Tres desafíos para Milei: que el dólar se acomode más arriba, la inflación más abajo y viajar a China
Milei contó que tomó la decisión de elegir a Luis Caputo como ministro de Economía después de las PASO 2023 porque el plan de Emilio Ocampo de dolarizar la economía “no terminaba de levantar vuelo. Caputo había publicado un trabajo acerca de la dolarización y yo buscaba una alternativa”.
Pasaron casi dos años y medio y se logró bajar la inflación de arriba de 200% anual a la zona de 30%. Pero ahora la tasa no baja hace diez meses y recién lo hará por primera vez en abril y luego de que los salarios perdieran terreno desde las elecciones legislativas y el Conurbano se resintiera por la apreciación del peso. Según la consultora Empiria, del economista Hernán Lacunza, la caída del ingreso disponible de las personas en febrero fue récord. “Bajan salarios y suben los costos fijos”.
La pregunta que muchos se hacen es ¿sirve aquel plan financiero de Caputo para lo que viene que es bajar la inflación de 30% a un dígito? Máxime cuando el propio Milei admitió a Antonio Aracre y Ramiro Castiñeira en la TV Pública que tampoco funcionó la dolarización endógena de Caputo porque los argentinos decidieron no utilizar sus dólares para comprar bienes o transaccionar en la economía pese a las facilidades impositivas que se les brindó.
De manera legítima, y honesta intelectualmente, alguien podría preguntarse qué medidas específicas piensa ahora adoptar el equipo económico para quebrar la meseta del 2,5% de inflación mensual que se alcanzaría desde abril y clarificar algunos mensajes que lucen contradictorios sobre el plan antiinflacionario, dados los límites de la dolarización según el propio Milei.
Por un lado, el Presidente dejó de referirse a aquel pronóstico de que la inflación en agosto empezaría con cero y que la des-inflación es un proceso lineal a la baja (en verdad esto último lo dice ya hace más tiempo), abrazando las lecciones de países vecinos que les llevó hasta una década.
En esa conducta podría decirse que se inscribe no solo la incorporación de Ernesto Talvi al equipo económico (Talvi es un economista uruguayo que trabaja en en un think tank en Madrid y se jacta, con razón y evidencia, que para bajar la inflación hay que tener “paciencia estratégica”) sino también el elogio del viceministro de Economía, José Luis Daza, a la figura de Edmar Bacha, un economista brasileño y autor del Plan Real de Fernando Cardoso, que le dijo a Clarín el fin de semana lo mismo que Talvi: bajar la inflación lleva tiempo. “Excelencia técnica y sabiduría”, posteó en X Daza.
Milei razona distinto quizás. El Presidente se refirió en X a la misma entrevista admitiendo sus diferencias de visión con el brasileño.
Los Talvi, los Bacha y en Argentina los Roberto Frenkel o Martín Rapetti coinciden en algo: así como los planes heterodoxos para bajar la inflación fallaron por no hacer al ajuste fiscal (Austral, Cruzado), los ortodoxos que hicieron hincapié en lo fiscal y monetario e ignoraron el componente inercial, fracasaron.
En el Banco Central, muy en la intimidad, admiten que la inercia existe. Que las empresas, sobre todo las grandes, trasladan aumentos en sus listas.
Esto puede explicarse por reflejos defensivos a experiencias del pasado. La aceleración de la inflación de 2022-2023 provocó ganancias financieras extraordinarias porque los empresarios podían especular con el precio de sus productos en góndola en vez de venderlos. Se ensanchaba la brecha cambiaria y así se hacían de un margen mayor sin mover un pelo. Lo admitió el empresario Javier Madanes Quintanilla y lo midió el FMI.
Ahora, con una inflación más baja y sin brecha, la ganancia financiera se achicó porque el producto puede pasar tiempo en góndola y no hay margen para subir los precios. “No hay ventas y te comen los intereses”, dice un supermercadista. “Tenés que mantener el stock al mínimo y tratar de financiarte con los proveedores que es más barato que los bancos”. Las tasas de interés activas todavía no han bajado y el negocio de las entidades bancarias no se ajustó a un contexto de inflación baja. Tienen dólares pero no los pueden prestar. ¿Y si tuvieran más pesos, quién saca hoy un crédito? ¿Para qué si como dice Lacunza bajan salarios y suben los costos?
Todo lo que subyace acá no es un tema solamente de nivel de tipo de cambio y acumulación de reservas sino de coordinación microeconómica en un proceso de desinflación, que ni la escuela austríaca ni el monetarismo ponen foco porque para ellos la corrección ocurrirá sola.
El ajuste monetario viene siendo fenomenal por más que el propio Milei haya dicho que empieza a haber condiciones para que la demanda de dinero se recupere y vayan quedando más pesos en la calle. Por primera vez en mucho tiempo, en abril, la base monetaria creció por debajo de la inflación. Y en su presentación en EE.UU. Vladimir Werning mostró números de que la base monetaria como porcentaje del producto no mostrará cambios este año. En el equipo económico explican que la esterilización (retirar pesos de la economía) continuará mientras no vean una recuperación del crédito y una baja de la tasa de interés.
En abril habrá que ver si es la primera vez en lo que va del año que el precio del dólar sube respecto del mes anterior. Mientras tanto, el Banco Central refuerza la compra de divisas como mostró Milei el lunes en su presentación, donde también anticipó que la actividad en marzo recuperará aproximadamente la mitad de lo que cayó en el primer bimestre según el índice Emae del Indec.
En mayo puede darse un evento clave para el mundo y Milei: la reunión Donald Trump-Xi Jinping. En el Gobierno se ilusionan con que eso les abra puertas: Milei no ve la hora de ir a China y verse con Xi. “Piensan que estamos peleados con China y nada que ver”. Un swap no se le niega a nadie. Si no está Donald, estará Xi que no enfrenta elecciones en noviembre, especulan. Todo puede pasar ahora que el venezolano Diosdado Cabello da lecciones de que la inflación es un fenómeno monetario y que si se dispara destruye un país. Chavismo austríaco.
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