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perfil.com · hace 8 horas · Nancy Giampaolo

La maldición de Buttes-Chaumont

Nancy Giampaolo

Alice Guy-Blaché, Eric Rohmer, Jacques Tardi y nuestro Gaspar Noe ambientaron algunas de sus ficciones en el parque parisino de Buttes-Chaumont, ubicado en una colina algo alejada del radar más turístico. Con la isla de Belvedere, el lago artificial, el pomposamente caracterizado como “un ensueño rousseauniano” Templo de Sibila, los canteros cuidados hasta la obsesión y los picnics eternos, puede llevar a pensar “tanta alegría seguida me va a hacer mal”. Pero la historia da motivos para romper el hechizo introduciéndonos en el terreno de las maldiciones. Hagamos un repaso rápido. En la Edad Media, cerca de allí, a metros del actual edificio diseñado por Oscar Niemeyer en el que funciona una sede del PC, estaba la horca de Montfaucon, capaz de liquidar hasta cincuenta personas en simultáneo. La exhibición pública de restos imaginada por Victor Hugo en Nuestra Señora de París, “un horrible perfil en el cielo (…) sobre todo de noche, cuando había un poco de luna sobre esos cráneos blancos” da una pauta de la onda que tenía la zona. Para el siglo XVII, Buttes-Chaumont se consolida como basural y sus alrededores como centro de la vida criminal, y luego se convierte en el principal espacio de la ciudad en el que desollar animales. En definitiva, siglos de muerte y olores nauseabundos hasta que el municipio de Belleville se anexiona a París en 1860 y es menester gentrificarse.

Gracias a Napoleón Tercero y al Barón Haussmann, el ingeniero Adolphe Alphand le da, en 1867, la bonita forma que tiene hasta hoy, pero el régimen de explotación al que se sometió a los obreros debe haber arruinado, cuando no costado, varias vidas. Hay una que, por pertenecer al terreno de la leyenda, suministra la poesía que faltaba para creer del todo en el trasfondo maldito de una superficie que se muestra excesivamente amable. Antoine, uno de los trabajadores, se enamora de la hija de su jefe, Eléonore. Tienen un romance hasta que ella es obligada a casarse con alguien de su clase y él se tira al lago artificial desde el mirador que había ayudado a construir. Durante la Comuna, la sed de sangre de esas aguas se torna insaciable, crudamente real: caen 300 cuerpos más, ya no por amor, ni propia voluntad.

“El parque de Buttes-Chaumont, uno de los más románticos de París, se convirtió desde el lunes en escenario de un brutal crimen, con el hallazgo de los restos de una mujer de 46 años. Encargados de la limpieza encontraron la pelvis en una bolsa”, describían en 2023 los medios amarillos del mundo al último siniestro conocido (hasta ahora). Pero nada alcanza para horadar el amor de los paseantes. Pulmón verde, vista privilegiada, bar LGBT, apto para correr, baños públicos, césped y perritos permitidos: Buttes-Chaumont sabe que tiene todas las de ganar. Ni siquiera pretende ocultar su maldición, más bien la capitaliza. En 1896, 29 personas se arrojaron al vacío desde el Puente de los Suspiros, que pasó a llamarse Puente de los Suicidas, y ahí está, rodeado de árboles centenarios, a la espera...

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