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infobae.com · hace 11 horas · Sergio Serrichio

El magnate tecnológico que visitó a Milei y compró una mansión en Buenos Aires ahora vende productos textiles y un libro clave

Infobae

Peter Thiel, el magnate tecnológico que recientemente se compró una mansión de USD 12 millones en Buenos Aires, se reunió en la Casa Rosada por segunda vez con el presidente Javier Milei y le preguntó sobre la sostenibilidad de su experimento libertario, lanzó a través de su principal empresa, Palantir, proveedora de la CIA, el Pentágono y el servicio de Inmigración de EEUU, indumentaria corporativa de venta al público. Básicamente, una chore coat (chaqueta u overol de trabajo), en celeste y en negro, con el logo de Palantir, hecha con algodón norteamericano y que se vende al no módico precio de 239 dólares.

Lo sorprendente es que ese producto básico, minimalista hasta en el tamaño del logo corporativo y en los gorros Palantir (ver abajo), llamó la atención de GQ, una publicación de moda, estilo de vida y tendencias masculinas, y se agotó el primer día.

El Palantir Store también promociona y vende el libro “Mobilize: how to reboot the American Industrial Base and Stop World War III” (“Movilizar, como reiniciar la base industrial estadounidense y evitar la Tercera Guerra Mundial”). El autor, Shyam Sankar, y la coatura, Madeline Hart, son respectivamente jefe de Tecnología (CTO) y Estratega de Palantir y abordan allí el deterioro manufacturero de EEUU y su impacto en la seguridad nacional.

Chaquetas de trabajo azul y negra, gorras negra y azul marino, todas con logo blanco sobre fondo gris. Productos Palantir Textil

Sankar y Hart argumentan que la separación entre los sectores comercial y de defensa, acentuada tras la Guerra Fría, desconectó la innovación privada y las necesidades militares. Proponen introducir más competencia en compras y licitaciones, permitir al Pentágono la contratación directa y hasta promover que las fuerzas armadas de EEUU compitan entre sí para lograr resultados más rápidos, aunque advierten también el riesgo de que las empresas antepongan su beneficio a la seguridad nacional, como ocurrió cuando se “deslocalizaron” para establecerse en China, debilitando la capacidad industrial de EEUU.

Vista en ángulo de la portada del libro de tapa dura blanco 'Mobilize' con texto negro, una estrella verde y los autores, sobre una superficie gris

En una presentación ante el Hudson Institute, un think tank de miras estratégicas fundado en 1961 por el futurólogo Herman Kahn, Sankar dijo que la Inteligencia Artificial (IA) es el piedrazo de David contra el “Goliat” de la planificación industrial china, para dar “superpoderes” a los trabajadores norteamericanos y hacerlos “50 veces más productivos” que los de cualquier otro país del mundo, incluida China.

Según The Wall Street Journal, con su mensaje a favor de movilizar la base industrial norteamericana y despejar el riesgo de “una sangrienta y humillante derrota” en una eventual guerra con China, el CTO de Palantir se convirtió en “el Paul Revere de Silicon Valley” (Revere fue un patriota famoso por un histórico galope nocturno en 1775, para alertar a los colonos de Massachusetts sobre el avance de las tropas británicas, antes de las batallas de Lexington y Concord, inicio de la resistencia armada e hitos del proceso de independencia de EEUU).

Esa prédica industrial-militar está en línea con la observación de Thiel de que en las últimas décadas EEUU y Occidente se ocuparon mucho de los “bits” (esto es, del mundo digital) y poco de los “átomos”, el mundo material, la base física y productiva del mundo.

De hecho, la última creación empresaria de Thiel es General Matter (Materia General), que aspira a ser a la energía nuclear de EEUU algo así como General Motors lo fue a su industria automotriz, un gran impulsor, su combustible, a partir de la producción de HALEU (High Assay Low Enriched Uranium). A mediados de 2025 General Matter recibió un aporte inicial de USD 50 millones de un fondo del Departamento de Energía de EEUU dotado de USD 2.700 millones, así como Palantir, cuya capitalización de mercado es hoy de USD 445.000 millones, nació de In-Q-Tel, una incubadora de empresas de la CIA. Con la producción local de HALEU, EEUU aspira a reducir la dependencia de Rusia, de donde importa actualmente cerca del 35% del uranio para sus centrales nucleares.

Thiel, abogado de formación y filósofo e intelectual de vocación, recorrió un largo camino desde sus años en la Universidad de Stanford, donde se volvió un discípulo del crítico literario francés René Girard, quien desarrolló la teoría del “deseo mimético”, la idea de que los humanos no deseamos las cosas por sí mismas, sino porque otros también la desean, lo cual se vuelve una fuente de conflicto cuanto se trata de deseos excluyentes, desde la competencia amorosa hasta la rivalidad por la hegemonía geopolítica.

Tan apegado a la teoría de Girard es Thiel, que fue uno de los inversores iniciales en Facebook porque pensó que sería un rentable vehículo de deseo mimético: millones de usuarios se sumarían, anticipó, para no “quedar afuera”. Más aún, Thiel creó la Fundación “Imitatio” para difundir la obra del pensador francés y en 2023 reunió a innovadores y líderes de opinión en Washington en un evento que -según decía su página web- sintetizaba tres ciudades metafóricas: Atenas (la razón), Jerusalén (las tradiciones religiosas) y Silicon Valley (los innovadores).

La cuestión es que ahora el magnate tech cree que el mundo digital debe reposar sobre bases firmes, en territorio propio o -cuanto menos- aliado, no en suelo rival o enemigo.

A raíz de la venta de overoles y del libro de Sankar, Elaine Moore, columnista de Financial Times, se pregunta por qué una empresa tecnológica vende ropa y por qué el público la compra. Palantir dice que la prenda es un uniforme para empleados que visitan clientes, pero según Moore la cuestión trasciende lo funcional. La moda en el sector tecnológico -señala- se caracteriza por el uso de prendas básicas, poco llamativas, pero el auge de la IA y las empresas Tech cambió la percepción: ahora también el público general busca identificarse con símbolos de innovación y éxito financiero, aun con ropa corporativa.

Casa Peter Thiel Barrio Parque

El target de Palantir, concluye la columnista, no son los ejecutivos ni los consumidores convencionales, sino los inversores minoristas, sostén de su valor de mercado y afines al mensaje de capacidad productiva y orgullo nacional y al perfil desafiante de la empresa, pues los avances en IA dependen hoy de grandes centros de datos y del suministro de energía, ambos profundamente materiales y tangibles.

Un tercer producto del Palantir Store son parches rectangulares y adhesivos con el diseño y colores de la bandera de EEUU y de otros cinco países: Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Japón y Corea del Sur. Por ahora no figura la Argentina, aunque Thiel ya sentó base en Buenos Aires.

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