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clarin.com · hace 12 horas · Clarin.com - Home

La mujer que bailó para Mengele

La mujer que bailó para Mengele

Nunca imaginó que esa pasión que cultivaba desde chica terminaría por salvarle la vida. Cuando en 1944, con apenas 16 años, fue llevada por los nazis al campo de concentración de Auschwitz junto a sus padres y su hermana Magda, serían esos pasos de danza que había aprendido en su Hungría natal los que deleitarían nada menos que a Josef Mengele, el perverso médico que usaba a los prisioneros para sus aterradores experimentos. Edith Eger debió bailar para él pocas horas después de que su madre muriera en una cámara de gas. Con una fortaleza increíble, y el apoyo incondicional de Magda, logró sobrevivir.

A los 19 años se convirtió en madre (“Agité mi puño hacia Dios”, contó) y más tarde emigró a Estados Unidos, donde se forjó una carrera como psicóloga especializada en estrés pos-traumático. Debieron pasar dos décadas para que se animara a hablar de lo que había vivido en Auschwitz. Fue decisivo el encuentro con Viktor Frankl, autor de “El hombre en busca de sentido”, sobre su propia experiencia en los campos de concentración. Gracias a él entendió que debía superar sus traumas y que podía sacar, de las experiencias más tremendas, grandes aprendizajes. Nunca quiso que la identificaran como una víctima, a pesar de haberlo sido, sino como una sobreviviente. Tampoco creyó que su paso por Auschwitz la definiera: “Estoy aquí ahora. Lo logré, así que no digo ¿por qué yo?'; digo, ¿ahora qué?”. Y encontró varias respuestas.

A sus 90 años se decidió a escribir su historia; así nació “La bailarina de Auschwitz”, un enorme éxito editorial, al que siguió “The gift”, en el que da algunas lecciones sobre resiliencia, como que llorar no es malo, ya que “lo que sale de tu cuerpo no te enferma. Lo que se queda adentro, sí”. Dijo no haber sentido jamás odio ni venganza. “Sólo siento pena por esa gente. Si odiara, seguiría siendo prisionera”. Una de sus grandes tareas fue reconvertir el odio que recibió, en amor, dos estados que, en sus palabras, no pueden coexistir. Alguna vez contó que cuando nació su primer nieto, su marido dijo: “Tres generaciones, esa es la mejor venganza contra Hitler”. Convencida de eso, tenía 98 años “Edie” Eger cuando se despidió de este mundo el pasado 27 de abril.

Silvia Fesquet

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