La codicia, la corrupción y la desintegración en Latinoamérica
En la mitología griega, la cabra Amaltea crió con su leche a Zeus. De niño, mientras jugaba con uno de sus rayos, Zeus rompió sin querer uno de los cuernos de la cabra. Para compensar a Amaltea, al cuerno roto le confirió poder para que, a quien lo poseyera, se le concediera todo lo que deseara. De ahí el término latino “cornucopia”, de cornu (cuerno) y copia (abundancia).
La globalización y el neoliberalismo están relacionados con la posmodernidad, ya que “se trata de procesos de homogeneización que amenazan con extender una suerte de capa de pensamiento único y aniquilación de las diferencias”.
En el mundo actual, mientras se produce la globalización económica, tecnológica y comunicacional, transitamos también y al mismo tiempo la posmodernidad, que tiene que ver con la licuación de las relaciones interpersonales y sociales, y de la cultura o “modernidad líquida” (Zygmunt Bauman).
El término modernidad tiene acepciones filosóficas y sociológicas vinculadas con la autopoiesis, término que define el pensamiento y acción del sujeto moderno que considera que se construye a sí mismo y que las instituciones, relaciones y reglas sociales se definen contractual y consensualmente. En definitiva, los modernos son los hacedores de sus mundos.
No siendo nuestro propósito entrar en la definición y alcances del posmodernismo, nos remitimos a quienes han ahondado en el tema. Siguiendo al intelectual rosarino Diego Roldán, a quien remitimos (véase Modernidad-posmodernidad).
Jorge Bergoglio, siguiendo a Augusto Del Noce, filósofo y político italiano a quien conoce a través de Methol Ferré, comparte la idea según la cual la modernidad no es un camino indefectible, más o menos determinista, hacia la decadencia o el inmanentismo, sino que hay múltiples vías. El camino que explora Francisco es la búsqueda constante del punto de encuentro de esas múltiples vías: el punto donde los diversos pensamientos pueden unirse en la complementariedad de las diversas miradas u oposiciones, de tal modo de abrir la puerta a “la posibilidad de construir un puente, un lugar donde hay un factor de comunión” (entrevista a Rodrigo Guerra López en Humanitas. Revista de antropología y cultura cristianas, 2017, p. 31).
En general, a finales de la modernidad, en plena época de las democracias liberales o capitalistas neoliberales, se desprecia la dialéctica amigo-enemigo. No obstante, aún está vigente en algunos espacios filosóficos postmarxistas o neofascistas y en ciertos ambientes culturales, ideológicos y políticos. En especial, reaparece para enmascarar y legitimar gobiernos autoritarios y justificar la eliminación y/o reducción de la oposición política y el diálogo.
Compartiendo el propósito del papa Francisco y partiendo de lo local a lo global, consideramos que el espacio del otro “no es un enemigo a vencer, sino un territorio a conquistar” (Bergoglio).
Lo diabólico en la actualidad no es el ateísmo mesiánico sino el ateísmo libertino, cómplice del statu quo, que no se interesa por la justicia —mucho menos por la justicia social— sino por el hedonismo radical. Idea especialmente desarrollada por el norteamericano Zbigniew Brzezinski, a quien sigue Bergoglio en su pensamiento.
Este pensador caracteriza “la sociedad de consumo del mundo capitalista como la cornucopia permisiva, esto es, la cornucopia del consumo de los deseos infinitos”. Esto se refiere a los cambios culturales y, en especial, morales del mundo capitalista. Parte de esa cultura es la cultura política de la clase dirigente, y por eso entendemos que el problema de la corrupción política y de los funcionarios públicos debe ser visto, valorado y juzgado en ese contexto.
Viendo la realidad de nuestra democracia y de nuestra clase política, observamos con tristeza que la mayor parte de los gobernantes de los últimos 40 años demuestran un descenso moral muy importante y grave en materia de corrupción pública.
Una rápida mirada nos deja ver que, a excepción del gobierno de Raúl Alfonsín —a quienes nunca veríamos gozar al volante de una Ferrari roja, ni estar próximos a la farándula, ni recibir sumas provenientes de la privatización de un bien del Estado, ni tener en sus listas candidatos que transaran con narcotraficantes—, veríamos en cambio, como si fuera natural, que no pocos gobernadores o intendentes saltan de humildes ranchos o casas discretas a mansiones espectaculares o lujosos pisos en Puerto Madero. También observaríamos inversiones en la Quinta Avenida de Nueva York o exministros propietarios de inmuebles en el centro de Londres. No podríamos dejar de ver cómo pasan en pocos años de compartir el sencillo trampolín de la pileta de un club de un barrio periférico del conurbano bonaerense a lujosos yates en el Mediterráneo, bebiendo champán francés con cotizadas y bellas señoritas. Sólo por curiosidad nos detendríamos en lo que se puede decir que son peccata minuta, como las ropas de alta costura, joyas o artículos comprados en la Via dei Condotti de Roma o la Rue du Faubourg Saint-Honoré o la Avenue Montaigne de París, pero ¿qué diríamos si hablaran las millonarias cuentas en las plazas offshore o en paraísos fiscales de las Islas Vírgenes, las Islas Caimán, Bermudas, Suiza, Singapur, etcétera?
Brzezinski dice que “la noción de ‘cornucopia permisiva’ implica esencialmente una sociedad en la cual el progresivo declinar en la centralización de los criterios morales está emparejado con una preocupación intensificada por la autogratificación material y sensual”. No remite a un “estado eterno de felicidad social para los redimidos”, sino que se enfoca principalmente en la satisfacción inmediata de los deseos individuales, en un sistema en el cual el individuo y el hedonismo colectivo llegan a ser el motivo dominante para la conducta.
Asimismo, resulta importante poner en relación algunos tópicos que atraviesan el pensamiento moderno y posmoderno: la crítica, la razón, el sujeto, el espacio, el tiempo y la identidad. Este programa se propone articular esas preocupaciones.
Los argentinos somos cristianos y amamos la libertad. La libertad para pensar, expresarnos, decir; la libertad política, deambulatoria y de conciencia, o para elegir a alguien que sirva al ordenamiento social, administre e imponga límites no arbitrarios; la libertad material o económica que nos permita satisfacer nuestras necesidades y deseos para llevar una buena vida. Somos defensores de la igualdad, hermanados por la historia y un destino común que persiga el bien común y no el bien de unos pocos.
La Argentina forma parte de una familia continental, un estado continental —decía el gran uruguayo Methol Ferré— capaz de producir y multiplicar los bienes para satisfacer los anhelos de libertad, igualdad y fraternidad (no en términos de la mala ideología que se hizo de ellos). Carece de directores sociales que sepan administrar y repartir con honestidad. Para ello solo se precisa que las cargas y las ganancias de todos sean recogidas y repartidas con justicia, como para que cada uno reciba lo necesario para tener un buen vivir. No solo eso, se precisan representantes del pueblo que sean gente no solo idónea, también honesta.
El diagnóstico de nuestro mal sigue siendo el mismo: desintegración por vía de la corrupción en las esferas de los gobiernos
Porque el único obstáculo serio y pernicioso que los argentinos tenemos no es ni el déficit fiscal, ni la ausencia de materia prima, no es el desconocimiento de los avances técnicos o científicos para la exploración o extracción de recursos naturales, como el petróleo, el oro, la plata, las tierras raras u otras riquezas de nuestra tierra. Tenemos la técnica y la ciencia para la investigación, para la fabricación de productos elaborados, los medios para la comercialización; no es la falta de conocimientos en el ámbito rural, industrial o artístico, no son las presiones de las empresas extranjeras, no es la herencia cultural dejada por nuestros ancestros ni el grado de educación recibida.
La causa central que impide nuestro crecimiento y prosperidad es la codicia de quienes nos gobiernan.
¿Por qué los gobiernos nacional y provinciales no publican en forma clara los términos de las concesiones en materia de minería o de explotación de la riqueza ictícola?
Los gobiernos argentinos han descubierto la manera de lograr la inflación cero. ¿Cómo? Incrementan la deuda pública, achican los servicios de salud y educación, aumentan los despidos de empleados públicos, destruyen la pequeña y mediana empresa aumentando el desempleo y el empleo efímero; achican los centros científicos, hospitales y escuelas públicas, disminuyen los haberes jubilatorios y hacen crecer sus bolsillos.
En el segundo año del actual gobierno, retrocedió cinco lugares en el ranking global que mide la corrupción. Estábamos ubicados en el vergonzoso lugar 99 de entre un total de 182 países de todo el mundo. Estábamos por debajo apenas de la mitad de los más corruptos. En el último ranking publicado en 2026, entre los más corruptos ocupamos el puesto 104 del planeta. Esta circunstancia afecta al mismo tiempo la situación del continente.
Argentina quedó en el puesto 104 sobre 182 países, cuando el año anterior se había ubicado en el 99. Obtuvo 36 puntos sobre 100 del país más transparente, según el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, que mide Transparencia Internacional.
Este cronista entiende que los actos de corrupción contra el Estado nacional y los estados provinciales, empresas públicas o privadas declaradas de interés nacional, deberían estipular penas de 8 a 25 años de cumplimiento efectivo e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos a sus autores, y que esta política debería extenderse a las demás naciones del continente.
Methol Ferré decía que “existe un nexo entre cultura católica e integración. Las fuerzas reales que operan en el mundo se reagrupan y delimitan en los Estados y, en sentido analógico, en las iglesias. Este razonamiento se aplica también en la perspectiva integracionista: potencia del poder y entonces potencias de la Misión de la Iglesia de influir sobre el poder del mundo”.
Haciendo abstracción de las circunstancias particulares que atraviesan las distintas naciones de nuestro continente, es preciso recordar que para el papa Francisco también “es necesaria una acción cultural que sirva de base a la integración económica latinoamericana. Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia. No debemos olvidar —dice Francisco— que las políticas de dominio imperiales han usado siempre y usan ‘el divide y reinarás’” (Nro. 12 in fine FT).
Así como las naciones latinoamericanas debemos integrarnos política y económicamente, evitando la fragmentación y el debilitamiento de nuestros pueblos y sus instituciones. Por ello, estamos obligados a luchar contra el hambre, el consumo y comercio de estupefacientes, la industria y el trabajo, la salud y la educación de nuestros niños y contra la corrupción de nuestros dirigentes políticos y sociales.