Transparencia y equidad en la competencia electoral y el financiamiento
El Poder Ejecutivo Nacional parece decidido a imprimir su impronta libertaria en el sistema electoral argentino, bajo la argumentación de que los aportes económicos realizados a los partidos políticos han generado una dinámica de “despilfarro” del erario público sin lograr equidad en la competencia.
Sin embargo, en materia de procesos electorales, insistimos en que aplicar criterios puramente económicos en materia electoral es equivocado. Lo que se requieren son argumentos sólidos y sustentados en la experiencia a la hora de modificar aspectos de la institución más importante de la democracia: las elecciones.
Al analizar en profundidad la propuesta de reforma del sistema de financiamiento político, encontramos propuestas que parecen responder más a una conveniencia política circunstancial que al objetivo deseable en esta materia, que es tener un sistema que genere equidad en la competencia y que sea transparente.
Las normas de financiamiento político son herramientas institucionales diseñadas para garantizar la equidad de condiciones de competencia, prevenir la corrupción, y evitar que el Estado sea capturado por intereses económicos particulares. Como bien sostenemos desde Poder Ciudadano, la transparencia en el origen de los fondos es la única garantía de que los gobernantes respondan a sus electores y no a quien los financia.
El proyecto propone un retiro drástico del Estado en materia de apoyo económico a los partidos políticos. Al eliminar los fondos extraordinarios de campaña y los espacios gratuitos en medios audiovisuales, la reforma desplaza el peso del sostenimiento de la competencia casi exclusivamente hacia el sector privado. El Estado no “gasta” cuando financia una campaña, invierte en generar condiciones de igualdad para que todas las plataformas políticas, y no solo aquellas que cuentan con el favor de grandes capitales, tengan la posibilidad real de llegar a la ciudadanía. La historia y la experiencia regional nos muestran que, cuando el Estado se retira, ese vacío es ocupado por actores con intereses sectoriales que terminan dictando la agenda pública.
El Poder Ejecutivo propone la eliminación de los topes de gastos de campaña. Sin límites establecidos, la competencia electoral corre el riesgo de transformarse en una carrera desenfrenada por la recaudación.
Esto genera una dependencia directa del sector privado, aumentando los riesgos de conflictos de intereses y creando compromisos con los aportantes que desvirtúan el principal deber de los partidos: la representación del interés general.
Al mismo tiempo, el proyecto eleva drásticamente el límite de aportes por donante, pasando del 2% al 35% del monto que establece la normativa. Esto multiplica la capacidad de influencia de un solo individuo o empresa en la vida de los partidos políticos y las gestiones de gobierno.
Pero la propuesta no solo transita los carriles de campañas más desparejas y la concentración del financiamiento en el sector privado. La figura más controvertida que se incorpora es la de los “gastos independientes”. El proyecto habilita a que personas o empresas destinen recursos propios para apoyar a partidos político de forma independiente, sin que ese dinero sea gestionado o rendido por las estructuras partidarias, aduciendo que no hay coordinación entre el donante y el partido.
Esta lógica, que emula los cuestionados independent expenditures de los Estados Unidos, abre una zona de tinieblas sobre 25 años de positivos, aunque nunca suficientes, avances en materia de control del financiamiento político. Se introduce una vía libre para que el dinero fluya por fuera de la fiscalización judicial, borrando por completo la trazabilidad de los fondos.
Este proyecto se aparta de las buenas prácticas que buscan fortalecer el financiamiento público y robustecer la rendición de cuentas. Por el contrario, debilita mandatos centrales de nuestra Constitución Nacional: la obligación del Estado de contribuir al sostenimiento de los partidos y el deber de estos de dar publicidad del origen y destino de sus fondos.
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