El Mundial nos une, la realidad nos divide
Faltan menos de 30 días para que el fútbol inunde nuestras vidas. Es que el 11 de junio comienza el Mundial FIFA 2026, evento que capta el interés de miles de millones de personas de todo el planeta. Por su parte, Argentina, el último campeón del mundo, debuta el 16 de junio y es seguro que colocaremos nuestra pasión en el objetivo de ganar cada partido que nos toque, y todos sintonizaremos en modo hinchas, los argentinos de bien y los de mal.
Es que en paralelo a lo que suceda en los campos de juego habrá otro espectáculo… será un período de realismo mágico que nos va a unificar y quizás a adormecer.
Estaremos en las casas, bares, escuelas, lugares de trabajo, prendidos al televisor pendientes de cada jugada y de cada resultado, tanto los represores como los reprimidos, los corruptos y los trabajadores, los mega millonarios como los que duermen en la calle o no llegan a fin de mes.
Habrá una sinfonía de cánticos que nos llenarán de fervor patriota y los que ordenaron golpear a los jubilados cantarán igual que los mayores que fueron apaleados y cobran una miseria.
Veremos a los funcionarios como el ministro de Salud Lugones que festejará un gol de nuestro equipo en el mismo momento que los médicos y enfermeros del Garrahan. A la ex ministra de seguridad, Patricia Bullrich, y el gendarme Guerrero que apretó el gatillo a matar, sufrir como el fotógrafo Grillo cuando nos hagan un gol.
Y los que viven en el país o en el extranjero pero que hicieron sus fortunas en la Argentina y las fugaron, como Galperin o Madanes, putearán porque nos cobraron un penal en el mismo instante y en sintonía con todos los ex operarios de Fate y despedidos en general.
Quizás en ese período de casi 40 días nos olvidemos un poco de la corrupción, de Adorni, Karina, de $LIBRA, del mismísimo Milei con su plan de exclusión"
Si llegamos a la final, el presidente Milei, amigo de los fondos buitres y de los argentinos ricos, probablemente atribuya esa performance al mejor gobierno de todos los tiempos.
Lo festejará con los periodistas que lo protegen, con los diputados que convenció de votar la reforma laboral a cambio de dádivas manifiestas, pero también, y esta es la paradoja, con los que ahora a pesar de tener trabajo sufrirán la quita de derechos.
Son noventa minutos, quizás alguno más, en que los argentinos estaremos unidos, y así varias veces cada cuatro o cinco o seis o días durante un mes o el tiempo que aguante este equipo. Todos gritando ¡AR-GEN-TINA!
Si ganamos nuevamente el Mundial varios millones festejaremos ruidosamente en la calle expresando nuestra alegría.
Será un mes de fantasía, quizás alguno pueda decir acertadamente, un país surrealista, donde claramente la realidad supera a la ficción, pero no cabe duda de que somos un pueblo que se viste de azul y blanco con el evento deportivo más importante para nosotros.
Más pronto que tarde, es seguro que volverán los enfrentamientos de un pueblo que resiste el brutal empobrecimiento del plan del gobierno"
Pero un buen día el mundial se terminará. Será el 19 de Julio. Quizás en ese período de casi 40 días nos olvidemos un poco de la corrupción, de Adorni, Karina, de $LIBRA, del mismísimo Milei con su plan de exclusión, de la inflación que ya anda al trote, del cierre de empresas y la falta de trabajo, del mega RIGI, de la falta de presupuesto a las universidades públicasy de los cipayos vende patria.
Y entonces, quizás, haya una tregua en la conflictividad. Así lo desea el gobierno que no ve la hora de que empiece el Mundial y Messi sea el protagonista excluyente de la realidad nacional.
Pero más pronto que tarde, es seguro que volverán los enfrentamientos de un pueblo que resiste el brutal empobrecimiento del plan del gobierno. Ese que, gracias a la CGT filo mileista y de un peronismo deshilachado que mira al costado, sigue aplicándose un plan económico de carry trade (o bicicleta financiera) de venta-regalo de activos como las centrales hidroeléctricas.
Se seguirá pagando los intereses de la deuda externa que hasta que termine el Mundial serán más de US$ 5 mil millones. Mientras, los que somos Juan Pueblo estaremos mirando la TV y todo seguirá su curso de maldad con Mundial o sin Mundial. Juguemos o no, ganemos o perdamos.
Y aunque la historia entre el fútbol y los gobiernos que quieren aprovecharse de él no se repite de la misma manera, igual merece recordar los campeonatos que ganamos: 1978 campeones con el gobierno de la dictadura militar y un Videla exultante. Poco tiempo después terminaron eyectados del gobierno y más tarde en la cárcel con cadena perpetua.
1986 campeones con Alfonsin, que festejó junto a los jugadores desde el balcón de la Rosada. Tres años más tarde, dejó el gobierno 5 meses antes de terminar su mandato.
2022 campeones con el gobierno de los Fernández, que fracasó hasta en su intento de que, al menos, lo fueran a saludar. Al año siguiente fue electoralmente hundido a mano de la ultra derecha.
Es que la dura realidad cotidiana sigue su camino y no tiene nada que ver con un efímero Mundial de fútbol… aunque lo ganemos.