Alucinante
Las personas famosas, populares o que llegan a cargos electivos tienen la habilidad innata o le dedican mucho tiempo al manejo de su imagen. Cómo, cuándo, dónde y con qué frecuencia hacerse ver es crucial. Para llegar. Y para mantenerse. Un paso en falso puede arruinar esfuerzos y ambiciones. Una aparición oportuna, en cambio, puede ser tan eficaz como una quirúrgica ausencia para potenciar o recuperar protagonismo. En la política sobran ejemplos de éxitos, caídas y resurrecciones, medibles en cantidad de imágenes y palabras publicadas. Las crisis. también. La abrupta salida de escena como la sobreexposición son parámetros infalibles.
Manuel Adorni y sus escándalos dan el ejemplo. Desde que se conoció su pasión por los viajes privilegiados y su talento para aumentar el capital inmobiliario familiar sin dinero (propio) los cambios de su presencia pública han dado material para una tesis. De la aparición constante y provocadora al silencio y la ausencia. Hasta que sus jefes no solo no le soltaran la mano sino que le hicieron pie para mantenerse en el cargo. Ahí volvió recargado. En escenas diversas. Como ayer, en una quema de alucinógenos con la ministra de Seguridad. Antes de su show de hoy en Diputados. Psicodélico.
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