Madres que crían solas, pero no deciden solas
Una madre y su hija de 9 años estaban listas para viajar juntas en avión por primera vez. Habían planeado esa semana de vacaciones en Brasil con mucho tiempo. Las valijas ya estaban despachadas cuando Migraciones les informó que el padre había revocado la autorización para salir del país sin avisarles. La nena lloró. El viaje se perdió. La madre volvió a Rosario masticando angustia y humillación. El padre no ve a su hija desde hace años ni paga la cuota alimentaria. Pero aun así conservaba el poder de decidir sobre su vida.
La madre recurrió a la Justicia y la jueza de Familia Sabina Sansarricq autorizó a la niña a viajar al exterior con su madre hasta la mayoría de edad sin necesidad de nuevos permisos paternos.
Detrás de este caso hay una realidad cotidiana de miles de mujeres que crían solas, sostienen económicamente sus hogares, organizan la vida de sus hijos y además deben pedir permiso permanentemente a padres ausentes, incumplidores o violentos. Padres que no están para criar pero sí para bloquear trámites, manipular, controlar.
En Argentina, 9 de cada 10 hogares monoparentales son monomarentales. Son mujeres que trabajan, cuidan, resuelven y llegan como pueden a fin de mes. Según UNICEF, más de la mitad de las madres no recibe cuota alimentaria cuando el padre no convive con sus hijos. Y si se toma en cuenta a quienes la cobran de manera irregular, la cifra asciende al 68%.
La deuda alimentaria es una de las formas más naturalizadas de violencia económica en la Argentina. Y también una de las más invisibilizadas. Mientras las mujeres cargan con el costo material y emocional de la crianza, muchos varones conservan privilegios legales sobre decisiones centrales de la vida de sus hijos.
Hace poco se presentó en el Senado un proyecto de ley que propone modificar un artículo del Código Civil y Comercial para permitir la suspensión cautelar de la responsabilidad parental en casos de incumplimiento grave. Se la llama “Ley Cazzu” porque está inspirada en la experiencia de la reconocida cantante que debió recurrir a la justicia porque su ex le impedía que su hijita la acompañe a sus giras en el exterior. Un ex que se desentendió de la pequeña desde hace años.
El interés superior de niñas y niños no puede quedar en medio de disputas de adultos ni de viejas burocracias que perpetúan desigualdades. El fallo rosarino no destruye la responsabilidad parental, le pone un límite. La jueza no esperó que se sancione ninguna ley, aplicó la sensatez.
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