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perfil.com · hace 20 horas · María Lorena Rodríguez

La deuda argentina sube un escalón, pero los inversores todavía miran el cepo y el 2027

Caputo - Deuda Argentina 06052026

La Argentina recibió una buena noticia en el frente financiero que empujó este miércoles 6 de mayo a los bonos soberanos con más de 2% de suba, aunque para algunos analistas consultados por PERFIL, todavía aparecen en el horizonte más condicionantes que certezas. La calificadora Fitch mejoró la nota de la deuda soberana de largo plazo, que pasó de “CCC+” a “B-”, con perspectiva estable. El movimiento reconoció avances en el orden fiscal, en el frente externo y en la agenda de reformas, pero no despeja la pregunta central del mercado: si el Gobierno podrá sostener ese rumbo cuando se acerque el año electoral.

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La mejora puede ayudar a reducir la percepción de riesgo -de hecho el EMBI que mide JP Morgan bajó a 526 puntos hoy- y acercar al país a una zona de mayor elegibilidad para inversores internacionales. Pero el cambio de nota no equivale a una normalización plena. La Argentina sigue dentro del universo de deuda especulativa, con baja liquidez internacional, inflación todavía elevada y un calendario de vencimientos exigente hacia 2027.

En esa línea, Andrés Reschini, analista de F2 Soluciones, consideró que la mejora “siempre es bienvenida” y que, en cierto modo, representa “una validación de los avances que el país ha logrado en materia de orden macro y un paso más hacia la vuelta al mercado internacional de crédito”.

Sin embargo, el analista marcó el límite de la noticia. “Creo que sigue siendo limitado y que los inversores se mantendrán relativamente cautos y enfocados en las chances de reelección de Javier Milei, así como también en las señales que se den desde la oposición a medida que nos acerquemos a las elecciones”, sostuvo Reschini.

Mercados financieros 13042026

El diagnóstico resume el clima que sobrevuela al mercado: la mejora de Fitch suma, pero el verdadero precio de los bonos dependerá de cuánto crea el inversor que el programa económico tiene continuidad política.

El licenciado Gastón Lentini también planteó una lectura favorable, aunque pidió no confundir el paso dado con una normalización definitiva. “Desde mi punto de vista tenemos que separar expectativa, realidad y, a la vez, recordar la historia”, señaló.

Para Lentini, la mejora “es una buena noticia porque indica que la macro está ordenándose, al menos para los ojos del mundo”. Y lo graficó con una imagen escolar: “Dejamos de parecernos a países como Senegal, Zambia o Etiopía y nos vamos pareciendo más a Ecuador o Colombia; es decir, nos estamos sentando más adelante en la clase y mejora la nota de concepto del profesor”.

La metáfora apunta al corazón del problema argentino. Una mejor nota no cambia por sí sola la disponibilidad de dólares ni elimina el riesgo electoral, pero sí modifica el lugar desde donde el país empieza a ser observado. En mercados acostumbrados a trabajar con umbrales de riesgo, ese cambio puede abrir puertas que hasta ahora estaban cerradas.

“Existen fondos que solo pueden comprar activos de un país que tenga determinada calificación. Entonces, una mejora en la nota nos pone en el menú de grandes fondos de inversión que podrían inyectar capital en el país, en las empresas o en los bonos argentinos”, explicó Lentini.

El economista, sin embargo, eligió la prudencia. Advirtió que las próximas señales relevantes llegarán en junio, cuando aparezca otra discusión clave para los activos argentinos: la clasificación del país dentro de los índices globales.

“Quiero ser prudente con las próximas calificaciones, que vienen en junio, porque son tal vez las más conocidas: son las que nos catalogan como ‘standalone’, ‘país de frontera’ o ‘país emergente’. Esta última es una etiqueta que supimos ostentar en el auge del macrismo, antes de que prontamente perdiéramos el título y volviéramos a la crisis que conocemos”, recordó Lentini.

La aclaración de Lentini introduce un matiz importante. La mejora de Fitch habla de riesgo crediticio soberano. La eventual revisión de MSCI, en cambio, mira otra dimensión: la profundidad del mercado, la liquidez, la operatoria y la posibilidad de que los capitales entren y salgan sin restricciones.

“Esta danza de nombres se va a dar en junio y esa etiqueta no la pone una calificadora de riesgo como ocurrió ahora, sino el MSCI, una empresa que crea índices y mide, entre otras cosas, el tamaño del mercado, la cantidad de operaciones y, sobre todo, lo más interesante para nosotros, el libre flujo de capitales hacia adentro y fuera del país o, dicho en criollo, el nivel de cepo que existe”, detalló Lentini.

Mercados

El punto no es menor. Para muchos fondos globales, la categoría de mercado pesa tanto como la calificación crediticia. Una mejora en la nota soberana puede habilitar más demanda por bonos. Pero una reclasificación de mercado puede impactar sobre acciones, flujos pasivos, carteras globales y posicionamiento de largo plazo.

Por eso, Lentini cree que habrá buenas noticias para seguir acercando a la Argentina “al promedio” o, como dijo, “a un país normal”. Pero evitó anticipar festejos. “No me apresuraría a celebrar hasta que tal vez podamos emitir nueva deuda con un riesgo país abajo de 400, una inflación que se controle y una actividad que crezca para que podamos tener más empleos disponibles”, concluyó.

La reacción inicial de los bonos soberanos fue positiva con una suba del 2% este miércoles. Según Reschini, los títulos en moneda extranjera “abrieron con alzas”, aunque aclaró que ese movimiento no respondió únicamente a la mejora de Fitch.

“El contexto internacional también ayuda, con nuevos avances en el diálogo entre Estados Unidos e Irán, lo que generó una baja en los rendimientos de los bonos del Tesoro americano, debilitamiento del dólar y mejoras en deuda de emergentes”, explicó el analista de F2 Soluciones.

Ese punto es clave para no sobredimensionar el impacto local. La suba de los bonos argentinos combinó dos factores: una señal favorable sobre el crédito soberano y un mejor clima global para los activos de riesgo. En otras palabras, parte del movimiento se explica por Argentina, pero otra parte responde a un mercado internacional más amigable para los emergentes.

Fitch fundamentó la decisión del cambio de la calificación argentina en una mejora de los saldos fiscales y externos, en los avances de la agenda de reformas económicas y en la acumulación de reservas de divisas.

También destacó que el Gobierno logró avanzar en su agenda legislativa después de las elecciones de medio término de octubre de 2025, con apoyo para la reforma laboral y un Presupuesto 2026 centrado en el equilibrio fiscal.

Para la calificadora, esos puntos muestran un cambio respecto de la fragilidad previa. El ajuste fiscal, la corrección de precios relativos y la búsqueda de mayor previsibilidad macroeconómica empezaron a pesar en la evaluación crediticia.

A eso se suma un factor estructural: el cambio en el frente energético. Fitch remarcó que la Argentina logró convertirse en exportador neto de energía, un dato que mejora la capacidad del país para generar divisas y enfrentar eventuales shocks externos.

La calificación de deuda funciona como una referencia para los grandes fondos globales. Muchos inversores institucionales tienen límites para comprar bonos de países con notas demasiado bajas. Por eso, cada mejora puede ampliar el universo de compradores potenciales.

En la práctica, si más fondos pueden mirar activos argentinos, la demanda por bonos podría mejorar. Eso tiende a comprimir rendimientos y, por lo tanto, a reducir el riesgo país.

Ese punto es central para el Gobierno. Una baja sostenida del riesgo país permitiría acercarse al mercado voluntario de deuda y refinanciar vencimientos sin depender exclusivamente de organismos internacionales, bancos o colocaciones puntuales.

También tendría impacto sobre el sector privado. Cuando baja el costo de financiamiento del soberano, mejora la referencia para bancos, provincias y empresas. Una compañía argentina que busca colocar deuda en el exterior suele pagar una tasa asociada al riesgo del país. Si ese riesgo baja, el crédito puede empezar a ser menos caro.

El informe también puso el foco en el calendario de pagos. Los vencimientos de deuda en moneda extranjera para 2027 son considerados relevantes y ascienden a US$ 9.800 millones en bonos.

Ese dato explica por qué la mejora de la calificación es importante, pero también por qué no resuelve todo. El Gobierno necesita llegar a esos vencimientos con más reservas, menor riesgo país y capacidad de refinanciar en mejores condiciones.

La estrategia oficial apunta justamente a eso: sostener el superávit fiscal, recomponer reservas, bajar la inflación y recuperar acceso al crédito. El desafío será convertir la mejora de la nota en una baja persistente del costo financiero.

Trigo