Un desafío estudiantil que llegó cuando la emocionalidad de Milei está en un límite
Javier Milei atraviesa una etapa muy compleja, prisionero de un temperamento que no lograría domar. Patricia Bullrich, la senadora, habló de una “emocionalidad importante” del líder libertario. Apeló a esa figura al aceptar que el Presidente le reprochó delante del equipo de ministros que le haya demandado a Manuel Adorni la presentación de su declaración jurada para colocarle epílogo a un escándalo sobre su situación patrimonial que arrancó a mediados de marzo.
La admisión de Bullrich sirvió para desbaratar de paso la narrativa presidencial. Milei había dicho el lunes de la semana pasada que la senadora solo había anticipado algo conversado con él mismo y con el Jefe de Gabinete. Adorni corroboró durante un streaming aquella versión que ahora se advierte falsa. Que descubre, por otra parte, uno de los costados traumáticos de la administración libertaria: las luchas internas, multiplicadas desde que los hermanos del poder resolvieron facilitar un blindaje político al portavoz oficial.
Aquella emocionalidad del Presidente, a la que aludió Bullrich, viene al parecer en rangos ascendentes desde que concluyeron las sesiones extraordinarias del Congreso. Ese ciclo constituyó una prolongación exitosa de su revalidación en las legislativas de octubre. Los astros comenzaron a alinearse de otro modo desde que Bettina Angeletti, la esposa de Adorni, apareció en un vuelo presidencial con destino a Estados Unidos. Las malas noticias se encadenaron. El Gobierno resignó la iniciativa. Creció de la misma manera la incomodidad presidencial.
El periodismo continúa en el corazón de su desencanto. La semana anterior había confesado en Olivos que “la batalla contra los medios de comunicación la tengo perdida”. En su lógica significa que está obligado a ir por todo. Siguen sus críticas a los periodistas, profundizadas desde el fin de semana, el 95% de los cuales suele calificarlos de “basura”.
Probablemente esa pelea, con los riesgos objetivos que implica, no sufra ningún cambio hasta el final de su mandato. De lo que se trataría, indica la recurrencia a la lógica más sencilla, sería no seguir abriendo frentes ni añadiendo enemistades. Aunque para Milei, parafraseando un dicho de Cristina Fernández, también todo tiene que ver con todo. El multitudinario desafío federal estudiantil de este martes representó para el líder libertario también un desafío de “la casta” amparada por los medios de comunicación.
De igual manera que sucede con el periodismo, Milei redobló su apuesta frente a los reclamos presupuestarios de la Universidad. No aplica la Ley de Financiamiento aprobada por el Congreso, que vetó en vano. Desobedece dos fallos judiciales conminantes. Tomó además el Presupuesto 2026 con sanción parlamentaria –que preveía una inflación anual del 10%- y metió un tijeretazo de $ 2,5 billones. La escoba barrió casi todas las áreas, pero el sistema educativo -además el sanitario-representa uno de los más afectados.
Yendo a las cifras detalladas. Habrá más de $ 45 mil millones de quita en el programa Educ.Ar. Otros $ 35 mil millones en el plan de alfabetización nacional. La infraestructura escolar y equipamiento tendrá una poda de $ 21 mil millones. El Fondo de Compensación salarial docente sufrirá un recorte de $ 9 mil millones, las políticas socio educativas $ 7 mil millones. También se reducen presupuestos, entre varias, para las universidades de La Plata, Avellaneda y San Martín.
En un contexto político diferente -el Presidente cumplió la mitad de su mandato- el Gobierno pareciera haber retrotraído su memoria a abril del 2024 cuando fue sorprendido por una formidable movilización estudiantil que nunca había esperado a sólo cinco meses de la asunción del poder. En ese momento la convocatoria encontró un eje en la presunta intención oficial de cerrar las Universidades. Esa realidad nunca se concretó y, por otro lado, La Libertad Avanza logró imponer en la agenda la necesidad de auditorías en las Casa de Estudio para evitar que los presupuestos fueran utilizados “para la financiación de la política”. Pregunta: ¿Hizo esas auditorías? ¿Quiénes fueron los responsables? ¿O fue sólo un gesto en medio de la fricción?
El movimiento le permitió al Gobierno ganar tiempo y espacio. Así pudo ir ejecutando un ajuste con el cual alimentó el equilibrio de las cuentas y el superávit fiscal. Al mismo tiempo empezó a verificarse un deterioro en la enseñanza de los establecimientos públicos que quedó reflejado en la marcha de protesta callejera federal de asistencia masiva.
El deterioro de la situación que exponen las autoridades universitarias está ilustrado en datos. Por ejemplo, el presupuesto universitario pasó de representar el 0,72% del PBI en 2023, cuando llegó Milei, al 0,47% en 2026. Los salarios docentes tuvieron una caída del 34,2% entre noviembre de 2023 y abril de este año. Según datos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, la crisis estaría provocando la renuncia de un docente cada 48 horas.
El Gobierno desempolvó para enfrentar su desafío el libreto de siempre. El mismo que había utilizado en 2024 para desacreditar una movilización genuinamente estudiantil. Culpó entonces a “la casta” de recurrir a maniobras desestabilizantes. Aquella vez fracasó cuando se enfrentó a jóvenes que solo perseguían el objetivo de un ascenso cultural y social. De allí el cambio de estrategia.
En la Plaza de Mayo estuvieron las últimas horas casi todas las representaciones políticas y sindicales. Bocado para el relato oficial. Pero con el transcurrir del tiempo, salvo en la narrativa de algunos momentos, los libertarios parecen haberse emparentado con “la casta” a la cual denuestan. Adorni sería una suerte de padrino. De todas formas, ciertas asistencias, sobre todo de extracción sindical, resultarían funcionales al oficialismo como escudo defensivo de su política.
El apretón presupuestario en educación se inscribe en un contexto de dificultades inocultables. Impactan sobre una clase media y media baja que históricamente tuvieron en la educación estatal una referencia factible de movilidad social. Regresa el aumento en los transportes que, en el caso de los trenes, proseguirá por goteo hasta septiembre. El Gobierno debe resolver qué hace con los precios de los combustibles congelados durante 45 días para resguardar la inflación y esperar el fin de las tensiones de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Algo que aún no se avizora y pone en guardia a Donald Trump: la inflación anual en aquella nación, de no modificarse el cuadro, podría arrimarse a 4 puntos.
Ese panorama explicaría el mal humor social con el Gobierno que el Presidente y Luis Caputo, sobre todo, intentan frenar con promesas inciertas. El ministro de Economía repitió que se vienen los mejores 18 meses que se recuerden para la Argentina. Dice que serían a partir de junio. Los había anticipado para abril. Algo falló. La aridez de buenas noticias oficiales resulta tan notoria que se aguarda el índice de inflación de abril, en baja respecto del 3.4% de larzo, como un verdadero bálsamo.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín