El techo que tiene Milei
Una anécdota podría describir en esta coyuntura, tal vez, la incesante lucha que Javier Milei y los libertarios tienen con muchas dimensiones de la realidad. Se trata de la preservación de la narrativa política. De la percepción que desean transmitir a la sociedad. El Presidente habló tres veces la última semana, la primera de ellas en la Fundación Libertad. Un foro constituido de base por empresarios y dirigentes afines al liberalismo.
Milei fue muy aplaudido cuando ingresó al recinto. También al recibir un premio de manos de su adepto, el diputado Alberto Benegas Lynch. Fue acompañado con mucha tibieza por los presentes durante el discurso con el cual defendió la gestión económica. Las dos humoradas que ensayó, una de ellas referida a su salario estatal, pasaron casi de largo. Los militantes digitales inundaron las redes sólo con los tramos de los dos momentos cumbre. Gesto que algún psicólogo podría definir como sesgo de confirmación.
El mismo atajo mental pareció regir el gasto de energía política que el Gobierno insumió para la defensa de Manuel Adorni. Pretendió exhibirlo impoluto y fuerte. Aunque las opacidades sobre su situación patrimonial debe dictaminarlas la Justicia. La opinión pública habría moldeado ya una opinión desfavorable acerca del funcionario emanada de sus propias conductas.
Nadie sabe cuánto le durará al gobierno libertario la inversión que realizó para defender al jefe de Gabinete. Un despliegue similar en logística callejera e interna al que se había realizado el primer día de marzo para la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso que hizo Milei. El líder estuvo en esta ocasión en un palco junto a Karina, Luis Caputo, Sandra Pettovello y el canciller Pablo Quirno. Increpó a diputados de la izquierda y descalificó a periodistas.
Decenas de asesores detrás de los cortinados esperaron para contestar las preguntas que, por tandas, los diputados le realizaban a Adorni. Cada vez que ello sucedía Martín Menem pedía un cuarto intermedio. El titular de la Cámara de Diputados hizo de bastonero. También quizá de discreto negociador. La oposición se cuidó de no provocar al jefe de los ministros para que no encontrara una excusa e hiciera naufragar la sesión. Algunos comportamientos provocaron suspicacias. Los kirchneristas –salvo el diputado Rodolfo Tailhade—no estuvieron picantes. Poco extrañó el silencio de Máximo Kirchner. Mucho, el mutismo de Juan Grabois. Pueden haber tenido solo un mal día.
Los retorcidos aconsejan reparar en otra cosa. El envío de pliegos de jueces al Senado que hizo el ministro Juan Bautista Mahiques para cubrir las más de 300 vacantes en el Poder Judicial. Por ahora hubo dos tandas de 38 y 26 aspirantes. Una decena tendrían vínculos históricos con el kirchnerismo o con organizaciones como Madres de Plaza de Mayo, Hijos o el CELS. El listado posee la venia de Karina. En simultáneo, la objeción de Santiago Caputo, el joven de las comunicaciones. La interna inagotable del poder. Que terminó de ahondar una grieta en la módica Corte Suprema: su titular Horacio Rosatti es arropado por la hermanísima del Presidente. Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz están dedicados a otra partitura.
Semejante capital presidencial para defender a Adorni podría derrumbarse frente a la revelación de alguna otra moneda mal gastada por el contador en su vida privada. Que no pueda justificarla. Las hay. Entonces su informe morirá en un recuerdo y los hermanos Milei volverán a enfrentarse a la realidad. Han perdido al portavoz del Gobierno, aunque piensan rehabilitarlo a partir de esta semana. Enigma puro. Tienen un jefe de Gabinete que no está en aptitud, salvo la cesión de poder que disponga Karina, de comandar a los ministros.
El caso Adorni se añade a una zona de penumbras libertarias donde la gestión ya no se podría medir por los resultados sino por la profundidad de sus propios laberintos. En ellos habría algo que llama la atención. Los casos de falta de transparencia resonantes encuentran siempre alguna línea recta que llega hasta la estación de los hermanos del poder. La causa $LIBRA, una estafa con criptomonedas, envuelve a Milei y a su hermana. El juez Marcelo Martínez de Giorgi lleva cansinamente la investigación que tiene como clave el teléfono del trader Mauricio Novelli. Empleador en su momento del Presidente. También de Adorni. Mahiques hizo lo suyo. Promovió a Ana María Juan como jueza de Primera Instancia en Hurlingham. Es la mujer de Martínez de Giorgi. La Cámara Federal recomendó recientemente al juez que acelere las investigaciones.
Diego Spagnuolo se niega a declarar en la causa que revisa un millonario fraude en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Se le adjudica haber dicho en uno audios divulgados que Karina habría cobrado coimas por la compra de medicamentos en el organismo. El juez Ariel Lijo ha enviado al poder una señal alentadora: un peritaje de aquellos audios para certificar si no fueron realizados con inteligencia artificial. Si así fue, la causa caerá. Spagnuolo fue titular de la ANDIS, ofició infinidad de veces como abogado personal de Milei. Resultó la persona, hasta su renuncia, con mayor cantidad de ingresos a la Casa Rosada y la residencia de Olivos.
La última perla, por ahora, sería la de Andrés Vázquez, director ejecutivo de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Fue empinado allí por Caputo junior. La Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) pidió su indagatoria bajo los siguientes cargos: omisión de propiedades en Miami, lavado de activos, uso de sociedades offshore y presunta evasión tributaria. El Presidente dice que se trata de “la persona que más sabe” de estructura impositiva argentina y un “capital humano difícil de ser reemplazado”.
Quizá Milei piense lo mismo del jefe de Gabinete, que se suma a esa agenda desdorosa. Cuya expansión roza también a “Toto” Caputo. Un numeroso lote de funcionarios suyos accedió a créditos hipotecarios del Banco Nación pensados para vivienda común. Al secretario de Infraestructura de Economía, Carlos Frugoni, se le descubrieron siete propiedades sin declarar en Miami. Lo echaron a las 48 horas de la revelación. Carecía de padrinos y procedía para la visión de los Milei de una cuna tóxica: el macrismo.
La corrupción vuelve a estar con firmeza entre las principales preocupaciones de la sociedad. Según un trabajo de la consultora Managment & Fit se mantiene segunda desde febrero por debajo de la inflación y los salarios. Casi a la par del desempleo. El alza de costo de vida creció casi 5,5% como tema prioritario en los últimos tres meses. La mirada general sobre la situación del país posee un 54,9% de negativa y un 29,5% de regular. El nivel general de aprobación de la gestión es del 37,2% y el de desaprobación 54,3%. El más alto de la serie desde que arrancó Milei.
La combinación del malestar económico con los escándalos explicaría el fenómeno de un gobierno que parece en este contexto aferrado demasiado a la narrativa. Sus logros del descenso inflacionario y la estabilización, aún precarios, parecen haber sido interpretados por la sociedad como derechos consumados. La administración libertaria denota muchos problemas para prometer un escenario de futuro creíble que se convierta en expectativa vigorosa.
Tal vez consista en un error detenerse de modo exclusivo en las variables de la economía. Subyace de manera corrosiva una incapacidad que Milei pareció exhibir aún en las instancias de apogeo. Como si se tratara de un techo que nunca consigue perforar. La falta de confianza consistente, un insumo vital para cualquier arquitectura política. Esa carencia no tiene relación solo con la orientación económica. También, con un estilo presidencial que cada día va adquiriendo nuevos contornos autoritarios. Sus ataques al periodismo forman parte del paisaje cotidiano. Los insultos a la oposición también. Parece disfrutar además con la crisis que atraviesan sectores empresarios.
¿Por qué extrañarse de algunas consecuencias que incomodan? Milei ha conseguido un marco de estabilización. Muchos argentinos no se sienten seguros: desde que se flexibilizó el cepo cambiario en 2025 la compra de dólares de personas físicas superó los U$S33.000 millones. El Gobierno mantiene sus cuentas básicas en orden. Incluso ha comenzado la acumulación de reservas como viene aconsejando el Fondo Monetario Internacional (FMI). El riesgo país no desciende y el acceso a los mercados se torna muy difícil. “Toto” Caputo insiste en que el peligro kirchnerista (kuka) ya desapareció. ¿Entonces?
Ni siquiera alcanza como estímulo determinante la relación selecta que la Argentina tiene con Estados Unidos. Para ser más precisos: que Milei ha trabado con Donald Trump. La diferencia entre una cosa y la otra recién podrá advertirse después de que el líder republicano complete su mandato. Un anticipo resultará quizás su suerte en los comicios de medio término en noviembre.
La duda se plantea, sobre todo, por la manera en que el gobierno libertario acostumbra interpretar la política exterior. Navegando la superficie de la historia. La semana anterior los libertarios agitaron la posibilidad de que Washington obligue a Gran Bretaña a discutir la soberanía de las islas Malvinas. Fue por una infidencia que filtró el Pentágono como presión por la prescindencia de Londres en la guerra de EE.UU. con Irán.
El Gobierno se subió a esa espuma como si hubiera hecho algo por ella. Malvinas solo está en la retórica del Palacio San Martín. La máscara se cayó cuando Trump recibió con pompas al rey Carlos III, monarca británico, a quien definió como “nuestro amigo más cercano”. De broche Marco Rubio, el secretario de Estado, ninguneó la filtración del Pentágono.
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