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infobae.com · hace 4 horas · Ricardo Israel

El nuevo Medio Oriente que surgirá el día que Irán acepte su derrota

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Se sabía que EE. UU. e Israel derrotarían militarmente a Irán desde la guerra de los 12 días del año pasado, que lo dejó sin defensas aéreas y con su programa nuclear en ruinas. Sin embargo, el problema es que este año, a partir del 28 de febrero, se buscó el fin de la República Islámica (R I), lo que no se ha conseguido, y su sola supervivencia es considerada un triunfo, junto con la transformación del Estrecho de Ormuz en una crisis económica internacional.

Allí, más que algún éxito militar de Irán que hoy no tiene ni fuerza aérea ni marina de guerra, lo que ha operado es el mecanismo automático de los seguros marítimos internacionales que detuvo a los barcos, ya que ha bastado la amenaza y disparos de alguna lancha rápida para que las aseguradoras paralizaran inmediatamente la navegación en esas aguas.

La decisión de Washington fue bloquear todo comercio con los puertos iraníes, buscando un doble efecto: la quiebra de su economía y que sus pozos colapsen al no poder vender su petróleo. Es decir, un efecto demoledor a ser conseguido sin necesidad de tropas en el terreno, para que Teherán fuera obligado a negociar, lo que no ha dado el resultado esperado por la división interna existente entre los políticos del régimen dispuestos a ello, y la Guardia Revolucionaria (G R), el poder de hecho en el día de hoy, quienes han descartado todo acuerdo.

En el Medio Oriente, donde demasiadas cosas cambian para quedar igual, es difícil utilizar el término “cambio histórico”, pero no hay duda de que esta derrota militar podría originar el cambio más profundo desde precisamente la aparición de la República Islámica (R I) en 1979. Falta, por cierto, que un proceso de negociación lleve al reconocimiento de este hecho por el régimen o por quienquiera hable a su nombre.

Si ese día llega, ¿de qué cambio debiéramos ser testigos? Se trata de una región que ha sido geopolíticamente modificada como consecuencia de decisiones tomadas por el propio régimen persa, ya que la consecución de la bomba atómica produjo el acercamiento de antiguos enemigos, en el caso de los países árabes sunitas e Israel, que se han apoyado unos a otros militarmente estos últimos años, a lo que se agrega que el ataque a países que no quisieron participar en esta guerra como es el caso de los del Golfo no ha hecho sino fortalecer esta relación, sobre todo entre los Emiratos e Israel.

Esta alianza de hecho, que llamaremos la alianza semita, es el factor más importante, y probablemente el más duradero de esta nueva situación, que para que adquiera el carácter de una nueva arquitectura geopolítica, le falta la adscripción a los Pactos de Abraham del país árabe más importante que es Arabia Saudita, quien requiere de algo que el actual gobierno de Israel no quiere hoy conceder: que es la creación del Estado Palestino, ya que dicen que sería recompensar a Hamas y su invasión del 7 de octubre de 2023, condición que Riad ha puesto desde el inicio y que se debe a que aspira a seguir liderando al mundo musulmán.

EEUU presiona a Irán para la reapuertra de Ormuz (Amirhosein Khorgooi/ISNA/WANA via REUTERS)

Estoy convencido de que esto va más allá de un simple proceso de paz, sino que en conjunto con EE. UU. va a ser el origen de una nueva OTAN, en la forma de una especie de Middle East Treaty Organisation, en reemplazo de la NATO que está muriendo con el distanciamiento entre Washington y una cada vez más irrelevante Europa. Así como la anterior, que quizás debió haber desaparecido con el fin de la URSS, nació como alianza de EE. UU. con sus antiguos enemigos (Alemania, Japón), para enfrentar la etapa histórica siguiente, sin duda la nueva alianza va a abordar el tema del control del petróleo y el gas en esa región. Seguramente esta organización se va a preocupar que no se vuelva a repetir lo que ocurrió en el Estrecho de Ormuz, y por ello, considerando que allí pasa el 20 % del comercio mundial de gas y petróleo, con alguna probabilidad presenciaremos la construcción de gaseoductos y oleoductos que aseguren el abastecimiento mundial en toda circunstancia, y que se sumen a los existentes en Arabia Saudita y en los Emiratos, pero con mayor ambición y como solución definitiva, por lo que debieran cruzar Arabia Saudita y Jordania para llegar a Israel, desde cuyos puertos podrían salir al resto del mundo.

No. De ninguna manera, ya que lo anterior se suma al reciente acercamiento contra Hezbolá de Israel y Líbano, después de haber llegado hace un par de años, vía la intermediación de EE. UU., a un acuerdo sobre la delimitación marítima, para que el país árabe se una en el futuro cercano al consorcio internacional que extrae gas desde el mar Mediterráneo, en el que también ya participan los Emiratos, Grecia, Israel, Chipre y otras naciones, para ser uno de los principales abastecedores de gas para Europa, a través de un gasoducto que llegaría a la Unión Europea vía Bulgaria, aunque la Turquía de Erdogan quiere que pase por su territorio. “Como muestra de su potencial, Egipto ya le dio su visto bueno, privilegiando la seguridad del abastecimiento sobre otras consideraciones, al firmar un contrato por 35.000 millones de dólares con Israel como aprovisionador."

Ese es el nuevo Medio Oriente, más pragmático que fundamentalista, a lo que hay agregar el hecho que, a pesar de la crudeza y terrible cantidad de muertos en Gaza, a diferencia de Europa, en ningún país árabe se presenció el antisemitismo que tuvo lugar en las universidades de elite en EE. UU. o esas masivas manifestaciones en las calles de Nueva York, Toronto, París, Londres o Sídney en apoyo a Hamas.

En caso de materializarse en una organización nueva, sin duda alguna estaríamos en un nuevo contexto geopolítico, sobre todo, si la visita de Trump a la China de Xi Jinping culmina este 14 y 15 de mayo con un acuerdo sobre aranceles, que por su importancia reemplazaría a la estructura multilateral que ha ido desapareciendo como consecuencia de la acción de EE. UU., quien fuera su creador. De llegar a un acuerdo, por el volumen sumado de ambas economías, todo país se vería obligado a unirse, le guste o no. No es por cierto el fin de la historia como tampoco un choque o alianza de civilizaciones, sino sin duda un cambio de gran profundidad.

Sin embargo, si Marco Rubio ha dicho que la ofensiva de EE. UU. contra Irán “logró todos sus objetivos”, ¿por qué Irán sigue atacando a sus vecinos árabes y por qué entonces EE. UU. quiere llegar a un acuerdo con los restos del régimen, aceptando su supervivencia?

Marco Rubio dijo que EEUU logró "todos los objetivos" contra Irán (REUTERS/Piroschka Van De Wouw)

La respuesta es que los drones y los misiles que siguen saliendo de Irán es lo que les queda, además de que es consecuencia de la forma en que se decidió enfrentar la guerra después de la destrucción sufrida el año pasado, donde el régimen optó por descentralizar sus misiles a través de su vasto territorio, otorgando poder de decisión a mandos medios a cargo de los lanzadores, previendo lo que en definitiva ocurrió, que el alto mando sería eliminado desde el aire y no habrían métodos confiables de comunicación interna. Y es esto lo que está operando desde el 28 de febrero, en una guerra que ha sido exitosa para EE. UU. en lo bélico, en comparación con lo que ocurriera en duración y pérdidas, en la primera (1991) y en la segunda guerra del Golfo (2003), ambas con Irak, y donde EE. UU. ha aprendido las enseñanzas de fracasos anteriores como Vietnam (no ir a la guerra si no se está dispuesto a ganarla) y Afganistán (no quedar empantanado para lo cual se usan todos los recursos bélicos disponibles), además de amasar una incontrarrestable superioridad bélica, como está ahora ocurriendo en el bloqueo de los puertos iraníes.

El problema es que EE. UU. ha pretendido algo que no ha ocurrido, que Irán acepte su derrota, para no tener que volver en un par de años, apenas las condiciones cambien o haya otro gobierno en Washington. Sin un acuerdo, quizás ocurra apenas se retiren aviones, portaaviones y efectivos militares.

Por cierto, si alguien necesita un éxito con Irán y/o China es Trump, ya que su situación es complicada, desde el momento que mucho aparece a mitad de camino, y, por su parte, “el impacto económico de lo que Irán consiguió en Ormuz puede hacerle perder las elecciones de noviembre, por haber tomado el camino de lo que los demócratas llaman injustamente una guerra de elección, que realmente no la empezó, sino que la agresión iraní ha continuado por 47 años desde la toma de la embajada”.

“Por ahora”, mucho en poco tiempo, si no el fin, por lo menos la interrupción por largo tiempo del programa atómico iraní, el fin del programa de misiles, que, aunque siguen disparándose, es en reducida cantidad, y el fin de los proxis, salvo Hezbolá, que lucha por sobrevivir, ya que el gobierno libanés está en su contra y buscando la paz con Israel.

Esta sensación de que demasiado está a medias, no solo en el tránsito a la democracia en Venezuela o Cuba, sino también en Gaza, donde después de haber “conseguido lo imposible” con el cese del fuego, todo parece estancado por la negativa de Hamas a entregar las armas, sin lo cual no habrá avances, como tampoco Israel consiguió desarmarlo, a pesar de derrotarlo y hoy ocupar la mitad de la Franja.

Contra Irán, la parte bélica ha funcionado bien o muy bien, en comparación con otras incursiones estadounidenses, pero no hay duda de que no se midió lo que iría a ocurrir en Ormuz, como también, al igual que otras veces, ha faltado un plan para el día después de lo militar, es decir, se ha parecido a lo que le ocurrió a Netanyahu en Gaza.

Es de esta sensación de no haber terminado las distintas iniciativas que surge la imagen de que no se han obtenido buenos resultados, lo cual es inexacto, alimentado por una oposición demócrata que no presenta alternativas y medios de comunicación que no han entregado una buena cobertura de lo que efectivamente ha pasado. Por todo ello, el momento no es bueno para Trump, a quien le gustaría tener una ceremonia, sino similar, al menos parecida a la rendición de Japón, que nunca se le dará en el medio oriente, pero probablemente tampoco va a existir algo similar a la que tuvo lugar después del cese del fuego en Gaza.

Militarmente, EEUU asestó un daño severo a Irán (West Asia News Agency/Handout via REUTERS)

De ahí la importancia de lo que Washington espera que pase, al menos, alguna indicación que Irán ha resuelto su lucha interna entre políticos y milicianos, para decidir si será o no necesaria una nueva ofensiva bélica por parte de EE. UU. e Israel.

A Trump siempre le molestó no recibir el reconocimiento que merecían los Acuerdos de Abraham como un gran avance para la paz, y si ahora logra éxito en Gaza, Irán, Cuba y Venezuela serían logros descomunales para un solo presidente, pero por el momento, la sensación que está quedando es que intentó demasiado y que se está consiguiendo poco, lo cual es inexacto, considerando que Irán ha sido militarmente derrotado con escasas muertes de efectivos y con muy pocos aviones y barcos estadounidenses destruidos o inutilizados.

Sin embargo, Irán no ha perdido la voluntad de lucha como tampoco lo hizo Hamas en Gaza, en definitiva, si no se quiebra en Irán la arquitectura islamista del régimen, aun sin poder atómico, podría darse la situación de una especie de Corea del Norte en esa parte del mundo. A pesar de ello, algo profundo ya cambió: en primer lugar, la dictadura iraní sigue siendo un terrible castigo para su propia gente, pero gracias a la acción estadounidense es hoy demasiado débil para ser una amenaza permanente para sus vecinos, como tampoco está en condiciones de apoyar a sus proxis o exportar su revolución.

En segundo lugar, ante la debilidad de Irán, Israel se convirtió sin duda alguna en un poder regional con superioridad aérea incluso sobre Turquía, pasando a ser una potencia intermedia a nivel internacional, pero a diferencia de potencias atómicas como Francia y el Reino Unido, tiene la voluntad de usar su poder, además que aunque ha estado en guerra continua desde el 2023 su economía creció, y es uno de los centros de creación científica y tecnológica más importantes del mundo, a pesar de su tamaño y población, a lo que hay que agregar una inteligencia de calidad mundial que venció y superó a Irán antes que empezara la confrontación, tanto el 2024 como el 2025, que por lo mismo, es difícil de entender como el país fue sorprendido por Hamas el 7 de octubre.

Por lo demás, y también para beneficio de EE. UU., en Israel encontró el aliado que nunca apareció dentro de la OTAN, salvo el Reino Unido en algunas ocasiones en el pasado, por cierto, no hoy, considerando las desilusiones que han existido con el actual gobierno y con el antisemitismo desatado en las calles británicas.

Por ello, la pregunta sigue siendo, si en una negociación se acepta la mantención de la República Islámica, ¿es de todas maneras posible quebrarle la arquitectura islamista al régimen?

El islam es una religión, pero el islamismo es una ideología política y el régimen iraní, ya sea en su versión ayatola o junta militar, es de carácter islamista, basándose además no solo en ideología o represión, ya que paralelamente es dinero, contratos, contrabandistas, redes familiares, fundaciones, proxis terroristas, colaboradores comerciales; como también es una red de delincuencia organizada que explica su rol en el tráfico de drogas y la razón por la cual hizo buenas migas con cárteles, incluyendo el de Los Soles venezolano, una red que se desparrama fuera de los límites geográficos nacionales.

Cuando se inició el ataque de EE. UU. e Israel se hablaba de misiles, del programa nuclear y de los proxis. Hoy predominan Ormuz, los problemas económicos mundiales y la energía. Eso no es el resultado de la diplomacia en Islamabad, es estrategia que ha impuesto Teherán. Ha habido un enfrentamiento entre el “Arte de la Negociación” y la lógica milenaria del bazar, donde esta ha podido mover dinero y recursos mediante familias, clanes, caridades, con traspasos teniendo lugar desde bitcoins a oro, y la tarea inconclusa para EE. UU. es mapear, exponer y cerrar cada una de esas vías, ya que no hay otro país que pueda hacerlo.

Para el comercio global es importante la reapertura del estrecho de Ormuz (REUTERS/Stringer)

Reabrir Ormuz es necesario, pero no es suficiente. Después que Irán ha seguido agrediendo a sus vecinos, se puede hoy aprovechar que en lugares como Emiratos y Bahréin se sabe más que en el Departamento de Comercio de Washington sobre estos mecanismos, aunque Qatar sigue siendo no confiable por la sociedad que tienen en el gas con Irán.

Lo descrito puede ayudar a quebrar la arquitectura de raigambre islamista que sigue funcionando para el régimen, pero de todas maneras creo que por sí solo no va a lograr que Irán reconozca su derrota. El cese del fuego solo ha servido para darle un respiro al régimen, la misma estrategia negociadora que viene utilizando desde 1979. Por lo tanto, quiéralo o no, creo que EE. UU. va a volver a bombardear, quizás dividiéndose nuevamente el trabajo con Israel, tal como lo hicieron en los primeros días, es decir, a partir de ahora, EE. UU. concentrándose en el petróleo, en el bloqueo a los puertos y en el ataque aéreo hasta hacer inutilizable la isla de Jark, mientras que la campaña de Israel se dedica al territorio propiamente tal, para ello usando a toda su fuerza aérea, que es hoy más que lo que EE. UU. tiene en sus portaaviones.

Sería la ofensiva final, la última que EE. UU. puede permitirse, ya que el tiempo no da para más, desde el momento que el 2 de mayo se cumplió el plazo de 60 días que señala la ley para hacer guerra sin avisar al Congreso, y aunque ni Clinton ni Obama respetaron el plazo, Trump y Rubio ya avisaron por escrito que no quedaban grandes actividades bélicas pendientes.

No es el fin de la historia, pero si algo distinto, en Irán y en la negociación con China, EE. UU. está hoy reacomodando los acuerdos y la institucionalidad post segunda guerra mundial, que por decisión suya está desapareciendo. Está surgiendo algo geopolíticamente diferente, aunque no está muy claro qué características tiene, sin embargo, los primeros contornos comienzan ya a dibujarse en el Medio Oriente.

Como conclusión, hay que recordar que la historia es la política que fue, y la política es la historia en construcción, siempre en el contexto de la definición clásica de la guerra como la continuación de la política por otros medios, en el entendido que estas solo terminan cuando se acaba la voluntad de lucha de los combatientes, lo que todavía no ha ocurrido en el Medio Oriente.

Máster y PhD en Ciencia Política (U de Essex), Licenciado en Derecho (U de Barcelona), Abogado (U de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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