Carne vacuna: Argentina tiene esta vez el tenedor en la mano
La carne vacuna volvió al centro de la escena global. Hasta no hace mucho, parecía que las proteínas animales en general y la carne vacuna en particular (era la de mayor valor) estaban amenazadas de muerte por el aluvión vegano. La vida te da sorpresas.
Ahora sopla el viento global de la escasez. Un fenómeno global. Veamos lo que está ocurriendo en los Estados Unidos, el mayor mercado del mundo.
El rodeo bovino de los Estados Unidos cayó al nivel más bajo en más de siete décadas, mientras el consumo interno sigue firme y los precios empiezan a incomodar incluso a la política. Donald Trump ya lo dijo sin vueltas: “la carne está demasiado cara” y que va a abrir más las importaciones, hoy cuotificadas. Los ganaderos protestaron, culpando a los frigoríficos, un sector concentrado pero lejos de ser monopólico. El asunto está que arde. Y ocupa profuso espacio en los grandes medios norteamericanos.
En ese contexto, la reciente apertura de una cuota de 100 mil toneladas anuales para carne vacuna argentina abre una ventana extraordinaria. No es simplemente un negocio exportador más. Es la posibilidad de ingresar con fuerza en el corazón del mayor sistema de consumo de proteína animal del planeta, justo cuando aparecen grietas en su capacidad de autoabastecimiento.
La señal más interesante quizá no venga de los frigoríficos sino de Wall Street. El gigante gastronómico Inspire Brands acaba de iniciar el proceso para protagonizar una de las mayores ofertas públicas de acciones de la historia del negocio de la restauración. El holding, controlado por el fondo Roark Capital, reúne marcas como Arby’s, Buffalo Wild Wings, Sonic, Dunkin’, Baskin Robbins y Jimmy John’s. Quizá sean totalmente desconocidas para los turistas argentinos, que buscan opciones más clásicas como Mc Donald’s. Pero cuatro de esas cadenas están entre las treinta más grandes de Estados Unidos por ventas totales. En conjunto operan más de 33 mil restaurantes distribuidos en todo el país.
Estamos hablando de un ecosistema gigantesco de consumo masivo de carne, pollo, lácteos y harinas. Un monstruo alimentario cuya maquinaria necesita abastecimiento constante, eficiente y competitivo. Y eso ocurre justo cuando el stock bovino estadounidense se derrumba por sequías sucesivas, liquidación de vientres y pérdida de rentabilidad ganadera. Y un tema no menor: las operaciones de engorde se han consolidado y son operadas por empresas muy profesionales y organizadas. Pero la cría sigue atomizada y en manos de ganaderos tradicionales, en general de avanzada edad, cuyos hijos ya no valoran tanto la vida de cowboys y buscan otras oportunidades.
La paradoja es fascinante. Estados Unidos sigue siendo una potencia ganadera y exportadora, pero empieza a necesitar más carne importada para sostener sus cadenas de restaurantes, supermercados y fast food. Y ahí aparece la Argentina.
Porque el problema ya no es solamente cuánto produce Estados Unidos, sino cuánto demanda. El consumidor norteamericano sigue consumiendo hamburguesas, ribs, brisket y carne premium a un ritmo impresionante. Basta mirar el ranking de las grandes cadenas: McDonald's lidera cómodamente con más de 40 mil locales en el mundo. Detrás aparecen Starbucks, Subway, KFC y Burger King. Solo las cadenas de hamburguesas consumen volúmenes gigantescos de carne molida y cortes industriales.
La oportunidad excede ampliamente las 100 mil toneladas. Esa cuota puede ser apenas la puerta de entrada. Lo importante es volver a posicionar a la carne argentina como proveedor estratégico de un mercado que está redescubriendo su necesidad de importar proteína vacuna. Desde carne premium para steak houses, hasta ingredientes industriales para hamburguesas premium. Incluso alianzas directas con cadenas gastronómicas.
Porque lo que está cambiando no es solamente el comercio mundial de carne. Está cambiando la arquitectura global de la alimentación. Cuando un conglomerado gastronómico busca valer 20 mil millones de dólares en Wall Street, está enviando una señal potentísima: el negocio de alimentar al consumidor estadounidense sigue creciendo. Y si Estados Unidos tiene menos vacas, alguien tendrá que llenar ese vacío. Nos encuentra con el tenedor en la mano. No estamos solos, también juegan fuerte Brasil, Uruguay y Australia. Pero paren de contar: hasta allí llega la oferta alternativa.
Con buenos reflejos, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina acaba de concretar una misión comercial a Estados Unidos. Los resultados se verán con el tiempo, pero un camino de mil millas se inicia con un primer paso.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín