El mercado elogia pero espera: aprobación y a la vez cautela de los inversores con el plan económico
Entre dos fuerzas que tironean en direcciones opuestas, el mercado trata de ponerle un "precio" a la pulseada política que sobrevendrá el año próximo en la Argentina, mientras al mismo tiempo valora algunos avances del plan económico y se resguarda algún espacio para las dudas.
Aun con superávit fiscal, el mercado sigue sin terminar de “premiar” a la Argentina. La discusión, cada vez más presente entre operadores y analistas, es si detrás de ese comportamiento aparece lo que el Gobierno instaló como “riesgo kuka”. Puesto en otros términos: las chances de un eventual cambio de ciclo político en 2027, con un regreso del peronismo al poder.
La pregunta aparece de manera recurrente en el mercado. Desde el nivel todavía elevado del riesgo país hasta la diferencia en la tasa de interés que tiene que pagar Economía por emitir deuda más allá de las elecciones presidenciales.
Todo eso, sostienen algunos informes privados, sugiere que los inversores ya empezaron a incorporar una "prima política" en los precios de los activos argentinos.
En GMA Capital plantearon que la sensación de que la Argentina “podría haber performado mejor” en los mercados se explica justamente porque los fundamentos macroeconómicos muestran una mejora difícil de ignorar.
La consultora destacó que el Gobierno mantuvo la disciplina fiscal, con un resultado primario positivo equivalente al 0,6% del PBI en el primer trimestre, y que además aprovechó el contexto internacional vía exportaciones, con un superávit comercial de US$ 2.523 millones sólo en marzo.
“Claro que todavía hay cuentas pendientes”, advierten. Entre ellas, mencionan la necesidad de retomar el proceso de desinflación tras el 3,4% mensual de marzo, algo que parecería comenzar desde el IPC de abril que se conocerá este jueves; y también mencionan como "pendiente" la acumulación sostenida de reservas por parte del Banco Central.
Pero agregan que esos factores, por sí solos, “no llegan a explicar por qué Argentina todavía no logra que su riesgo país baje” o, dicho de otro modo, por qué los inversores siguen sin demandar masivamente bonos largos en dólares.
Una novedad de esta semana influyó, aunque de manera limitada, en el humor inversor: la mejora de la calificación crediticia argentina por parte de Fitch, una de las tres "grandes" junto con Standard & Poor's y Moody's. Pero ese alivio podría haber sido más bien pasajero.
Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, sostuvo que “el grueso del movimiento lo vemos más asociado a lo externo”, en referencia al contexto internacional más favorable para los activos de riesgo.
De todos modos, Franco remarcó que hacia adelante la clave seguirá pasando por “asegurar los pagos y la continuidad de las compras de dólares del BCRA”, además de la capacidad de la Argentina de volver al mercado voluntario internacional de deuda.
Y agregó que existe otro elemento decisivo que empieza a incorporarse en el view de los inversores globales, que es la dinámica social. “Parte del ojo estará sobre la economía real en sectores rezagados, salarios reales y empleo, por el impacto en confianza y humor social”, señaló.
En el mercado empezó a instalarse así la idea de que el problema excede lo estrictamente económico. En un informe reciente, LCG definió al riesgo país como “un síntoma febril de algo todavía no muy definido”.
La consultora sostiene que detrás de esa persistencia conviven distintos elementos, pero que “a medida que transcurren los meses, va ganando como fuente de preocupación la interacción entre la gradual deslegitimidad social, dinámica política y economía”.
El informe menciona el deterioro en algunos indicadores de opinión pública y pone sobre la mesa un escenario que hasta hace algunos meses parecía lejano: “Barajándose un ballotage con Kicillof como un evento posible en 2027”. Bajo esa hipótesis, LCG advierte que “no puede descartarse ruidos cambiarios y financieros incluso con abundancia de dólares provistos por el agro y el petróleo”.
En la misma línea, un informe de Grupo Adcap planteó que la gran incógnita hacia adelante es si Fitch “abrió la puerta” para que otras calificadoras también mejoren la nota argentina. Mencionó que otras dos agencias visitan Buenos Aires por estos días y que si hubiera recategorizaciones de ambas instituciones el mercado podría empezar a “pricear” nuevas subas de calificación.
De concretarse, agregan, sería “una señal claramente positiva para los bonos soberanos”, que vienen mostrando un desempeño rezagado pese a la mejora de los indicadores macroeconómicos.
Para las decisiones de inversión la memoria reciente también pesa. En Banco Galicia recuerdan que, históricamente, los años electorales en la Argentina suelen venir acompañados por procesos de dolarización de carteras.
Según sus cálculos, en promedio durante los seis meses previos a una elección presidencial se dolariza un monto equivalente al 25% de la base monetaria, ya sea mediante compras de billetes o cobertura en futuros y bonos atados al dólar. A valores actuales, eso representaría unos US$ 14.000 millones.
El banco considera que un episodio de dolarización “normal” podría ser absorbido sin demasiadas dificultades, pero advierte que una dinámica más extrema —como la observada en 2025— obligaría al Gobierno a contar con “instrumentos contingentes” para garantizar liquidez y estabilidad financiera. En otras palabras: incluso con equilibrio fiscal, la política puede volver a convertirse en un factor de presión sobre el dólar.
Esa tensión también aparece en la curva de deuda soberana. En las mesas de dinero reconocen que los bonos emitidos bajo legislación extranjera que vencen después de 2027 suelen rendir más que aquellos con vencimientos previos al próximo recambio presidencial, una señal de que el mercado exige mayor premio para cubrirse frente al riesgo político de mediano plazo.
El último ejemplo concreto de esa cuestión: el Bonar 2027 que licitó y colocó el Ministerio de Economía con vencimiento antes de las elecciones presidenciales fue emitido a 5,16% de tasa anual en dólares.
El mismo título con fecha de finalización en 2028 le costó 8,7%. Casi tres puntos y medio de interés por un año de distancia entre uno y otro. Dicho de otra forma: esa diferencia entre tasas es, a ojos del oficialismo, la evidencia más clara de que hay un componente político en las decisiones de inversión hacia la Argentina.
En paralelo, los inversores siguen esperando una señal que funcione como test de confianza. Romano Group recordó que la reciente mejora en la calificación de la deuda impulsó una fuerte suba de los bonos y una compresión del riesgo país, favorecida además por un contexto internacional “inmejorable”, con apetito global por riesgo y tasas internacionales en baja.
Pero el informe subraya que el mercado sigue atento a un movimiento clave: el regreso de la Argentina a los mercados internacionales de deuda. “Creemos que es lo que los mercados están esperando que el Gobierno testee'”, señalaron, en referencia a una colocación en Wall Street como lo hicieron recientemente Ecuador y Bolivia.
Aunque Economía ya anunció esquemas de financiamiento para cubrir vencimientos de corto plazo, los operadores esperan una emisión de bonos en el exterior que funcione como validación de que el riesgo argentino empezó efectivamente a bajar.
Caputo, cada vez que fue consultado al respecto, descartó esa chance. El argumento de fondo es que el país no necesita hacer ningún test y que la razón más simple es que en Wall Street conseguiría una tasa superior al 9% y que con las garantías de instituciones de crédito internacionales, sería más cercano a 6% anual.
Por ahora, esa validación no termina de llegar. Y en el mercado conviven dos lecturas. Una sostiene que el riesgo país todavía refleja problemas económicos no resueltos: reservas escasas, inflación todavía alta y controles cambiarios parcialmente vigentes. La otra, cada vez más extendida, cree que buena parte de esa desconfianza ya tiene forma política. O, al menos, electoral.
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