León XIV, contra la pobreza y la guerra
Algunos descendían de aborígenes, otros eran esclavos traídos de África. Los aborígenes adoraban al sol y a la luna, algunos africanos creían en un misterioso Jesús que afirmaba ser hijo de Dios. En 1651, un esclavo angoleño, en cuyo país los misioneros portugueses habían introducido exitosamente el catolicismo, pintó en un muro de adobe a Cristo crucificado. Tiempo después, un feroz terremoto destruyó todo en la región … excepto el muro de adobe pintado por el esclavo angoleño.
Aunque este evento no ocurrió en Chiclayo, la noticia se propagó rápidamente por toda la colonia y finalmente convirtió al Cristo del esclavo congoleño - bautizado “el Señor de los Milagros”- en un nuevo objeto de veneración.
Fue en este mundo, heredero de tradiciones perennes y mitos renovables, de fe y sacrilegio, de milagros y conjuros, de rezos y supersticiones, donde Robert Francis Prevost sirvió durante una década, llegó a ser Obispo de Chiclayo, en Perú. Hoy es Papa.
La diversidad, la desigualdad, las leyendas, las vidas paralelas de aquel pueblo le dieron esa cosmovisión que portó al Vaticano.
Cuando murió Francisco, al conocerse que su sucesor sería un cardenal norteamericano, muchos imaginaron estar a las puertas de un Pontífice reaccionario.
Sin embargo, el papado de León XIV es una continuación del papado de Francisco. El uno predicó y el otro predica la Doctrina Social de la Iglesia, que algunos atribuyen a Juan XXIII, su máximo exponente en el siglo 20.
En realidad quien originó la doctrina, a fines del siglo 19, fue León XIII. El hecho de que Prevost haya elegido León XIV como su nombre papal es, de por sí, una definición. Lo dijo él mismo. ”Pensé tomar el nombre de León XIV. porque el Papa León XIII, con la histórica encíclica Rerum novarum afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial,. defendiendo la dignidad humana, la justicia y el trabajo”.
El nuevo Papa inició su episcopado con un claro objetivo: “Como en tiempos de León XIII hay cosas nuevas [ rerum novarum] en el mundo, pero cuando se habla de esos cosas se se lo hace, en general, desde el centro. Se piensa en la inteligencia artificial o la robótica. Yo quiero mirarlas desde la periferia”.
La pobreza. León XIV asentó sus prioridades: la lucha contra la pobreza y contra la guerra. Sobre la primera, emitió la Exhortación Apostólica Dilexi te “sobre el amor hacia los pobres.” Se puede decir que esta exhortación fue escrita a cuatro manos: la comenzó Francisco (“mi amado predecesor”) y la concluyó León XIV.
Un breve catálogo de definiciones de la exhortación debería inspirar a los gobiernos nacionales y al la política internacional.
La indiferencia. “Todavía persiste —a veces bien enmascarada— una cultura de tolerancia e indiferencia a que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano.”
No es casualidad. “Los pobres no lo son por casualidad o por un ciego y amargo destino. Sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad”.
La falacia del mérito. “No podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no ha tenido méritos para evitar la pobreza. Es la falsa visión de la meritocracia, según la cual parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida”.
La desigualdad. ”San Ambrosio, insistía en la exigencia ética de compartir [o distribuir equitativamente] los bienes: lo que das al pobre no es tuyo, es suyo. Porque te has apropiado de lo que fue dado para uso común”.
La mujer. Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos.
El inmigrante. Los migrantes deben ser tratados como seres humanos. En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido, los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias”.
El abuso de los vulnerables. No se está ejerciendo la soberanía nacional de manera legítima cuando se abusa de los migrantes vulnerables, sino que se cometen graves delitos de Estado”,
La guerra. León XIV no es un predicador pasivo. No se limita a pregonar la paz, sino que desde el inicio de su episcopado procuró deslegitimar las guerras. Empezó por llamar a Vladimir Putin para reclamarle “un gesto que favorezca la paz” y exponerle la “necesidad de mantener una actitud humanitaria.” Luego hizo público su mensaje: “!No más guerra!”
Se podrá decir que la prédica papal es inocua. No es lo que cree Donald Trump, que ha lanzado un cascada de insultos a León XIV. El Papa dio una imprevisible respuesta:“ No le temo al gobierno de Trump. Seguiré pronunciándome con firmeza contra la guerra”.
¡Basta! “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”.
El hambre como arma.“Los escenarios de los conflictos actuales han hecho resurgir el uso del hambre como arma de guerra. El derecho internacional humanitario prohíbe atacar bienes esenciales para la supervivencia de las poblaciones civiles”.
Para un Papa activo no basta con defender la Doctrina Social De la Iglesia y militar por la paz. La autoridad moral del Sumo Pontífice lo obliga a una fatigosa tarea, de eficacia siempre incierta: procurar que las palabras se transformen en hechos. Así parece haberlo entendido León XIV.
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