El periodismo no defiende el bolsillo de la gente
Nuestra vida está atravesada por el consumo, pero la agenda periodística no lo refleja. La sobrepolitización de la profesión periodística se expresa aquí en forma abrumadora. La política es nuestro tema principal mientras el consumo es un tema menor.
Cuando el periodismo discute sobre el nivel del consumo suele buscar con eso probar el éxito o el fracaso de un gobierno. Y, muy seguido, las organizaciones de consumidores se sienten usadas por eso.
Si el periodismo necesita reconectar con la audiencia, ¿por qué no hay un periodismo vibrante que refleja nuestro interés central en el consumo?
El gasto de los hogares incluye alimentos, vivienda, vestimenta, transporte, educación, salud y servicios. El periodismo podría revelar patrones oscuros e información engañosa, enseñar oportunidades, orientar para resolver problemas, vigilar precios, ofrecer alternativas, ayudar, en fin, a mejorar la estructura del gasto familiar. Por ejemplo, casi ha desaparecido el periodismo de góndolas y eso afecta el ingreso real de las personas.
Esto se agrava con los consumidores hipervulnerables, como discapacitados, adultos mayores, desempleados, sobreendeudados o personas pobres.
La desinformación hace estragos. Por eso, en el actual ecosistema informativo potenciado por la inteligencia artificial es importante tener voces de referencia, como son las organizaciones de defensa del consumidor. En los entes regulatorios participan organizaciones de usuarios, y hay alrededor de cincuenta asociaciones reconocidas en la Secretaría de Comercio. Pueden ser el dique para que la inundación de información no provoque desinformación.
Pedro Bussetti dirige la organización Deuco (Defensa de Usuarios y Consumidores). Él tenía un almacén en 1988, cuando por un tarifazo del entonces ministro de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno, recolectó 30 mil facturas de clientes para expresar su reclamo al ministro. Ahí nació su vocación por la defensa de estos derechos que hoy, a sus 81 años, sigue promoviendo. Siempre recuerda cuando estaba en su almacén de Laferrere, en La Matanza, y se le acerca su mujer y le dice: “Te buscan de la CNN”.
Claudia Collado es la presidenta de la organización pionera, Adelco (Acción del Consumidor), fundada en 1980. Fueron un actor central en el reconocimiento del derecho de los consumidores en 1993, con la sanción de la Ley de Defensa del Consumidor (24.240). Al año siguiente promovieron la incorporación de esos derechos a la reforma constitucional de 1994 en los artículos 42 y 43. Mientras, discutían con el ministro Domingo Cavallo para incrustar esos derechos en los pliegos de las privatizaciones de servicios públicos y, por un amparo de Adelco a raíz de un tarifazo de las telefónicas, se iniciaron las audiencias públicas.
También batallaron con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. La frase que les llegó del gobierno fue: “No publiquen más en Clarín y no los jodemos más”. El relevamiento de la canasta básica de alimentos que sigue haciendo Adelco tenía para el gobierno un costo político insoportable. El problema no era la planilla de precios, sino su publicación en los medios. Todavía Adelco no publica los relevamientos mensuales que sigue haciendo de la canasta alimentaria.
Las organizaciones se preguntan: ¿en qué momento se redujo el interés del periodismo en las organizaciones de consumidores? “Estamos en un segundo plano”, dicen. Solo las radios parecen mantener el interés. Antes, las consultas eran constantes, ahora son ocasionales. La inteligencia artificial y las redes sociales son una de las explicaciones, pero no la única.
También influye que los periodistas tienen que cumplir métricas y en algunos casos son evaluados por si producen conversiones, es decir, suscriptores nuevos. Con esa presión hay poco margen para temas nuevos. El incentivo es ir hacia lo conocido que rinde.
Otra de las razones es que la prensa vive una dramática situación económica. Los periodistas no pueden indagar a sus anunciantes reales o potenciales como hipermercados, fabricantes de productos de consumo masivo, bancos, marcas de ropa, telecomunicaciones, tiendas de electrodomésticos, laboratorios o empresas de medicina prepaga. Los temas que pueden afectar a esos sectores ingresan a lo que se llama la preagenda, que son los temas que posiblemente no se informarán en ese medio. Cuanto más difícil es la situación económica de un medio, la preagenda suele ser mayor y, por lo tanto, su calidad, inferior.
En la Argentina los rankings de denuncias los encabezan las empresas con más clientes, como los bancos, tarjetas de crédito y los servicios de comunicación (internet, cable y telefonía).
En otros países, sí hubo grandes investigaciones. Por ejemplo, sobre la industria de los seguros, medicamentos, comida rápida, celulares o las prácticas comerciales de Apple. En Brasil, el medio UOL reveló un uso masivo de información privada de los pacientes a partir de las recetas que presentaban en las farmacias.
Michael Moss, del The New York Times, ganó un premio Pulitzer rastreando de qué países llegaba la carne molida para las hamburguesas y cómo superaban los controles de seguridad alimentaria. Su primera nota fue la historia de una instructora de baile que quedó paralítica por una bacteria en una hamburguesa. Tras estas publicaciones, se revisaron los sistemas de control en Estados Unidos.
Pero, si los medios son propietarios de empresas de servicios, al menos en ese servicio su cobertura ingresa a la preagenda. Entre otros casos, el grupo Clarín es propietario de Telecom; durante muchos años Telefónica fue dueña de Telefe; quienes controlan América TV, Telefe y El Cronista son propietarios de Edenor; el dueño de Swiss Medical también es accionista de América TV y Telefe; y el grupo de salud Olmos es el propietario del grupo Crónica.
En la columna del domingo anterior, “El periodismo en el Día del Trabajo”, dijimos que hay poca información sobre el mundo laboral porque, entre otras razones, este no genera bases de apoyo informativas, como observatorios, centros de estudios, indicadores, publicaciones especializadas. Hablamos de que al centro de la agenda pública se llega por una escalera informativa, donde cada sector hace sus deberes para producir la información necesaria. Con la defensa de los usuarios y consumidores también puede ocurrir eso.