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perfil.com · hace 6 horas · Carlos Burgueño

El board del FMI postergó el caso argentino y obligó a pagar con reservas propias en abril

Carlos Burgueño

Fue por poco tiempo. Casi por horas. Pero no pudo ser. El Board del Gran Hermano no pudo ocuparse en tiempo y forma del caso de su participante más importante; y, en consecuencia, lo que este necesitaba recibir quedará para más adelante. Quizá para la primera quincena de mayo.

No falta tanto, pero el Gran Hermano, de alguna manera, le provocó a su cliente favorito un problema de cierre de caja.

El caso argentino ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) iba a ser tratado por el directorio del organismo que maneja Kristalina Giorgieva, el pasado miércoles 30 de abril. Para ese día estaba programada la última reunión del máximo tribunal del gran prestamista y auditor mundial; donde se iba a tratar un problema extremo: la guerra en Medio Oriente y sus consecuencias en la economía mundial, con especial foco en los efectos inflacionarios y recesivos por el incremento del precio de los combustibles. Así rezaba la invitación formal al encuentro de los accionistas del FMI, citados para que concurran ese día a las 10 AM al quinto piso del edificio inteligente que el organismo tiene en Washington. En la página oficial del Fondo estaba clara la formalidad de la cita y el temario de tratamiento de cuestiones. De hecho, esa reunión fue organizada con cierto retraso, ya que Giorgieva buscaba que el encuentro hubiera ocurrido en realidad hace 20 días, durante la Asamblea Anual de Primavera del FMI de la segunda semana de abril. Sin embargo, la negativa de los representantes de Estados Unidos, el principal prestamista y conductor de temas del Board, frenó el evento. Giorgieva logró que para el cierre de abril se reorganizara la reunión; lo que finalmente se concretó el miércoles.

Desde Buenos Aires se analizó la apertura del directorio para tratar temas trascendentes a nivel global, como una oportunidad para que el Gran Hermano tuviera un apéndice en la cumbre del Board para algo considerado imprescindible para la situación de la Argentina. Esta semana, concretamente el jueves, el Ministerio de Economía debía habilitar el pago de unos US$ 830 millones, correspondientes al cumplimiento de los compromisos fijados dentro del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril del año pasado. Y la intención del quinto piso del Palacio de Hacienda era la de enfrentar este compromiso con el pago de los US$ 1.003 millones que el FMI tenía comprometidos con el país por haber cumplido con las metas y objetivos del ejercicio 2025. El aval al ejercicio del año pasado fue otorgado waiver mediante (Argentina no cumplió, ni cerca, con la obligación de recuperar unos US$ 8.000 millones en reservas), durante los encuentros que en la segunda semana de abril mantuvo en Washington el ministro Luis “Toto” Caputo con los embajadores del Gran Hermano. El encargado del caso argentino Luis Cubeddu, el gerente para el Hemisferio Occidental Nigel Chalk y la propia Giorgieva, cerraron (algo tardíamente) con el equipo económico el 2025, y le dejaron preparado al Board el paper para la aprobación final de esta segunda revisión general. La que, una vez aprobada por el directorio, liberaría el dinero correspondiente para la Argentina. Como se dijo, esos algo más de 1.000 millones de dólares servirían para cubrir el pago correspondiente al último día hábil de abril. Y, además, quedarían unos dólares para la gran meta del mes pasado para el quinto piso: llegar a un nivel de reservas por arriba de los 46.000 millones, acompañando el ritmo de compras de dólares del Banco Central. Era una de las noticias más esperadas por el equipo de Caputo, en momentos en los que los datos que llegan, especialmente de la economía real, son chúcaros para mostrar que todo marcha de acuerdo al plan. Cree firmemente el quinto piso que cuando la información de marzo y abril empiece a tallar, el optimismo volverá. Pero, por ahora, reconocen que lo mejor no estaría llegando. Por esto, la idea de reservas a tope era una noticia importante para comenzar a mostrar al público (léase mercados) que hay motivos para la esperanza. Sin embargo, en este caso, el Gran Hermano no ayudó. Los 1.003 millones no llegaron y Argentina tuvo que pagar de su bolsillo. Esto es, con reservas. Y con una operación avalada por el dueño del canal que contrata a la producción de Gran Hermano: nuevamente intervino la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos Scott Bessent, que le consiguió un descuento de amigo aportando los DEG necesarios para el pago.

Así y todo, las reservas sufrieron el fin de mes. Según la información oficial distribuida en tiempo y forma el jueves 30 por las redes del Banco Central, la entidad informó que atesoró para cerrar abril unos US$ 44.483 millones, cuando un día antes (el miércoles 29) el número alcanzaba los US$ 45.211 millones y trepaban a los 45.878 millones de dólares el martes 28. Muy cerca de la hazaña de los US$ 46.000, a la que se hubiera llegado si Gran Hermano, esta vez, hubiera hecho un esfuerzo cronológico por el país y acelerado la liberación de los mil millones.

No pudo ser. La reunión del miércoles del Board del FMI se concentró en la guerra. No hubo acuerdos importantes sobre el tema y todos se lamentaron sobre la inflación mundial que se viene. Pero, lo peor para el país es que no hubo espacio temporal para discutir el caso argentino. Ahora habrá que esperar a los primeros 15 días de mayo para que el dinero pueda ser girado a Buenos Aires, previa aprobación del directorio. Mientras tanto, el Gran Hermano seguirá fiscalizando implacable como si hubiera mandado los dólares. Y marcando datos que no gustan en Washington. Por ejemplo, la marcha del tipo de cambio. Se sabe, por lo bajo, que el FMI tiene su número para este año. Según los cálculos extraoficiales, el dólar versión Fondo Monetario debería cerrar el 2026 con un incremento real (sobre inflación) de aproximadamente 20%. Era el faro para el año pasado, donde tampoco se logró la medición. Para este 2026 la carrera comenzó con un valor al oficial Banco Nación (el que le gusta al Fondo) de 1.495 pesos. Al jueves 30 la cotización llegó a los 1.405 pesos, lo que implica una caída aproximada de 6% en lo que va del ejercicio. Si ese porcentaje se cruza con una inflación conservadora acumulada a abril, crece a 15% en términos reales. Casi a 35% por debajo de lo que “recomienda” el FMI. En consecuencia, habría concreto, contante y sonante (y termosellado), atraso cambiario. Algo que no solo molesta al FMI. Si se quiere ensayar algún tipo de recuperación pyme, habrá que trabajar sobre las desventajas competitivas extras que trae esta foto de un dólar que no clasifica a los playoff.

El otro dato que preocupa al FMI es la recaudación. Argentina se comprometió ante el Fondo a continuar durante el 2026 sosteniendo una de las metas básicas del acuerdo de Facilidades Extendidas, comenzando con un superávit fiscal primario de 1,4% del PBI. Serían unos 6.200 millones de dólares de ahorro primario durante todo el ejercicio; cuando, según informó ayer el Ministerio de Economía, durante los primeros tres meses del año se acumuló un superávit primario de aproximadamente 0,5% del PIB y un superávit financiero de aproximadamente 0,2% del PIB. La velocidad de ahorro parece conveniente. Sin embargo, la evolución negativa de la recaudación impositiva contra la inflación pone en duda la meta. El quinto piso del Palacio de Hacienda debe trabajar en la aplicación durante el 2026 del esquema del 2024, basado en el símbolo “Licuadora y Motosierra”. Esto es, bajar en gasto con una doble combinación. Aplicar, primero, una reducción directa del gasto público cercana al 2% en cada área de gestión administrativa; instrucción que el propio Luis “Toto” Caputo difundió entre sus colegas ministros con el aval personal de Javier Milei. Es la llamada “motosierra”. Sin embargo, también se está aplicando una licuación de parte del gasto al congelar el nivel de erogaciones (fundamentalmente salarios) en un esquema inflacionario que, necesariamente, implica una contracción del gasto ante una mejora de la recaudación (aunque sea nominal) por el incremento de los precios. Es la denominada “licuadora”. Solo así se podrá llegar a ese nivel de superávit. Salvo que la actividad de la economía real reaccione, el consumo crezca, la construcción levante y la industria manufacturera vuelva a prender las máquinas.

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