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lanacion.com.ar · hace 8 horas

Cartas de lectores: Pueblo o sociedad, incertidumbre, subordinación y valor

LA NACION

Hay dos miradas para un mismo significado. Uno pregona y designa la idea de que el pueblo solamente es el necesitado, el que le sirve funcionalmente al político que le resolverá la vida y le proveerá de soluciones. Esta posición declara tácitamente de antemano la inutilidad de ese pueblo al que se dirigen, que pasará a depender estrictamente de lo que “le den”, sin proporcionarle las herramientas para que se lo procuren. Esta mirada apunta desde el primer momento a una división social: débiles que no saben defenderse y poderosos explotadores. La otra mirada es la que ve una sociedad conformada con realidades diferentes, pero que en el todo, en el conjunto, tiene una identidad común, sus integrantes caminan hacia el mismo lado porque así fueron concebidos y educados, para que sean artífices de su futuro sin tener que depender de promesas o de personas cambiantes que oficien de intermediarios. El socialismo y la izquierda generalmente hablan de pueblo, los países desarrollados y consolidados social y económicamente hablan de sociedad. Cada uno sabe cuál es su mirada, por suerte hoy hablamos de sociedad.

He leído con sumo interés el domingo pasado el artículo de Jorge Liotti, cuya descripción y opinión comparto plenamente acerca del Gobierno y del principal motivo de la poca visibilización de los importantes anuncios y logros que exhibe, con realizaciones concretas exitosas. El motivo de esa falta de visibilidad es la situación que atraviesa el jefe de Gabinete. Esperemos que pronto todo se aclare debidamente, para beneficio del propio Gobierno y de nuestro país, que no merece esta innecesaria incertidumbre.

Subordinación y valor parece ser la consigna del gabinete del actual gobierno. El Presidente está sumiendo a su propio proyecto a un abismo de credibilidad política con la defensa de un funcionario cuestionado por su proceder sin que haya una reacción de sus propios ministros. Aunque el sr. Adorni exhiba alguna documentación avalando su proceder, aquélla estaría cuestionada por la demora en presentarla. Una reacción lógica hubiera sido hacerlo en forma inmediata, con pruebas contundentes, más aun con la exposición pública en la cual se encuentra, y que compromete sin duda alguna la gestión, con los problemas que enfrenta este gobierno. La actitud del Sr. Adorni en estos momentos debería ser convincente y contundente. Lo ha recordado con un gran sentido de responsabilidad la senadora Bullrich, que prestigia a este gobierno.

Mariano Spezzapria se pregunta retóricamente, en su nota publicada el lunes, por qué razón el peronismo decidió no atacar al debilitado jefe de Gabinete. Una respuesta posible podría ser esta: porque es necesario tener autoridad moral para arrojar la primera piedra. Hoy quedan pocos entre los seudopolíticos en condiciones de hacerlo.

Muchos apoyamos al gobierno actual y lo seguiremos haciendo ya que vemos que el rumbo es el correcto, además de los valiosos logros alcanzados en materia fiscal e inflacionaria. A pesar de ello hay todavía algunas promesas incumplidas: me refiero por un lado al saneamiento del padrón de discapacitados, donde siguen pagando justos por pecadores. Conozco muchos pueblos del interior de Corrientes donde los “discapacitados “ juegan al fútbol los domingos, lo que supongo se repetirá en todo el país. Otro tema pendiente es el de los jubilados que aportaron vs los que no lo hicieron. Debería el gobierno, en caso de aumentos, discriminar entre los que cumplieron con la ley, y los que recibieron el beneficio sin ningún esfuerzo y en muchos casos, sin necesidad alguna.

Soy vecino de la ciudad de Buenos Aires y quisiera plantear una situación que se ha vuelto cada vez más evidente. Las autorizaciones otorgadas durante la pandemia para que bares y restaurantes ocuparan parte de la vía pública con estructuras sobre veredas y calzadas respondieron a una necesidad excepcional. Sin embargo, muchas de esas instalaciones han pasado a ser permanentes, sin que medie una revisión clara de su impacto. El resultado es una reducción sostenida del espacio disponible en la vía pública. A esto se suman reservas de estacionamiento, ampliación de zonas prohibidas -como ochavas más extensas- y otros usos exclusivos cuya lógica no siempre resulta transparente. Cada una de estas medidas puede tener justificación. Pero su acumulación genera un efecto concreto: el espacio público se vuelve cada vez más restrictivo para el vecino común. Mientras tanto, el parque automotor crece, los estacionamientos privados son costosos, y situaciones cotidianas -como recibir una visita- se vuelven problemáticas. Si existe una política deliberada de desalentar el uso del automóvil, sería deseable que se explicite y se acompañe con alternativas reales. De lo contrario, lo que se percibe no es planificación, sino superposición de decisiones. Tal vez haya llegado el momento de revisar qué parte de lo excepcional se ha convertido, sin discusión suficiente, en permanente.

“El grave e irremediable problema estructural es el Poder Judicial, corrupto y totalmente parcial en el tratamiento de las causas”-Joaquín Blasco Velázquez

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