La carne en una nueva película
Una de las tribulaciones recurrentes de los que opinan sobre el agro es el estancamiento de la ganadería. Miran los números, que efectivamente arrojan un saldo magro: mantenemos casi el mismo stock bovino desde hace casi un siglo. Esto angustia, porque llueve sopa y nos agarra con un tenedor en la mano.
Pero esa es la foto. La película dice otra cosa. Aquí, con la llegada de la tecnología agrícola que desató la Segunda Revolución de las Pampas, hubo un cambio drástico del uso del suelo. La ganadería cedió espacio a la nueva agricultura, la de la siembra directa, la soja y luego el maíz RR, los nuevos híbridos capaces de responder al nitrógeno. Los contratistas que arrancaron con un Zanello y una sembradora directa. Los “mosquitos” y la modernización del parque de cosecha.
Pero a pesar de ello, el stock vacuno resistió. Entró en la era de la intensificación, acompañando con tecnología el auge agrícola. La cría se expandió al NEA, con cambio genético y la irrupción de las razas sintéticas. Se perfeccionó mucho la recría. Y la terminación entró en la era del corral. El silo de maíz, el silo de grano húmedo, los mixers.
Es lo que había ocurrido en los EEUU desde principios del siglo XX, con una aceleración cuando el Midwest se convirtió en el “corn belt”. Siempre recuerdo un óleo colgado en la sede de la Hereford en Kansas City: un grupo de vacas cimarronas que cruzan una cañada y se encuentran con toros Hereford. Al salir del rio, se han convertido en un rodeo pampa. Inmenso, que da una vuelta y se mete en un corral de engorde. Estamos siguiendo ese camino.
Pasó lo que tenía que pasar. Cuando el maíz rendía 35 quintales, que era el promedio en 1990, con híbridos de cuatro líneas, que no respondían al fertilizante, y sojas de 18 quintales, en campos dominados por el Alepo y el gramón, la ganadería pastoril cumplía el rol de regenerar suelos y cortar un poco el ciclo de las malezas. La nueva agricultura dio vuelta la historia. Maíces de 100 quintales significan 1700 kilos de carne por hectárea. Cinco veces más que en un buen engorde pastoril. La relación de precios entre maíz y novillo está en un nivel imbatible.
Hoy se cuenta con una capacidad instalada de casi un millón de novillos en los poco más de 100 corrales aglutinados en la Cámara de Feedlots. En el último informe indican una ocupación del 77%. Muchos dan servicios de hotelería, donde los principales clientes son los frigoríficos, que necesitan asegurarse stocks para mantener el flujo comercial. Y todos los días se instalan nuevos.
¿Cómo sigue la película? Seguramente, como en los EEUU. La nueva fase es la integración con la nueva industria del etanol, que surgió por razones geopolíticas y ambientales.
En Estados Unidos, las plantas de etanol y los feedlots están muy conectados. El etanol se produce del maíz y uno de sus coproductos, la burlanda o DDGS, es un insumo clave en la dieta del ganado en feedlot. Es un circuito cerrado: las plantas de etanol compran maíz, generan combustible, y esa burlanda vuelve a los feedlots. Esto hace que el sistema sea económicamente muy eficiente. Se reduce el costo de alimentación entre 15 y 20%.
En Argentina, las plantas de etanol del centro de Córdoba generaron la burlanda como un recurso barato y local. Es incipiente y localizado. Los que más empujan son los de Bio4, cuyos principales accionistas son empresarios agropecuarios, que rápidamente vieron los beneficios de la integración. Pero hay proyectos de plantas en distintas regiones, donde el maíz es un modelo probado pero muy castigado por los fletes. En el NOA y el NEA. Uno muy ambicioso y bien planteado en General Villegas, que lo pide a gritos en lo que fue el corazón de la invernada pastoril.
El combo maíz-etanol-feedlot está ganando terreno, sobre todo en años de abundancia de maíz. Imaginemos lo que podría suceder si seguimos la estrategia de Brasil y Paraguay, que ya superan el 30% de corte de la nafta con etanol. Aquí estamos en un raquítico 12% mientras seguimos importando nafta.
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