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perfil.com · hace 11 horas · Fernanda Collinao*

Las emociones tristes también forman gobiernos

Javier Milei saluda a la militancia de La Libertad Avanza en Chaco

Las emociones tristes tiñen nuestra época. Frustración, vacío y sobre todo ira aparecen como respuesta a las promesas incumplidas de la meritocracia y la independencia económica. Entonces cada uno siente que está último en la interminable fila del sistema y por eso reparte bronca contra todos.

De esta forma, cada uno de nosotros se abraza a su privilegio y pelea contra quienes tienen lo que se cree propio. Las desigualdades ya no sólo son económicas, dice el sociólogo Francois Dubet, y nuestros pibes lo saben.

La generación Z, o también llamada de “cristal”, es caracterizada popularmente por su fragilidad emocional y la baja tolerancia a la frustración, mientras que, en el caso argentino, este grupo vive bajo un doble mandato sumamente contradictorio.

Por un lado, el imperativo meritocrático que indica que a mayor esfuerzo mayor será el reconocimiento y que, mientras más conocimiento de sí mismo se tenga mejor va a poder competir en el mercado. Por otro, un mundo signado de precarización laboral, educación deteriorada, dependencia económica y debilitamiento del lazo social.

Las entrevistas permitieron identificar un patrón entre aquellos que votaron a Javier Milei con esperanza y hoy son personas decepcionadas o que no lo reelegirían"

Esta dicotomía impacta de lleno en los adolescentes, sobre todo porque el fracaso o éxito de salir adelante, de alcanzar su felicidad recae siempre en ellos mismos; pero también recae en la sociedad entera porque esas “emociones tristes” se vuelven un terreno fértil para que, como en 2023, prospere un discurso que señale culpables externos —la casta, el Estado— y devuelva a a las personas una suerte de alivio en el cual el fracaso era del gobierno y no propio.

En el marco de una investigación doctoral, se realizaron una serie de entrevistas a jóvenes votantes de Milei de entre 18 y 23 años en CABA en las que el enojo con el gobierno de Alberto Fernández, en particular por su política económica, y el miedo a que eso se profundice fueron el motor para votar a Javier Milei para la presidencia.

A su vez, un trabajo de calidad fue el pedido recurrente, mientras que la palabra “oportunidad” se repitió en todas las conversaciones, ya sea para pedirlas o para señalar que nadie las brinda.

Jóvenes, empleo precario y elecciones: por qué el voto sub 35 que llevó a Milei al poder ya no es lo que era

Vale recordar que las historias de vida también se hacen gracias a oportunidades de gente que confía, de redes que sostienen y de instituciones presentes.

Lejos de ser débiles, estos pibes soportan demasiado bien la frustración personal en sociedades que están quebradas y sus elecciones políticas son una demostración de esa búsqueda de mejoría. Sin embargo, las mismas entrevistas permitieron identificar un patrón entre aquellos que votaron a Javier Milei con esperanza y hoy son personas decepcionadas o que no lo reelegirían.

Este grupo depositó en su liderazgo -como lo habían hecho antes con otros- la expectativa de cambio profundo y la posibilidad de que Argentina realmente encontrara el rumbo reduciendo al Estado, considerado como el principal enemigo. Pero el paso de la escuela secundaria o la universidad a “la vida real” produjo un choque inesperado con el sistema.

Como la tragedia no discrimina, estos jóvenes se dieron cuenta de que, ante situaciones concretas —como el que un familiar comience a tener discapacidad, la pérdida del principal sostén económico del hogar, ser víctima de la inseguridad o la pérdida del propio empleo—no existía una red capaz de contenerlos.

La juventud es un momento crucial; es el momento en el que se definen las futuras posibilidades de inclusión o exclusión social"

Esa experiencia en carne propia con la vulnerabilidad terminó produciendo algo más profundo que el mero enojo: el desencanto con la política.

La democracia alfonsinista nos prometió que con ella “se come, se cura y se educa”, pero esto nunca se materializó y es gracias a esa distancia entre expectativa y realidad que afloran este tipo de pasiones grises.

La juventud es un momento crucial. Es el momento en el que se definen las futuras posibilidades de inclusión o exclusión social, además de ser un período de formación de las identidades políticas y de vinculación con las instituciones democráticas. Muchos jóvenes están solos atravesando ese momento.

Estos veintiañeros pasaron de la adolescencia a la adultez enfrentándose con una burocracia que no siempre responde y al descubrir que no estaban exentos de las vicisitudes de la vida, comprendieron que el relato político que eligieron, al igual que el de otros líderes, tampoco los hacía sentir mucho mejor.

Quizás le estamos pidiendo mucho a la democracia. O, tal vez sea que no logramos que las promesas políticas de ningún signo se traduzcan en experiencias reales de inclusión.

La incomodidad sigue en el aire. Todos experimentamos emociones tristes con los gobiernos y la política porque, gestión tras gestión, no logran un horizonte creíble. Entonces, si los pibes siguen desencantados y todos los partidos promueven ideas cada vez más individualistas, quien nos gobierna deja de ser importante.

Lo relevante ahora es reconstruir el vínculo entre jóvenes y representación, tratando de revertir esas emociones tristes en algo más feliz y estable.

Tesla Quintar