El 2° shock chino destruye actividades y margina industrias
¿Qué fue el primer shock chino? El que arrasó con la industrialización manufacturera del Medio Oeste estadounidense y golpeó profundamente a sus trabajadores industriales estadounidenses, que reaccionaron eligiendo como abanderado a un completo “outsider” como era entonces Donald Trump.
El cálculo del “Informe Especial” del “Financial Times” sobre estos acontecimientos señala que en los primeros 7 años del 2000, el superávit de cuenta corriente de China se multiplicó por 8 puntos porcentuales, mientras que el volumen de los bienes físicos exportados se cuadruplicó en el mismo periodo.
Esto ocurrió tras el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, auspiciado por el presidente norteamericano Bill Clinton; y en ese momento las exportaciones de la República Popular aumentaron más de 30% por año; y el país más afectado por este feroz impulso “des-industrializador” fue EE.UU., la única superpotencia unipolar después de la caída de la Unión Soviética en 1991.
Así fue como en la cúspide de su poderío, la superpotencia unipolar norteamericana sembró las simientes de su propia y ruinosa “des-industrialización”, que después se extendería al mundo entero.
En cambio, ahora el superávit de cuenta corriente de la República Popular se ha elevado sólo 3 / 5 veces entre 2018 y 2025 y sus ventas externas de bienes físicos crecieron un modesto 50%; claro que en ese periodo el tamaño de la economía china se ha multiplicado por cuatro, esto es, se ha duplicado cada 8 años, y hoy es la segunda economía del mundo (US$ 18,6 billones / 19% del PBI global), sólo por detrás de EE.UU.
Ahora, el segundo shock chino que se despliega en este momento arrasa con las actividades y bienes de alta tecnología, como los automóviles eléctricos e híbridos y los semiconductores o “chips” de las categorías más avanzadas.
La República Popular compite ahora no sólo por la calidad de sus productos, sino también por la reducción cada vez más acentuada de sus precios, que están en el mismo nivel de hace 6 años, por efecto de una depresión doméstica de carácter deflacionaria.
El resultado es que hoy China le vende cada vez más al mundo productos manufacturados de alta tecnología y le compra cada vez menos, esencialmente materias primas y “chips” de Nvidia.
Por eso China domina hoy más de 70% del comercio mundial de manufacturas y dispone de un superávit comercial de US$ 1,6 billones que sería, a este ritmo de expansión, más de US$ 2 billones en 2031.
China, por ejemplo, importaba más de 1 millón de vehículos por año en 2020 y exportaba otro millón. Pero 6 años después la situación ha cambiado drásticamente, y hoy le vende al mundo 8 a 9 millones de automotores por año y le compra menos de 500.000 unidades. La gran perdedora por cierto es la industria automotriz europea, sometida a un verdadero proceso de destrucción existencial.
Esta es la situación que tratan de resolver Donald Trump y Xi Jinping, en la reunión que tendrá lugar el 14 y 15 de mayo en Beijing.
El objetivo central de China es reducir a la mitad su gigantesco y absolutamente insustentable superávit comercial en un plazo no mayor a 10 años.
Para eso se dispone a abrir su economía a las exportaciones norteamericanas, sobre todo a las de alta tecnología de la Inteligencia artificial liderada por los productos de Nvidia y aspira a que se tripliquen en ese periodo, con el compromiso estadounidense de eliminar todo tipo de restricciones a la exportación de productos “high tech” volcados al mercado chino, aduciendo gastados y anacrónicos argumentos de “seguridad nacional”.
El objetivo de esta doble maniobra que muestra una cooperación profunda entre las dos superpotencias es desatar el “nudo gordiano” del destino de China en el mundo y reducir a la mitad la inmensa masa de capitales destinados a la expansión de su inmensa máquina manufacturera exportadora con la que amenaza controlar el mercado mundial.
Ahora, la mitad de las gigantescas inversiones se destinarían a expandir el anémico consumo doméstico actual de 38% del producto hasta llevarlo a un 60% en 2036 (el consumo doméstico de EE.UU., que es el primero del mundo, ascendió el año pasado a 78% del PBI).
El problema que presenta esta gigantesca máquina exportadora es que se ha fundido con una densa trama de intereses creados, que son los responsables directos del insustentable y al mismo tiempo inevitable superávit comercial de US$ 1,6 billones por año y que en 5 años más treparía a una cifra que puede estimarse en US$ 2 billones anuales, o más.
Si este pacto de cooperación entre Trump y Xi Jinping funciona no sólo se revertirían las grandes corrientes del comercio internacional sino que la integración entre las dos superpotencias alcanzaría, en términos tecnológicos y científicos, un nivel hasta ahora nunca logrado; y así emergería un Nuevo Orden Global capaz de establecer pautas de orientación a la revolución tecnológica de la Inteligencia artificial: “Prometeo desencadenado” se pondría así al servicio de la ambición humana, que son ante todo la libertad y el sentido trascendente de las cosas.
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