Anversos y reversos de la Argentina de Milei
LLA, el partido de los hermanos Milei, sigue avanzando mientras la libertad de los argentinos retrocede. La división de poderes poco importa a este gobierno, proclive a elegir jueces amigables; tampoco la transparencia de su gestión-sostiene a un jefe de gabinete que resiste a dar explicaciones sobre su oscuro patrimonio, entre otros hechos opacos como el caso Libra que lo tiene al Presidente de protagonista.
Hoy impera el secretismo en su administración- anulada la Ley de Información Pública por decreto- y se multiplican los calificativos denigrantes hacia el periodismo crítico. También se ataca a la organización burocrática del Estado.
Milei heredó un Estado que es un rompecabezas desarmado, colonizado por intereses particulares y en el que imperó un clientelismo rampante. Empero, la toma de decisiones prescindente de una burocracia que ponga distancia entre el gobierno y los ciudadanos- esa fue la gran contribución de Weber a la Teoría Política-nos condena a la arbitrariedad del personalismo y al reino del presente continuo.
Las decisiones dependen del humor presidencial. Nadie se atreve a predecir cómo será en el futuro y cada renovación presidencial es una puerta abierta a la incertidumbre; no hay consensos establecidos que garanticen la continuidad de las políticas.
Nuestra cancillería es un buen ejemplo del personalismo rampante que define a este gobierno. El cuerpo diplomático, cuya función es asesorar al presidente en materia de política exterior, ha sido reducido a acatar las decisiones del Poder Ejecutivo, sin opinar en contrario so pena de castigo.
Nuestra política exterior es errática, como lo son los impulsos presidenciales: podemos no condenar el esclavismo, entre otras excentricidades que ignoran la tradición de las votaciones en los organismos internacionales. Ralf Dahrendorff advirtió hace ya dos largas décadas que la tendencia a transformar el liderazgo político en celebridad mediática es una situación riesgosa para las democracias, sólo augura opacidad y personalismos, materias en las que Silvio Berlusconi fue un adelantado.
El mundo de hoy es un mundo de cambios acelerados a velocidades inéditas. Un mundo en el que se han roto las reglas e impera la fuerza, un mundo de incertidumbre y confusión. No se puede hacer la misma política ni a nivel nacional ni internacional. Lo sabemos. Los partidos políticos fragmentados, hoy se asemejan a las ligas que son agregaciones del electorado por afinidades temáticas y funcionan como un signo de identidad, multiplicándose en las redes. La gente toma partido aunque no suele pertenecer a un partido y reclama derechos en la redes.
¿Cómo crear organizaciones representativas capaces de articular las preferencias de un electorado fragmentado, monotemático y voluble, y de gobernar? De no ser así, no habrá democracia como quieren los tecnomegamillonarios de hoy ; entraríamos en el reino de lo que Peter Thiel-un filósofo- y otros, llaman libertad, seguramente entendida como el hacer lo que cada uno quiere con lo que puede. Si no se mata ni se atenta contra la propiedad privada, adelante...Milei dixit.
Nunca más actual la frase de Tulio Halperín Donghi:” Si nos es concedido el tiempo suficiente, habremos logrado ver todo y lo contrario de todo”. Ecos del tiempo de ayer, de los oscuros años 30. En la Argentina, mientras se busca afirmar un nuevo rumbo en la economía emprendiendo la necesaria destrucción creadora shumpeteriana, con la secuelas de una dolorosa transición a un nuevo régimen económico que nos saque del pozo en el que desde hace tanto tiempo estamos, se reitera un modo de ejercer el poder que viene de lejos y cuyo antecedente inmediato es el kirchnerismo. Ese ejercicio se engloba en el equívoco concepto de populismo.
La definición de Helio Jaguaribe me parece la perspectiva analítica más fértil para estudiar los gobiernos personalistas y el huevo de la serpiente que incuban. Un liderazgo imbuido de una misión histórica que en nombre del pueblo que dice encarnar, actúa por encima de toda mediación y reparte a su arbitrio premios y castigos.
Las decisiones son personalistas y se fundan en la antinomia pueblo versus anti pueblo: la oligarquía ayer, hoy la casta de privilegiados enquistados en el Estado.
Una suerte de Revolución Francesa en las redes, sólo que ese discurso moral fundante, cada día pierde fuerza en una ciudadanía que contempla absorta cómo la casta se reproduce en el seno del gobierno que prometió erradicarla, mientras las mayorías se empobrecen en una economía que crece de modo muy desparejo y deja a la intemperie a las actividades productivas intensivas en mano de obra. No sorprende que caigan la popularidad del presidente y la evaluación de su gestión, sólo que enfrente, por ahora, el desierto.
La polarización mileísmo/kirchnerismo que alimenta el gobierno muestra a las claras que son dos modos de ejercer el poder simétricos: populista liberal (de mercado) uno; estatista, el otro. Ambos son gobiernos personalistas de autoritarismos progresivos, diría Dahrendorf, avanzan transgrediendo límites.
Mientras el peronismo emprende su saga transformista con la novedad de la austeridad fiscal, los huérfanos de JXC siguen a la espera de un autor, como los personajes de Pirandello, y los argentinos seguimos viviendo entre ilusiones y desencantos a la espera de un futuro que no sea pura amenaza.
Socióloga y Politóloga. Profesora Titular de la UBA. Investigadora Superior del CONICET. Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas (ANCMyP)
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