Escandaletes en la Feria
El bochorno no fue exclusividad de la apertura de esta Feria Internacional del Libro, en su 50 aniversario. Los escandaletes fueron vox populi en ediciones anteriores.
Como ya sabemos, la Feria del Libro es un acontecimiento nacional e internacional de enorme envergadura, con más de 1 millón de visitantes , más de 1500 expositores, decenas de países invitados y una oferta cultural (y comercial) muy cuantiosa. Nació en Marzo de 1975, en el Centro de Exposiciones de Buenos Aires. Su creación surgió después de que la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) convocara para ese fin a Cámaras de Editores de Libros e industrias gráficas, convertidas todas a partir de 1985, en la así llamada Fundación El Libro.
Esa primera Feria de 1975 tenía ya unos 100 stands, participaron 7 países y conocidas figuras literarias .La presidente era Isabel Perón. Fue inaugurada por los ministros de Educación y Cultura (Ivanissevich) y de Justicia (Antonio Benítez), por el Rector de la UCA, Monseñor Derisi, y el discurso fue a cargo de María de Villarino. El evento nació bajo un slogan de muy interesante significado: “Desde el autor al lector”, que se fue perdiendo con el tiempo y que, representaba un gran estímulo: el encuentro entre los escritores y la gente. El Director era el Profesor Roberto Castiglioni y su asistente, Marta Díaz.
Al año siguiente, ya bajo la dictadura de la Junta Militar y durante siete años, la Feria del Libro transcurrió con escritores en exilio, desaparecidos (Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Paco Urondo y tantos más).Varios autores tuvimos libros censurados que no se podían mostrar ni vender.
En 1983 ya hubo, en el predio, presencia de las Madres de Plaza de Mayo que fueron conminadas a irse, pero que se quedaron.
En 1997, con Menem en el gobierno y De la Rúa en la Ciudad, con Marta Díaz como Directora, ya hay protestas de los estudiantes de izquierda, carteles con “Chau Menem”, tanto que el entonces presidente, yendo en helicóptero hacia el Predio, hizo dar la vuelta al piloto y no asistió al acto.
En el año 2011, los intelectuales del grupo “Carta abierta”, exigieron a los organizadores que se le retirara la invitación a Mario Vargas Llosa de abrir el acto, expresando que esa presencia producía un “profundo desagrado y malestar” y que su visita era “agraviante para la cultura popular”. Esa iniciativa fue impulsada por Horacio González y por escritores muy conocidos de aquí. Por ser liberal tras sus inicios marxistas, Vargas Llosa (ya Premio Nobel de Literatura) no pudo pronunciar su discurso inaugural; sólo dio una conferencia, pero el salón rebalsó de admiradores.
Durante el gobierno de Macri (2018) hubo otro escrache. Los patoteros no dejaron hablar a los funcionarios y unas 100 personas con máscaras protestaron contra el Presidente. El tema era la enseñanza pública. La escritora disertante se sumó a los reclamos. Los escritores se presentaban como “trabajadores de la palabra”.
Al año siguiente, en cuanto el Ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, comenzara su discurso, gente parada en las primeras filas, al unísono, le dio la espalda. En la sala Jorge Luis Borges se presentó con gran afluencia de público el libro Sinceramente de Cristina Fernández de Kirchner.
Me dijeron que en el 2024, tanto el presidente de la Fundación El Libro como la escritora oradora “destruyeron con críticas a Milei” y repudiaron (con toda razón) su desdén por la Cultura. Pero hablaron más de política que de libros, en discursos de barricada. Muchos aplaudieron a rabiar, abuchearon a Jorge Macri - Jefe de Gobierno de la Ciudad- y pulularon los carteles ,pidiendo “Que se vaya”.
Y ¿qué decir de la apertura de esta última Feria del Libro, con Leonardo Cifelli como secretario de Cultura de la Nación y Jorge Macri, continuando en la Ciudad?
Me contaron que, en esta oportunidad, el músico invitado llegó una hora más tarde y que, por lo tanto, todo empezó una hora más tarde.
Luego, el discurso del Ministro de Cultura, bastante inoportuno con sus loas al Presidente, fue recibido con abucheos, silbidos e insultos. Todo, mal. De un lado y del otro. Pero como ya vimos, ésta no fue la primera vez. Si no hay populismo y demagogia en el manejo de las cosas, hay violencia.
Estamos hablando de una celebración del Libro, donde se supone que lo que se ofrece- y para todos- Cultura, Educación: la presencia de las Letras nacionales e internacionales en todas sus facetas. Conferencias y diálogos con todos los autores convocados, de derecha, de izquierda, feministas y no, de todos los credos y razas y todas las tendencias intelectuales habidas y por haber. Esto, más allá de la crisis real que está padeciendo la Cultura en la Argentina y de la cual las autoridades que nos gobiernan son responsables.
Si el respeto, la tolerancia, la civilidad fallan y son reemplazados por el desprecio, el odio, la discriminación y la actuación de barricada, estamos en el horno.
Afortunadamente, la apertura incluía también un diálogo de tres notables escritoras que –según me contaron- valió la pena. Y eso fue toda una novedad. Todo lo demás, en este preludio del 50ª aniversario me parece lamentable, patético.
Pensar que por esos pasillos y esas salas circularon Borges, Bioy, Susan Sontag, Julián Marías, Galeano, Quino, Paul Auster, Olga Orozco, Donoso, Fuentes, Ray Bradbury, Doris Lessing, Rulfo.
A esta altura de mi vida y como no pertenezco a ningún clan ideológico, sino sólo a la voz de mi conciencia, puedo decir todo lo que pienso con entera libertad.
Respeto todas las opiniones, siempre que sean respetuosas . Me identifico totalmente con ese gigante que fue Voltaire y, como él, digo: ”No comparto tus ideas, pero daría mi vida para que tengas el derecho de expresarlas”. Eso sí: sin violencia, con calma y mesura.
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