Aulas, celulares y alumnos
En las últimas semanas las amenazas de realizar tiroteos en los colegios se convirtieron en un verdadero flagelo. Esta situación generó una gran preocupación en miles de familias y en la sociedad en general.
A los pocos días se conoció la noticia de que muchos de estos sucesos nacían de desafíos virales de Tik Tok, que los jóvenes consumen a través de sus celulares. Si bien no es fácil regular qué consumen, es necesario restringir su uso en los colegios.
La exposición a contenidos violentos desensibiliza a los estudiantes y normalizar conductas agresivas. Limitar el acceso de estos contenidos durante las horas de clase es fundamental para fomentar un clima de convivencia adecuado al contexto del aula.
El Estado tiene la obligación de no mirar para otro lado, es necesario legislar sobre el tema y ser firmes en la decisión de que las pantallas en los colegios sean utilizadas, exclusivamente, si son parte de un proyecto pedagógico que fundamente su utilización.
Diferentes relevamientos de UNICEF y UNESCO revelan un panorama alarmante, los estudiantes bonaerenses hacen un uso excesivo de dispositivos electrónicos, lo que impacta negativamente en su aprendizaje, bienestar y relaciones sociales.
La interacción de los alumnos cara a cara es fundamental para el desarrollo de las habilidades sociales, como la comunicación, la empatía y la resolución de conflictos. Es por eso que la utilización excesiva de dispositivos móviles, sin la regulación de docentes y autoridades, pueden aislar a los estudiantes y limitar sus oportunidades de relacionarse con sus pares.
Es necesario un acuerdo social, en donde docentes, alumnos, familias y la sociedad toda, lleguen a un acuerdo para limitar el uso de las pantallas, en donde la tecnología sirva para educar y no para aislar. Para que se utilice desde un aspecto proactivo y no como un escape de la realidad.
Hace unos años un tiroteo en un colegio se miraba con asombro por televisión porque pasaba al otro lado del mundo, hoy esta realidad toca la puerta de los hogares de las familias argentinas. Limitar y regular el uso de las pantallas no solamente beneficia el proceso de aprendizaje sino que también puede servir para no tener que lamentar hechos de violencia extrema que ya se cobraron la vida de muchos jóvenes.