en la historia los u$s100.000 millones el 15 de abril de 2026, alcanzando u$s100.076 millones. Este récord, que representa cerca del 28%-35% del PBI, lo que brinda estabilidad, resiliencia ante shocks externos y credibilidad ante los mercados internacionales.
Sin embargo, el lado B muestra una desigualdad social muy reveladora. Según, datos de la World Inequality Database (WID) difundidos por Our World in Data, el 0,1% más rico de la población concentra alrededor del 22% de los ingresos nacionales, la proporción más alta registrada entre los países de Sudamérica, mientras que 13,9 millones de peruanos enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave.
Según un reciente informe de Estudios Económicos de Banco Provincia, Argentina tiene el peor ratio de reservas brutas sobre PBI de la región: 6,8% (mientras que el promedio de los demás 15 países es 14,6%). Para alcanzarlo, "el Banco Central debería sumar más de u$s50.000 millones de reservas. La solidez externa es necesaria para tener equilibrio macro", ampliaron.
El escenario es el opuesto en el plano fiscal: en los últimos años, la Argentina tuvo un mejor resultado que el promedio de la región. "De diez países con datos, solo tres tienen superávit: Argentina, México y Paraguay. El superávit fiscal, evidentemente, no es todo (pero ayuda)", explicaron desde el mismo informe que también indicaron que una buna práctica es mirar las reservas y el resultado fiscal en conjunto. "El margen fiscal no es el mismo para un país con 15% de reservas/PBI que para Argentina (6,8%). Superávit fiscal sin reservas, hasta ahora, no viene alcanzando para re-acceder a los mercados", sentenciaron.
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