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clarin.com · hace 11 horas · Clarin.com - Home

La fuga silenciosa

La fuga silenciosa

“Pero así están matando a la gallina de los huevos de oro. Ya no van a quedar este tipo de docentes e investigadores en el futuro”, se le comenta a un directivo de una de las universidades privadas más caras del país.

“Ya sé, pero ¿qué querés que haga?, no es nuestra culpa. Nosotros buscamos darles a nuestros estudiantes lo mejor. Y los mejores docentes están en las universidades públicas”, contesta con una mezcla de resignación y pudor.

La universidad privada en cuestión paga hoy salarios más de tres veces superiores a los de las públicas. Y cada vez son más los profesionales que, con tristeza, están dando el salto. La sangría es lenta, pero persistente.

No es difícil imaginar qué va a pasar en los próximos años si sigue esta asfixia presupuestaria para el sistema universitario nacional.

Es sabido que las universidades privadas no pueden invertir lo mismo en investigación científica, y la investigación es crucial para la formación de capital humano y el desarrollo productivo.

Investigador del Laboratorio de Epigenética y ARNs no codificantes. Foto: Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias, IFIBYNE (CONICET/UBA)

¿Dónde irán a buscar las universidades más caras a sus nuevos profesores? ¿Qué implicancias tendrá para el crecimiento del país?

Los estudiantes de Ciencias de la Computación de Exactas de la UBA están ahora a punto de perder el cuatrimestre, porque la mayoría de sus docentes están de paro por tiempo indeterminado. Por estos días tendrían que tomar el primer parcial, pero el ciclo lectivo ni siquiera arrancó.

La semana pasada, esos mismos docentes organizaron una “clase abierta” sobre la calle Carlos Della Paolera, frente a las oficinas de Globant, IBM y en la zona donde el gobierno porteño proyecta el llamado Distrito de Inteligencia Artificial.

Docentes y estudiantes de Ciencias de la Computación de Exactas UBA hicieron una “clase abierta” frente al edificio de Globant e IBM.

“Sin universidad pública no hay industria del software”, fue el slogan. En la clase, los docentes calcularon que la universidad pública le genera US$ 14.000 millones anuales a la industria del software.

Para llegar a ese dato, tomaron la facturación de la industria (US$ 22.221 millones), en un sector cuyas empresas, según registros oficiales, tienen el 63,35% de sus planteles integrados por profesionales formados en las universidades públicas. Solo hay que hacer la cuenta.

En octubre del año pasado, Sam Altman, líder de OpenAI (ChatGPT) anunció que planean invertir la friolera de US$ 25.000 millones en un enorme centro de datos para la IA en la Patagonia.

En el comunicado la compañía decía que la Argentina es el lugar ideal para esta mega construcción, entre otras cosas, por su “ecosistema de desarrolladores en pleno crecimiento”.

¿Qué quedará de ese ecosistema cuando la inversión se concrete, si alguna vez se lleva a cabo?

Claro que hay mucho por debatir acerca de cómo mejorar las universidades nacionales: el ingreso irrestricto, un eventual aporte de los graduados, cómo buscar más financiamiento del sector privado, qué hacer para priorizar las carreras estratégicas y evitar la excesiva politización.

El debate es válido, pero el ajuste indiscriminado no corrige los defectos: solo acelera el día en que nos quedemos sin la gallina y sin los huevos.

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